SECESIONISTAS Y OTROS POEMAS. T.S. Hidalgo

Secesionistas

 

No es como esperar a que llegue el juicio y ya. La respuesta puede estar en alguna otra caja negra. Frío sólido: quemad las banderas. Todas. Una bandera implica cuatro estados de la materia: qué es lo que sale, qué no puede ni podrá salir, qué es lo que entra, qué no entrará. En esta involución, a través de las vidrieras de la Catedral de Bruselas, puedo ver la mano de Adam Smith, del revés, frente a su haz luminoso. Observadores internacionales apostando en las inmediaciones, mientras admiran la floración plateada en contraste con las tinieblas.  Este invierno se parece al del año pasado: en Gran Bretaña se esperan fuertes precipitaciones, con acusación de nieve: la mirada puesta en los pies (paisaje también poco habitual en Barcelona, que muchos han querida inmortalizar). El Ayuntamiento de la Antigua Grecia se personará en la causa como acusación particular.

 

 

 

Canción-objeción-obsesión, frente a una tumba no de William Carlos Williams

 

Dentro de un carro de combate, la citada obsesión.

Un excéntrico acaudalado, veterano de guerra,

decide, cada cierto tiempo,

arrollar la puerta de un cementerio próximo,

saca su cuerpo por la escotilla,

y tararea, recorriendo pasillos,

nombres de compañeros,

allí presentes, debajo de sus ocho ruedas,

mientras, ya al fondo,

piensa, frente a la cruz de su amado, para sus adentros

<<No estábamos aún casados, claro>>,

pero, también,

<<Esto tan sólo son las normas, ¿no?>>.

 

 

 

Torero, muerto, frente a un espejo

 

No funcionan las rosas,

estoy muerto estoy avergonzado,

en mi lado derecho, demasiado rojo,

no funciona la sangre,

ningún llanto, el infinito aguarda:

tú, rodeado de toros, recién lo ignorabas:

anhelan los dioses, pacientes,

sumergirse en nuestros miedos.

 

 

 

El tiempo antes del balón que llegará a ser

 

Ahora sé que lo que me dicen que afirmó Ginsberg en su última visita a mi ciudad es cierto: la literatura y Alemania están estancadas. Moriré en una tarde de verano. Veo a nuestra selección de fútbol, La Roja, dejando fluir el tiempo en una eliminatoria directa en la Copa del Mundo y sin viento a favor, estoy rodeado de cabezas con cerveza, cabezas gesticulando, y con respiración y eso, también, y que regresan, en el largo y en el corto plazo: con ellas retomo el contacto a intervalos irregulares (pero soy incapaz de parametrizar éstos: ¿deplorable?), refiero en algún momento cómo fue regado el cadáver de Mussolini: ¿la logopedia de la mujer es la del amor?, quizá: el idioma como juguete. Una bici roja se refleja en una de las cristaleras del bar: ha llegado Marco Polo a la batalla de Lepanto. y una caja (ultraplana y) tonta y otra caja (ultraplana y) tonta y otra caja (ultraplana y) tonta: todos observando el mismo escenario, aquí, en la planta de arriba, y lo mismo abajo: en total un mínimo de seis evidentes excesos de respiro: seis artefactos. Entra el señor comisario: ¡esto es una maravilla! Derrota final. El olivo del fondo del bar no tiene dramas. El señor comisario se dirige a mí sin salir de plano y entonces refiere <<Pero mira, son miserables>>. Todos los demás parecen haberse resignado con el resultado del deporte, como en un espejo negro: nadie nos explicó cómo las cosas son y explotan y ¿son? y desaparecen. Nadie ha escrito la historia de la lluvia*. Este momento ya se está empezando a derretir.

* Carlos Edmundo de Ory dixit.

 

© All rights reserved T.S. Hidalgo

T.S. Hidalgo. Escritor español (Madrid, 1971). Es economista y MBA. Textos suyos han sido publicados en revistas literarias de Estados Unidos, Brasil, Canadá, México, Argentina, Colombia, Chile, Venezuela, Nicaragua, Barbados, Alemania, Gran Bretaña, Francia, España, Turquía, Irlanda, Portugal, Rumanía, Nigeria, Sudáfrica, Zambia, Zimbabwe, Botswana, India, Singapur y Australia.

Leave a Reply