ROMA Y LA MUERTE. Eduard Reboll

A Pablo Márquez

 

Entiéndase el título como un elogio. Un prurito de querer ver, en el pretérito, la vida de una ciudad que fue entre muchos de sus apodos, la Città Eterna. Sí. Lo fue desde su fundación y desde la metáfora. Mientras dos gemelos succionaban el pezón de una loba llamada Luperca después de ser arrojados al Tíber. Más tarde, Rómulo se erige en primer rey al asesinar a su hermano Remo y de su culpabilidad -…según cuenta la leyenda- nace el nombre de esta metrópoli en la península Itàlica.

 

Ottaviano. Via delle Millizie. 10,30 am

 

El hotel, un pequeño relais acogedor. Agua de limón como bienvenida en el check in. Una vez finalizado el pago, dos caramelitos de chocolate junto a la llave de la habitación 107 en mi mano. Al entrar, un gatito níveo con su madre visto desde la ventana que da a un patio interior cubierto de plantas lúgubres. Abandono mi paradero, y me tomo un macciato para forzar la máquina en el primer bar de la esquina. El Vaticano está a cuatro cuadras.

 

Ciudad Santa

El Papa Francesco I, no está, pero una alfombra de sillas vacías le acompaña en su ausencia a pocas horas de una homilía. La línea para entrar en la basílica di San Pietro bordea la media milla en la plaza. Mi identidad como miembro de la National Association of Hispanic Journalist, me libera. Mi culpa, la expío ante el baldaquino de Bernini jurando que haré este artículo. Mi corrosión es tan fluida, como la negritud de sus columnas barrocas. Sigo mi curso. A la derecha, la Pietà de Michelangelo consumida por una infinidad de selfies. Alrededor, frases como ésta “Please  … it’s my time sir. I want to make a picture. Thank you”. El mármol y la ligereza del cuerpo de Cristo en los brazos de María, bien vale una espera aunque

sea a través del cristal de protección que nos separa. La nave central la ocupa mi curiosidad durante largo tiempo, mientras dirijo mis pupilas hacia su techumbre. Debajo de la cúpula, finaliza un éxtasis por la arquitectura que inició Bramante y por la que siguió de la mano de Michelangelo, Maderno o Bernini en su final hacia 1642. A destacar bajo mi mirada laica: 1 La Puerta de la Muerte donde el escultor Giacomo Manzú refleja el asesinato de Abel sobre el negro del metal. 2 La sobriedad de los confesionarios de madera noble vacíos de penitentes   …limpios de pecado sobre la pátina de su barniz y con un título frontal que dice, “italiano”.

 

Centro Storico  

 

Cruzo la Via della Conciliazone. Me detengo ante el pentágono que acoge la torre circular del castillo de Sant’Angelo. Frente a la piedra de tavertino de este mausoleo que mandó construir Adriano en el año 135, un violinista callejero toca el adagio de Albinoni. La tarde está aquí, bajo las sombras de los sicomoros y acariciando la orilla del Tíber con su luz.

 

Pasado el Puente de Humberto I, la Piazza Navona evoca un estadio en sí mismo. No hay carrozas de Ben Hur o Messala en la pista hoy, pero sí la belleza de sus tres fuentes junto a su público. Cito como escogida por la fuerza que adquiere su rostro: la de Neptuno. Aunque es la Fontana dei Quattro Fiumi quien se lleva la fama, no solo por su simbología fluvial (Nilo, Danubio, Ganges y Río de la Plata) sino porque Dan Brown la cita en su novela Ángeles y Demonios.

 

Del Pantheon de Agripa, solo decir un “sin palabras” ante este memorial semiesférico. Su oquedad en la bóveda para que la lluvia penetre en el recinto como uno más de sus visitantes, es el cénit de luz necesario para contemplar su espacio y los mausoleos de los reyes de Italia: Víctor Manuel II y Humberto I.

Sigo el recorrido hacia una Piazza di Spagna super turística. Decepción. Ha perdido la candidez ante sus escalinatas que descienden de la iglesia Trinità dei Monti. A día de hoy, los guardias de seguridad utilizan el silbato bajo amenaza de multa si te sientas a contemplar la Fontanna della Barcaccia o la Via Corso. Todo dicho.

 

Junto a la Piazza del Popolo, una callle inolvidable: Via Marguta. Why? Aquí vivió el hombre que dijo en una de sus declaraciones a la prensa: “El único realista de verdad es el visionario”. El cineasta que puso a su Giulletta Masina tras los focos y la mitificó en La Strada junto a Anthony Quinn. Aquel que bajo la música de Nino Rota ubicó la escena de un desfile de moda eclesiástica en su film con el mismo nombre de la ciudad, Roma. El de Amarcord o el de La Dolce Vita mientras Mastroianni besaba a Anita Ekberg en la boca frente a la cascada de agua de la Fontana de Trevi. El único… el más grande de los cínicos desde su bondad inestimable: Federico Fellini.

 

El Palatino y el Trastevere

Uno no entiende el bombo y platillo al monumento de Vittorio Emanuel II, el rey que unificó a Italia. Es cierta la temeridad arquitectónica de su estructura que hasta ha conseguido apodos entre los italianos como la “zuppa inglese”, “el pastel de bodas”… o la “máquina de escribir” cuando los aliados entraron en 1944. Monumento muy criticado – siendo hoy un memorial al soldado desconocido- porque cuando se construyó se hizo sobre la Colina Capitalina; destruyendo un barrio medieval muy importante en esta ciudad.

 

Tras el pastiche, la esencia de la ciudad antigua: El Palatino y el Foro con sus ruinas bajo el mármol, la columna o el ladrillo de lodo. El Arco de Tito o de Septimio Severo

Los restos del templo de Saturno, Jano o de Vesta. Sus vías, sus placas e inscripciones pétreas …sus restos y las aves sencillas que se posan en sus cimas o las que quedan para siempre en los mosaicos de cualquier hogar patricio.

 

Uno llega al lado del famoso Coliseo cruzando la vía Sacra. Las batutas en alto, a través de los guías turísticos de la zona, se suceden por doquier. “The Colosseum is situated just east of the Roman Forum. Construction began under the emperor Vespasian in AD in 72”. Me niego a ser parte de una masa donde solo imagina la figura de Espartaco cubriendo su cuerpo ante su contrincante africano bajo el tridente. Y fantaseando con el deglutir de cristianos comidos por un león hambriento, mientras uno está en aquellas gradas, frente a la arena de un anfiteatro semidestruido. No entré.

 

Por la tarde un paseo en el Trastevere recorriendo sus hermosos vicos (pasajes) arropados de flores purpúreas, plantas en ojiva y alguna ropa blanca, tendida de balcón a balcón. La Villa Farnesina con sus jardines privados repletos de lírica. Y por supuesto, hacer lo común: sentarse en un restaurante a pie de calle -el mío  se llamaba Trattoria de Gli Amici-, pedir un Pinot Grigio y deleitarse con las berenjenas rebozadas o la típica porchetta con pan. De postre, un café y un limoncello acompañado de un sgroppino; un helado de limón y vodka en San Calisto.

Roma …que en el origen de su etapa imperial hace más de 2000 años, llegó a tener hasta un millón de habitantes. Única en su umbral. Cortesana y bajo el lujo a lo largo de su historia. La del Triunvirato y las guerras Púnicas. La demócrata en su Senado ante sus patricios y la que renacía triunfal frente al látigo inmerecido hacia sus esclavos construyendo la vía Apia, acueductos, o arcos de triunfo para sus tropas. La metrópoli del trigo ingerido con pan de hogaza en la boca de los indigentes, el aceite de olivar, o el vino de vasija servido antes de una orgía en una copa vidriada frente al César. La invadida por los bárbaros o Napoleón en 1796. O la fragmentada por el abuso de poder entre sus generales cuando Marco Antonio parte de Egipto. La Roma cristiana de Teodosio o Constantino. La de las deidades como Saturno, Ceres o Marte en sus inicios. La eclesiástica de sus orígenes  humildes y las que el mismo poder cardenalicio se otorga en nombre del Supremo para apoyar las cruzadas, otorgar indulgencias a la nobleza, o promover la terrible Inquisición. La ciudad pontificia de los Papas y emperadores. La Roma renacentista donde el arte adquiere un espejo de poderío o mirada concupiscente como la obra de Caravaggio. La saqueada por Carlos V. La Roma como república en sí misma y su incorporación al reino de Italia.Y por último: la ciudad capitalizada por un dictador bajo el fascio, Benito Mussolini. O el que pudiera sucederle por alguien con el mismo sufijo en su apellido durante las próximas elecciones. Su nombre: Matteo Salvini.

 

Roma y sus cadáveres exquisitos ante un surrealismo propio a día de hoy y explícito en partes de su glorioso y  -…a veces-  tétrico pasado.

 

Buona sera a todas y a todos …regreso a Barcelona en Alitalia a las 21.15 pm.

Listo.

 

© All rights reserved Eduard Reboll

Eduard Reboll Barcelona,(Catalunya)

 

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