Orange Road, de Isaí Moreno Conversación con L. M. Oliveira*

Ciclo de lecturas | Orange Road de Isaí Moreno  Casa del Lago UNAM en Vimeo.

 

Charla que acompañó a la presentación de la novela Orange Road en Ciclo de Lecturas de Casa del Lago.

Orange Road, ¿cómo la concebiste y cuánto tiempo te llevó escribirla?

 

Todo empezó con un nombre, Orange, y luego Orange  Road, que llegó mi cabeza por alguna razón y no dejó de rondarla. Al principio lo concebí como un largo camino pintado de naranja. Luego, fue una carretera. ¿Cómo sería recorrer a pie una carretera inmensa, solitaria? A lo largo de muchos intentos de escritura, que no me conducían a nada, descubrí lo que realmente quería contar, relativo a un tema que conozco perfectamente: el del seno de las sectas religiosas y la certidumbre que suelen vender. Aquello ocurrió en la ciudad de Morelia alrededor del año 2004 y terminó en el año 2016 en CDMX.

El color naranja que siempre pobló mi mente durante la escritura fue plasmado de un modo asombroso por Lilia Barajas, la creadora del diseño de portada e interiores.

 

 

La experiencia del lenguaje, ¿cómo te enfrentaste a éste y por qué le diste un uso particular?

 

El lenguaje y la atmósfera son vitales en la escritura y sin ellos no hay novela. Más aún, si no se ha dado con la voz que corresponde a la novela, no se tiene la novela, y esto último, palabras más, palabras menos, te lo he escuchado a ti mismo, Oliveira.

Por otro lado, desde el inicio de la escritura de Orange Road me propuse que la experiencia por la que pasase el lector fuera producto de un experimento con el lenguaje, que pretendió, en cada línea, ser una expresión de los limites de la fe y los límites de la razón. Mi lenguaje buscó también ser el más propicio para narrar el curso delirante del mundo, o al menos el del que rodea a mis personajes. ¿De qué otra forma se podría narrar el delirio que atravesamos?

 

 

Léenos un fragmento de la novela.

 

Los lugareños de los poblados que atraviesa la carretera, convertida después en camino terroso y más allá en veredas internadas entre caseríos, hablan de cierto hombre, chofer de oficio, que llevó a cabo una persecución por todas las localidades al lado de la vía, preguntando por un forastero que denostó a su familia. El ofensor se había marchado sin dejar huella y pertinaz el otro le buscaba. Recorrió toda la vía en una camioneta vieja hasta llegar a sitios remotos donde la carretera cambia de nombre, conduciendo durante días y noches: de día bajo el sol despiadado, de noche bajo las titilantes estrellas, y apenas dormía (a tal grado llegaba su ánimo vengador). Cortó con su cuchillo cactus, los asó para comerlos y bebió del jugo que guardaban dentro. Al carecer de hidratación, cuando la sed le hacía mirar visiones, bebió a sorbos agua del radiador de su vehículo, líquido caliente sabor a metal. Y se juró que no cejaría en hallar a quien se mofó del apellido de su familia. Cuando volvió de regreso, conduciendo por Orange Road, sus manos estaban manchadas de sangre y tierra.

Asimismo se cuenta de una joven que aparece de noche ante los traileros que optan por un atajo en la carretera, o se pierden al conducir agotados por el desvelo. Antes de recuperar la lucidez, e imprimir el pie en el acelerador de sus vehículos para abandonar asustados Orange Road, sus ojos se fijan de súbito en esa chica al desamparo, con el ropaje desecho en jirones y enamorada a todas luces, afirman, sollozando por su novio recién muerto en un accidente carretero. Su mirada alberga la tristeza más infinita. Pide ayuda a los conductores entre gemidos, sin percatarse de que ella también está muerta.

 

 

Qué autores que te han marcado e influido?

 

Siempre intento tener un maestro de la literatura nacional, o en nuestra lengua, y autores guía de otras latitudes. Pienso en Mario González Suárez y en Cristina Rivera-Garza como dos de mis maestros nacionales entre tantos otros.  En su momento, me he empapado de literatura norteamericana. También Yukio Mishima siempre ha estado entre mis avatares literarios. Pero a últimas fechas, he recurrido a tres autores que escribieron su obra en alemán: Thomas Mann, Hermann Broch y Thomas Bernhard.

 

¿Citas a Hermann Broch por ‘La muerte de Virgilio?’ o alguna otra obra?

 

Justo por La muerte de Virgilio. Esa novela es la gran novela del conocimiento y de la vida de la mente: Broch hizo un experimento radical. Hace poco me enteré con enorme sorpresa de que  La muerte de Virgilio era una de las biblias de Juan Rulfo: tenía el libro subrayado y lleno de anotaciones.

 

Háblanos de los aforismos intercalados en tu historia.

 

El aforismo en un género muy antiguo que tuvo su raíz en el epigrama, y éste en el epitafio: las inscripciones en las tumbas de nuestros antepasados eran historias breves o frases escritas con ingenio e ironía: fueron todo un género literario. La precisión a la que nos obliga un aforismo es un desafío para el escritor, quise emplear una escritura sintética y paralela a la novela que resumiese las creencias del credo que guía a los personajes de Orange Road.

Al principio de la escritura de la novela, acaricié la idea de que ésta tuviese la estructura de uno de los cuatro evangelios, con capítulos y versículos breves. Luego preferí la escritura tradicional y opté por elaborar en paralelo unos ciento cincuenta aforismos, que incluiría como un apéndice: al final, y obedeciendo al espíritu de la novela breve, me decidí por incluir sólo una colección breve, que intercalé en el escrito en pequeñas cajas de texto.

 

Léenos algunos de los aforismos de la novela.

 

Claro, elegiré algunos:

 

Cuando Dios pronuncie tu nombre quedarás sordo.

¿Por qué has olvidado el origen de tu voz?

Lo aterrador de la muerte es lo aterrador de la vida.

¿Cuál es la gloria de un ser olvidado? ¿Cuál la de una estrella apagada?

En sus apartados límites, el mundo irradia horror. Orange Road atraviesa la belleza de la vida y la belleza de la muerte.

Sin asombro no hay veneración.

 

Sobre este último aforismo, quiero contar cómo llegó a mí. Hace años iba de viaje en un autobús y en el asiento posterior al mío iban tres muchachas sosteniendo una plática animada, en tono de niñas fresas, relativa a los chicos guapos de su Iglesia y al credo pentecostés que profesaban. La joven que guiaba la conversación habló emocionada de la sapiencia de su pastor, de sus experiencias personales esperando el don que le correspondía (ya fuese sanar enfermos con la imposición de manos o hablar en lenguas) e hizo énfasis en los estados de éxtasis y maravilla que alcanzaban algunos hermanos tras la oración. Ante la exclamación de sus amigas adolescentes, y algún aleluya intercalado, ella concluyó con la frase Sin asombro no hay veneración, de la cual tomé nota mental y luego me la plagié para la novela.

 

¿Hay algo más que desees agregar sobre tu novela?

 

Sólo que, como las otras novelas que he escrito, Orange Road es una indagación con una historia como pretexto y su premisa principal es la misma de todo lo que he publicado hasta ahora: El conocimiento destruye.

 

*L.M. Oliveira(Ciudad de México, 1976) es filósofo moral y se dedica a la investigación y la docencia como miembro del departamento académico de la UNAM. Es autor de las novelas Por la noche blanca (Ediciones B 2017), Resaca (Literatura Random House 2014) y Bloody mary (Literatura Mondadori2010), y de los ensayos Árboles de largo invierno (Almadía 2016) y La fragilidad del campamento (Almadía 2013). Vivió en distintos momentos de su vida en Sâo Paulo, en Austin y en Santiago de Chile, también en Santa Bárbara, en Chicago y en Barcelona. Siempre tiene nostalgia del mar, excepto cuando está en la playa. Su nueva novela es El oficio de la venganza y acaba de ser publicada por Alfaguara.

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