SOBRE EL POEMARIO ESTACION DE NOSOTROS DE ALBERTO BOCO. Luis Benítez

ESTACION DE NOSOTROSAlberto Boco: el código del procedimiento

Con meridiana exactitud, el poeta, narrador y ensayista Cesare Pavese trazó el distingo más importante, según su criterio, entre lo que escriben los autores estadounidenses y aquello que plasman los europeos, (1) apuntando que mientras los primeros creen estar escribiendo sobre la realidad, los segundos lo que hacen es crear mundos paralelos a lo real –ucronía (2) y utopía en simultáneo–; la referencia pavesiana era puntual en cuanto a qué escritores caían bajo el citado concepto (hoy discutible), pero lo importante era que estaba abarcando culturas y producciones culturales no tomadas desde el recorte nacional, en estanco, sino concibiendo la letra literaria como un conjunto, al modo en que Johann Wolfgang von Goethe exponía el fenómeno en sus ensayos –Weltliteratur–: la libre circulación de las producciones que se relacionan entre sí, se influyen y se complementan, mixturándose. En suma, ambos, Goethe y Pavese, hablaban de lo que hoy denominamos World Literature, concepto que terminó de fraguar recién en los ’80 para luego desarrollarse ostensiblemente (3), pero que el genial anticipo del gran escritor italiano –comparando en plano de igualdad diferentes producciones– brindó antes de que fuera imaginable siquiera algo semejante a la hoy imperante globalización.

Una de las consecuencias –una de las más obvias– de esta concepción ya arraigada en los estudios culturales de Occidente, es que invariablemente una producción literaria no puede ser entendida sólo desde el marco geográfico, social, económico, político y cultural donde se ha originado, sino que desde su publicación misma es ingresada en el sistema general donde dichos marcos se interseccionan, lo que remite a una conclusión anterior al origen de esa misma obra: la obra es no sólo originada por sus inmediatos marcos de procedencia, sino que es producto ella misma de todas las intersecciones que con anterioridad se han producido, de igual modo que producto de éstas fueron sus propios marcos.

Es desde esta perspectiva (quizá hoy la única posible) que debemos contemplar esta nueva entrega poética del argentino Alberto Boco, donde se aprecian cabalmente esas señaladas yuxtaposiciones: su poemario Estación de Nosotros, no en balde señala a la primera mirada lectora que podía haber sido escrito en cualquier otra región occidental de la World Literature. Ello es así porque señaladamente ofrecen sus textos un atravesarse de íconos culturales pregnantes (4-5) –en síntesis, referencias culturales– que no están connotados en modo directo, sino que son aludidos y eludidos en un continuo juego de ir y venir del significado, que así se desdobla y enriquece su polisemia. ¿A qué topós (6) corresponde Estación de Nosotros? Pues a un lugar del sentido que es impersonal y por lo tanto campo de lo trascendental, al tiempo que la obra de Boco cumple con el segundo requisito al que Gilles Deleuze obliga al lugar del sentido: que el fundamento no debe asemejarse a lo fundado o que el fundamento debe tener una diferencia de índole respecto de lo fundado, para que podamos establecer una genuina génesis. Es que en su obra Alberto Boco –y singularmente en Estación de Nosotros– lo que hace es inscribirse directamente en la Weltliteratur goethiana a la que aludimos antes, estableciendo un lugar del sentido que le permite desarrollar una síntesis entre las diferencias apreciadas por Pavese entre autores americanos y europeos, donde la referencia a lo real o la creación del universo paralelo se transforman –de objetivos que eran en esa modernidad reseñada por Pavese– en recursos de estilo empleados por Boco para un fin superior a esa dicotomía: la genuina génesis donde, precisamente, lo fundado se diferencia in natura de aquello que funda. La marca de talento de Boco no es sin embargo qué hace, sino cómo lo hace y el hecho que lo inscribe en la posmodernidad, lo quiera el autor o no (7), es la aguda conciencia que tiene de su proceso creativo y la génesis final de lo creado. Como Alberto Boco dice expresamente (8): “Estoy convencido de que la poesía, una cuestión de palabras y su propia música, sobre todo nos lleva a un tipo de conocimiento sobre el mundo que no podemos obtener de ninguna otra manera, una especie de asimetría que nos muestra el mundo de una manera especial , no sólo en cuanto al punto de vista, sino también como una distorsión que nos trae más profundamente y más cerca de todo lo que llamamos habitualmente realidad.”

En esa distorsión que enuncia el poeta argentino estriba el núcleo de la diferenciación entre el fundamento y lo fundado que exige Deleuze en su segundo requisito, para hacer de la poesía de Boco –“una cuestión de palabras y su propia música”– lugar del sentido y campo de lo trascendental, de un modo (el cómo que hace el qué) independiente del sector de Occidente donde la intersección de los diversos marcos ha generado, a un tiempo, tanto al autor como a su obra. Como aparente paradoja, Alberto Boco es uno de los poetas inmediatamente reconocibles como argentinos… ¿Por qué? Porque el modelo de síntesis que su obra establece se inscribe al mismo tiempo en la World Literature y en la tradición de la búsqueda estética propia de –¿tengo que decir, “la mejor parte”?– la todavía, aún, joven poesía de nuestro país: el logro de una síntesis entre la hoy impensable transcripción de lo real señalada por Pavese como norte de los escritores estadounidenses de su tiempo, y la conformación de universos paralelos que le endosaba el gran escritor italiano a los colegas europeos. La obra de Boco emergió de ese marco, entre muchos otros, o sea de una pugna de larga data.

Consciente como es de los elementos escurridizos que manejan sus versos, el poeta argentino agrega (9):

“Entonces, los principales temas de mi poesía, son básicamente la forma en que podemos mirar todo lo que nos rodea, los múltiples mundos interiores que coexisten junto con el llamado mundo real. No en el sentido de mundos mágicos o fantásticos, o como existencias paralelas, sino en los múltiples aspectos habitualmente escondidos en este “supuesto” mundo real, aspectos que sólo aparecen bajo cierta mirada oblicua y cierto humor que permiten al emerger de la palabra poética apenas decir algo al respecto, respecto de aquello que solamente la poesía puede aludir, o aun mejor, crear.”

O sea que su manera de resolver el viejo nudo gordiano entre ambas posibilidades –la imposible representación o la evanescente construcción paralela– es la elección de un tercer camino, no menos riesgoso, como lo es hallar lo escondido, dar siquiera fugazmente (el famoso mirar al sesgo de Slavoj Zizek) “bajo cierta mirada oblicua” con aspectos ocultos de un mundo real que, encima, define como supuesto… más un cuarto movimiento, el toque maestro, que ahonda todavía más la diferenciación in natura entre el fundamento y lo fundamentado: que no es la poesía la que emerge de lo real sino que los aspectos –¿escondidos? ¿supuestos?– son los que surgen de la palabra poética. El resultado es lo que funda la causa… ¿puede imaginarse un modo más diestro de separar, alterizar, el fundamento de lo fundamentado? El procedimiento para lograr esta audaz voltereta del sentido no puede ser menos atrevido, según lo anuncia el autor (9):

“También los aspectos relativos al trabajo con las palabras, su distancia infinita de las cosas que las palabras nombran, y cómo estas ‘entidades’ (las palabras), como la mejor metáfora del vacío, como una oferta, nos permiten encontrar y expresar diferentes significados y sentidos. Creo que la poesía es una forma de acceso asistemático y peligroso a un conocimiento más profundo de las múltiples maneras en que la vida y la realidad se expresan. Esta multiplicidad de las apariencias sólo puede ser nombrada por la poesía, o mejor, ser creada por ella. Esta es una manera de crear un mundo cuya existencia es también real, ya que no existen diferencias entre todos los mundos posibles. Este mundo es sólo el resultado de los significados, sentidos y silencios que utilizamos para nombrarlo.”

La descripción de este auténtico manual de procedimientos de Boco coincide plenamente, cuando emplea el término “peligroso” con la acertada frase de Baldomero Fernández Moreno, cuando dice: “Ante la poesía, tanto da temblar como comprender”. Temblar, porque el método asistemático –nueva aparente paradoja– implica deslizarse por entre una multiplicidad de sentidos posibles y elegir de entre ellos unas señaladas polisemias, por definición abiertas ellas mismas a posteriores multiplicaciones. Temblar, porque acertadamente Boco llama “entidades” a las palabras, esto es, existencias, más allá de la supuesta, acordada coincidencia entre un significante y un significado.

Temblar, porque en el párrafo inmediatamente antes citado Boco reafirma y amplía la paradoja que, dijimos, separa y alteriza la relación entre el fundamento y lo fundamentado, entre la causa y el efecto: dice aquí, directamente, “Esta multiplicidad de las apariencias sólo puede ser nombrada por la poesía, o mejor, ser creada por ella”. Se entiende, entonces, que en el universo poético de nuestro experto autor, temblar y comprender, tal como lo dice Baldomero, son la misma cosa.

El alto mérito de su procedimiento está encerrado en lo antes manifestado por Ezra Pound: “Los buenos escritores son aquellos que conservan la eficiencia del lenguaje. Es decir, lo mantienen preciso, lo mantienen claro”.

Porque conserva la eficiencia y la precisión del lenguaje sometido a una presión tan enorme como la de establecer sobre el papel las paradójicas complejidades antes señaladas –en su generalidad, dada la necesaria brevedad de esta introducción– es que Alberto Boco es poeta.

Luis Benítez

Mendoza/Buenos Aires,

septiembre/octubre de 2013.

(Prólogo del libro Estación de Nosotros, de Alberto Boco por Luis Benítez)

Notas

(1) Pavese, Cesare. La letteratura americana e altri saggi (prólogo de Italo Calvino, Ed. Einaudi, Milán, 1951).

(2) Ucronía entendida en su sentido original, el que le dio Charles Renouvier, en el siglo XIX, en su obra Uchronie: L´utopie dans l´Histoire, como lo que no existe en ningún tiempo.

(3) Ver: Moretti, Franco. Conjectures on World Literature (New Left Review Nro. 1, 2000).

(4) Benítez, Luis. Artículo Partes Mínimas 1,2, dos movimientos de la poética de Esteban Moore, publicado en Hispanic Poetry Review, Vol. 9, Nº. 1, 2007, págs. 57-64, Texas A&M University Press, Texas, EE.UU. (hay versión

electrónica del texto completo: http://alpialdelapalabra.blogspot.com.ar/2010/07/luis-benites-partes-minimas-12-dos.html).

(5) Benítez, Luis. Artículo Antología Poética de Luis Del Río Donoso, publicado en Resonancias Literarias, Revue Litteraire Latino-americaine, Pau, Francia, 1ro. de enero de 2012 (http://www.resonancias.org/content/read/1367/

antologia-poetica-de-luis-del-rio-donoso-por-luis-benitez/)

(6) Entendido no como “lugar”, sino como “campo trascendental”, tal cual lo estima Gilles Deleuze, esto es, lugar del sentido.

(7) A fin de cuentas, cuándo un período cultural le ha preguntado a alguno de los hombres (todos) a los que modifica desde el comienzo mismo de su construcción cultural -su constitución como humanos-, si estaban o no de

acuerdo con ser modificados.

(8) Boco, Alberto. An interview with Alberto Boco, reportaje de Luis Benítez en Newsletter Cervena Barva Press, Issue No. 67, June, 2011, Massachusetts, EE.UU. (en inglés: http://www.cervenabarvapress.com/june2011_

newsletter.htm#INTERVIEW%20WITH%20ALBERTO%20BOCO). La pobre traducción del original inglés en las partes que corresponden a mis citas, es mía.

(9) Op. cit.

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