PARLAMENTOS DE DON INSULANO. Héctor Manuel Gutiérrez

A la vez que agradezco a los miembros del Consejo Editorial por ofrecerme este espacio en la revista Nagari, envío un saludo cordial a mis posibles lectores. Bajo la sombrilla del agradecimiento, informo que mi fiel amigo y colega, don Insulano, ha aprobado oficialmente el uso de una peculiar convocatoria, para establecer desde mi primer aporte, la senda a seguir en esta página que hoy tengo el gusto de brindarles. Evitando perder el esperado impacto, me permito dejarla para el final.

Subiéndome las mangas en mi primera jornada, de sopetón, me obligo entonces a aclarar que, aunque nunca me ha interesado ganar premios, ni distinciones, ni aceptaciones,  siento que tengo la innata punzada de la escritura, y me dedico a cultivar más de un género. No ha faltado quien alguna vez me ha llamado poeta, criterio que obliga al sujeto a encauzarse hacia una responsabilidad que de ninguna manera me atrevo a asumir. Diría, además, que no sólo me concentro en uno de mis grandes amores, la poesía: también me aventuro en campos extraños, con creaciones “destornilladas” que en la mejor de las intenciones, aspiran a por lo menos ser coherentes, y que, de alguna manera −se me antoja− lindan en lo literario. Sin embargo, independientemente del juicio a que me someten los terceros, creo que tengo el derecho a proyectar, con el uso de nuestra hermosa y rica lengua, que al final de cada venturoso o no tan venturoso día, lo que verdaderamente me mueve, es desafiar la curiosidad, conseguir algún lector que me acompañe, y que con suerte intercambie opiniones con el que suscribe. No creo que exista una mejor recompensa. En esta ocasión, quizás anhelando que mis ocurrencias se aglomeren en una humilde oferta que, con suerte y entusiasmo, merezca llamarse ensayo, reseña o reflexión, me aventuro a reunir algunas de esas alocadas inspiraciones. Vale aclarar que en realidad fueron escritas por mi antiguo y fiel compañero de andanzas e infortunios, don Insulano Fénix de Favila, en contadas ocasiones reproducidas por el excéntrico y confiable amigo, don Ínsulo.

Esta nueva asignación, la de ganarme el derecho a mantener una columna que me permita expandirme en la afición al arte de escribir, me obliga a aprovechar la oportunidad, para comunicarles lo siguiente: para mí es fácil separar mi sentido de humanismo del llamado comportamiento en otras ramas más complejas y “delicadas”, como la economía, la religión, la sociología… o la política. Puedo asimismo dialogar en el plató de la dialéctica, y allí, estar de acuerdo, discrepar, conceder, y aún pedir disculpas, si fuese necesario y JUSTO, para luego reanudar mi complicado y esperanzado caminar en la escabrosa autopista que llamamos vida. Ya me queda muy poco tiempo en este maravilloso planeta que el hombre, con sus majestuosas limitaciones, quizás destruirá. De ahí que se me ocurra decirles a los amables visitantes en las páginas en que me manifiesto, que con el devenir de los años he desarrollado una muy particular sensibilidad hacia algunos fenómenos o acontecimientos del diario vivir o diario morir, que, en cuestiones de semántica paralela, significan lo mismo. Puedo mencionar algunos de los postulados que se han quedado en mi ínsula, por ejemplo: “las cosas que vemos, olemos, escuchamos o sentimos, están ahí… siempre lo han estado”. Sin embargo, los avatares que la experiencia provoca no se manifiestan de la noche a la mañana [o de la mañana a la noche, para aquellos que tienen un hemisferio cerebral diferente]. Admito, pues, que me ha costado atravesar bastantes fases y ciclos antes de poseer esa particular consciencia ontológica que me acompaña en mis aventuras y locuras quijotescas. Como le ocurre al resto de los humanos, ese grado de consciencia o alerta, se ha acumulado en mí, tras períodos de experimentación, navegando entre posibilidades de cometer errores, atinar en mi choque con sorpresas o ser golpeado por fracasos y desencantos. De modo que ya puedo expresar, tal vez por la seguridad que me da la acumulación de lustros y décadas, que hay cosas que están más allá del simple arreglo o diseño circunstancial que se nos ofrece a primera vista.

Se respira entonces, que puedo decir con cierta satisfacción, que he aprendido a contemplar, en el buen sentido de la palabra, a interpretar e intercambiar impresiones en obras de arte, particularmente las plásticas, donde el silencio es primordial para poder “leer” las palabras que la obra nos sugiere. He aprendido, por ejemplo, a reconciliarme con mi propio rechazo de los altos registros metálicos, como el de la trompeta o el chillido de los trenes en rieles oxidados. Si me preguntaran o me dieran a escoger, diría que disfruto y aprecio el timbre de la guitarra clásica elaborada con amor por los “luthiers” españoles, a los que, a estas alturas, se suman otras nacionalidades, otros paladares. También me dulcifica el de la guitarra Jazz o “archtop” de Bob Benedetto, el violín de Antonio Stradivari, la viola de Gasparo da Sallò, las interpretaciones en la viola da gamba de Hillie Perl o las composiciones para contrabajo de Giovanni Bottesini… en fin, me llegan y me llenan los olores, texturas, sabores y sonoridades de la fina madera que se labra con cariño y entusiasmo continuo, hasta convertirse o transformarse en lo que luego llamamos instrumento; es decir: el medio por el cual se transmite ese código mágico y misterioso que llamamos música.

Por último, diría que trato de graduarme en la difícil facultad de zambullirme y extrapolarme en las manifestaciones de la palabra escrita, con frecuencia cuidándome de que mis palabras no caigan entre las afiladas patas de las tijeras censoras, pero siempre tratando de contribuir con un genuino granito de arena, en las pulsaciones de ingenio cultural que conviven en nuestra zona tropical, esta calurosa incursión sureña de la península que alguien llamó La Florida.

Personalmente he utilizado en mi adultez la palabra cultura como sinónimo de “cultivo”, en el sentido de tener un sistema gnoseológico que seleccione y mantenga, que expanda y conserve lo más significativo de las manifestaciones del espíritu humano. Lo que permanece en nuestra renovada presencia, en esas múltiples dimensiones cronotópicas que nos impulsan hacia el “por venir”, es la intencionalidad del reducido número de individuos que nutren un estado de consciencia de “ser” en el mundo, en contraposición a “estar” en el mundo. En otras palabras, casi siempre podremos observar las ondulaciones de aquellos en los que el verbo “nutrir” se asocia a la supervivencia en sus aspectos más primitivos. Siempre tendremos esa lucha entre los que se quedan y los que se unen al vagón hacia lo cualitativo. Sé que alguien dijo que el pasado es una forma de presente en nuestra memoria, mientras que el futuro es una suposición. Picasso, por ejemplo, respetó lo que dejaron los maestros; se involucró y se “entrenó” en ellos dentro de los límites de su contemporaneidad, porque tenía la consciencia, el estético escozor que le permitió convertirse en uno de ellos.

Temas como éste, tópicos de mayor o menor trascendencia, le darán forma a esta columna que ya se desarrolla en su primera tirada. Esto me da pie para despedirme con la  convocatoria que prometí compartir al principio de mi nota inaugural, en letra mayúscula y en términos muy definidos, ahora autorizada a ser mía, que dice así:

A AQUELLOS QUE SE ATREVEN A VISITAR ESTE HUMILDE LUGAR DE ENCUENTROS: EN PRINCIPIO ES UN ESPACIO PARA PENSAR Y TRANSMITIR, COMPARTIR Y ANALIZAR, DESCARGAR E INTERCAMBIAR INQUIETUDES, ACTITUDES, PREOCUPACIONES Y ALEGRÍAS. EL QUE SUSCRIBE NO ASPIRA MÁS QUE A ESO. ME SENTIRÉ MUY FELIZ EN COMPAÑÍA DE USTEDES SI SE ATREVEN A LEER CON UN POCO DE DETENIMIENTO LAS IDEAS QUE COMPARTO. EN NOMBRE DE LA HUMANIDAD, LA MÚSICA Y LA LITERATURA, MIS TRES AMORES, GRACIAS MIL POR VISITARME.

                                                                                            

© All rights reserved Héctor Manuel Gutiérrez

Héctor Manuel Gutiérrez, Miami, ha realizado trabajos de investigación periodística y contribuido con poemas, ensayos, cuentos, reseñas y prosa poética, para Latin Beat Magazine, Latino Stuff Review, Nagari, Poetas y Escritores Miami, Signum Nous, Suburbano, Ekatombe, Eka Magazine, y Nomenclatura, de la Universidad de Kentucky. Ha sido reportero independiente para los servicios de “Enfoque Nacional”, “Panorama Hispano” y “Latin American News Service”, en la cadena difusora Radio Pública Nacional [NPR]. Funge como lector oficial y consultor de la división Exámenes de Colocación Avanzada en Literatura y Cultura Hispánicas en College Board. Es también consultor para el Banco de Evaluaciones Interinas y Exámenes del Departamento de Educación de la Florida. Cursó estudios de lenguas romances y música en City University of New York [CUNY]. Obtuvo su maestría en español y doctorado en filosofía y letras de la Universidad Internacional de la Florida [FIU]. Creador de un sub-género literario que llama cuarentenas, es autor de los libros CUARENTENAS, Authorhouse, marzo de 2011, CUARENTENAS: SEGUNDA EDICIÓN, Authorhouse, agosto de 2015 y CUANDO EL VIENTO ES AMIGO, iUniverse, abril, 2019. Les da los toques finales a dos próximos libros: AUTORÍA: ENSAYOS AL REVERSO, colección de ensayos con temas diversos, y LA UTOPÍA INTERIOR, estudio analítico de la ensayística de Ernesto Sábato.

 

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