POR ÚLTIMO EL CORAZÓN.  Margaret Atwood. Editorial Salamandra.  2017

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Crudeza y humor vienen juntos en esta parodia de nuestra vida tan absurda y al mismo tiempo tan real.

Margaret Atwood: Poeta y novelista canadiense. Nació el 18 de noviembre de 1939 en Otawa. Su primer libro de poesía, Double Persephone, se publicó en 1961. Es profesora de literatura inglesa en diversas universidades canadienses (1964-1972) y lectora en la Universidad de Toronto (1972-1973). Ganó reconocimiento con The Edible Woman (1969), Resurgir (1972), Lady Oracle (1976),Life Before Man (1979) y Ojo de gato (1989). Autora de más de veinte libros de novelas, cuentos, poesía y crítica literaria. Interesada por el avance científico y, especialmente, la función renovadora del movimiento feminista en la sociedad, considera que la aportación más radical del feminismo es su esencia, “ayudar a las mujeres a confiar en sus posibilidades”, como reflejan sus obras ‘Juegos de poder’ (poesía), publicada en 1971 y una de las pioneras en este campo en su país, junto con su ensayo ‘Second words’ (1982).

Ha sido galardonada con numerosos premios. Su novela The Robber Bride (1993), fue co-ganadora del Premio Trillium en 1994. El conjunto de su obra fue premiado con el Premio internacional del Welsh Arts Council’s (1982). El 25 de junio de 2008 fue reconocida con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008.

 

Sinopsis

Víctimas de la debacle económica, Stan y Charmaine se instalan en el coche tras perder su casa. Malviven gracias a los escasos ingresos que ella consigue en un bar de poca monta. Es entonces cuando llama su atención un anuncio acerca del Proyecto Positrón, un experimento social en el que los habitantes de la idílica ciudad de Consiliencia se dividen en dos grupos que alternan su modus vivendi cada treinta días: mientras el cincuenta por ciento se recluye en la Penitenciaría Positrón para mantener el sistema, la otra mitad disfruta de plena libertad y lleva un estilo de vida propio de la clase media. Al cabo de un mes, intercambian sus roles: los libres ingresan en prisión y los encarcelados se instalan en las viviendas que ocupaban los nuevos reclusos, haciendo uso común de todos los objetos, enseres y aparatos. Agotado el entusiasmo inicial, Stan y Charmaine no tardan en percatarse de que Consiliencia no es el paraíso que habían imaginado y pronto se ven envueltos en una serie de aventuras disparatadas, atrapados en un torbellino de lujuria que les hará cuestionarse sus valores y sentimientos más profundos.

 

RESEÑA

POR ÚLTIMO…una mueca. Podría haber sido una sonrisa pero se desfiguró, no sé si desde el principio, cuando los personajes eran dos pobres diablos que dormían en un carro viejo, o luego, cuando ya fueron elegidos para ser parte de un experimento que recuerda, por un lado a un reality show y por otro lado al cinismo de un gobierno totalitario y manipulador. Margaret Atwood, la autora, hace un alarde de ironía en este relato tan conectado a nuestros miedos, los miedos de un ser social que puede ser llevado sutilmente y en contra de sus instintos a cometer las barbaridades más absurdas o aplaudirlas.

Sin darnos cuenta caemos en Consiliencia-Positron junto a Charmaine y Stan, los protagonistas. ¿Qué es Positron? Una ciudad “modelo”, un lugar con nuevas leyes donde imperan otros cánones, donde la mitad del tiempo somos presos y la otra mitad somos… PRESOS TAMBIEN. No nos lo dicen así pero en el mes de “libertad” nos espían, saben lo que hacemos, nos pagan con dinero falso, compartimos nuestros casilleros y nos movilizamos en medios de transporte prestado. No tenemos información del exterior. Un noticiero interno dice que todo está bien, que la violencia ha bajado considerablemente y que están orgullosos del trabajo de los ciudadanos.  Los periodistas aparecen como enemigos y los duros del negocio se enriquecen. Cualquier parecido con la realidad de algún sitio conocido, es culpa de la literatura, jamás de la realidad.   Stan siente, al principio, miedo a ser conejillo de India de un reality show. “Los buenos siempre se quedan atrás o se los cargan” Le dice a Stan su hermano Conor, que de bueno no tiene un pelo. Y tiene razón. Dentro y fuera de Positrón, dentro y fuera del libro.

Todo pudiera sonar a discurso trillado, pero para probar lo contrario están los personajes, delineados con extrema sensibilidad y sutileza. Stan y Charmaine, una pareja que ha tocado fondo en la pobreza. Su situación se define en la primera línea. “En el coche duermen apretujados”.  Ahí está. Pobres y apretujados. Luego vemos de qué manera se apretuja uno contra el otro. Estos dos se las van a ver negra, no lo duden. Las cosas no se quedarán así. Y tal es el embrollo en el que luego se meten que aquello del coche viejo adquiere una tonalidad romántica y de alguna manera se convierte en el recuerdo de la buena vida.

Vamos con Charmaine y Stan por ese universo en el que no sabemos si estamos presos o somos libres, Mientras tanto no podemos respirar en paz, sentimos un escalofrío, sentimos que algo malo va a pasar. De vez en cuando sonreímos con cierta complicidad dramática. Atwood no mezquina ni un detalle para describirnos una situación social decadente, nos encierra en un globo aerostático, nos decomisa cualquier tipo de alfiler para pincharlo y nos lanza al aire. No podemos hacer nada, estamos en esa atmósfera de un mundo aparentemente idílico y profundamente cruel. Somos totalmente manipulables. Podemos llegar al extremo de poner una inyección letal a un ser humano, luego lavarnos las manos y saludar a cámara. La única salida posible es, como lo anunciara Conor al principio, en una caja y con los pies adelante. Por último, el corazón.

¿Y se sale? Yo no, yo no salí del libro, con una cierta dosis de masoquismo acompañé hasta el final a Stan y Charmaine en todos las batallas, ilusiones, desilusiones, traiciones, reencuentros, mentiras y verdades. Los acompañé como si los estuviera grabando con una cámara espía más. El libro, al final, me pareció una genial combinación entre el futuro y el pasado, entre lo atrasado y lo novedoso. En aquél universo imaginario lo mismo podían convertir a los personajes en un robot erótico con disfraz de Elvis Presley que en una costurera de peluches azules. Vaya mundillo de ficción que has creado, Margaret Atwood. Y menos mal que todavía podemos llamarlo ficción. TODAVÍA.

© All rights reserved  Nitsy Grau 

Nitsy Grau.  Directora, dramaturga y escritora. Su película “Medardo” basada en la vida del poeta Medardo Angel Silva, ha ganado importantes premios como ACE por Mejor Opera Prima (New York), Hola (New York) y La Iguana Dorada en Ecuador. Dirigió series exitosas de TV  como “Super Papá” y “Rosita la taxista” Ha colaborado con revistas como FANCINE y  SOLOTEXTOS. En este momento trabaja en el área de Marketing de Spanish Publishers y como dramaturga en Microteatro Miami donde ha presentado con su compañía Troop of Actors, piezas cortas como “Pasión de Brujas”,“Mi amiga del alma”, “Las manos de Lady Macbeth”, “Colgados” “Ladrón de Bicicletas”  y “Extravagante”.

 

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