NOBEL ALTERNATIVO CON FINAL FELIZ. Luis Benítez

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En mi columna del pasado septiembre, hice referencia a lo que estaba sucediendo con el “Premio Nobel Alternativo”, formalmente conocido como The New Prize in Literature 2018, organizado por The New Academy, una institución creada de urgencia en Estocolmo para paliar la postergación por este año del Premio Nobel de Literatura, decidida por la Academia Sueca tras el escándalo que originó la renuncia de más de un tercio de sus miembros vitalicios.

Recordemos que el alboroto –con consecuencias legales de importancia- estalló cuando a comienzos de 2018 una serie de personas denunció penalmente por los cargos de acoso y abuso sexual al autor teatral Jean-Claude Arnault, fuertemente vinculado a la institución y asimismo esposo de una de sus miembros, Katarina Frostenson. De imputado Arnault pasó velozmente a procesado y finalmente, el pasado primero de octubre, la justicia sueca dictó  la sentencia de dos años de prisión para el acosador. Si en Suecia las instituciones culturales tienen sus problemas, parece que la administración de justicia, en cambio, no, y hasta actúa con la deseable celeridad.

Las consecuencias de ese proceso legal salpicaron intensamente  a la añeja academia escandinava, pues al producirse la renuncia de los miembros a sus sillas, indignados con lo sucedido, surgió un aspecto no contemplado antes: se trata de cargos vitalicios, por lo que el veterano monarca Carlos Gustavo se las vio de figurillas para modificar los añejos reglamentos, cumplidos durante siglos al pie de la letra, cosa de permitir, por una parte, la salida efectiva de los renunciantes y, por la otra, posibilitar que sus sillones académicos fueran vueltos a ocupar.

Otra consecuencia del muy comentado embrollo fue la decisión de postergar la acostumbrada designación anual del ganador del Premio Nobel de Letras, cosa que no sucedía desde 1949, optándose finalmente por informarle al mundo que el de 2018 se acumularía con el del año siguiente, por lo que la promesa formal de la Academia Sueca es que en 2019 otorgará no uno, sino dos galardones en literatura, hecho que –si de veras se produce- será algo inédito en este tipo de reconocimiento.

Señalemos de paso algo que sucede cuando un autor recibe el Nobel: las ediciones y las correspondientes ventas de sus títulos se multiplican por todo el planeta, cosa que tan bien conocen sus editores y los agentes literarios, los libreros y cuantos componen la cadena ecológica en la jungla de la edición. Como bien se ve, las devastadoras consecuencias de los desmanes perpetrados por el condenado Arnault no solo provocaron un daño inexcusable a personas físicas e instituciones, sino que afectaron también a la industria del libro, privada de las ventas extras derivadas de la promoción mundial e inmediata que origina, cada año, la decisión final de la Academia Sueca. El 2018 no conocerá la consabida faja de papel que la proclama, envolviendo la cubierta de esos ejemplares tan bien expuestos en la vidriera de cada librería. Tampoco habrá este año columnas y columnas de referencias a un escritor consagrado en el frío norte del mundo, ni transmisiones televisivas en directo, apuestas por tal o cual, opiniones encontradas, esperanzas, frenéticas investigaciones, argumentos a favor o en contra, entrevistas exclusivas, etc. Nada de eso.

Justamente un sector del conjunto ecológico antes mencionado: libreros, periodistas y personalidades de la cultura local, decidió que era necesario, de todas formas, paliar la ausencia del Nobel de las letras apelando a la organización de un galardón paralelo. Un centenar de ellos puso manos a la obra y así se constituyó, con la urgencia del caso, la New Academy, institución no lucrativa, sin inclinaciones religiosas ni políticas e independiente del Estado sueco, tal como se proclamó a sí misma, que se abocó a contactar a bibliotecarios suecos a fin de que entre todos confeccionaran un listado de candidatos al flamante The New Prize in Literature 2018. El resultado de la consulta fue una nómina de casi medio centenar de escritores que, en opinión de los bibliotecarios, ameritaban formar parte de ella. Entre las particularidades que ofrece este listado, amén de que J.K. Rowling forma parte de él, es de subrayar que ningún autor de lengua española la acompañó. Ni uno solo.

Como señalé en mi columna de septiembre pasado, la repentina institución asevera en sus fundamentos de origen: “La New Academy fue fundada para garantizar que se otorgará un premio literario internacional en 2018, pero también como un recordatorio de que la literatura debe asociarse con la democracia, la apertura, la empatía y el respeto. En un momento en que los valores humanos son cada vez más cuestionados, la literatura se convierte en la fuerza opuesta a la opresión y a un código de silencio” (ver su página web: https://www.dennyaakademien.com).

Y como el procedimiento establecido por la New Academy incluía otra originalidad -la votación abierta al público mundial para apoyar a alguno de los más nominados- le di mi voto al genial y eterno candidato al Nobel de la Academia Sueca, Thomas Pynchon, ya que no podía brindarle mi modesto apoyo a Julián Marías o a Elena Poniatowska, por caso, al no estar incluidos en el listado de los bibliotecarios. Votamos unas 33 mil personas, en todo el mundo.

Ya en la etapa de las definiciones, el proceso comicial instrumentado en Estocolmo incluyó que cuatro creadores literarios –los más favorecidos por los electores en la fase pública- pasaran a manos de un jurado final, compuesto por la editora Ann Pålsson; Lisbeth Larsson, profesora de la Universidad de Gotemburgo, y la bibliotecaria Gunilla Sandin. Mi candidato, Pynchon, no pasó la prueba del voto popular, lo que sí lograron el inglés Neil Gaiman, la vietnamita Kim Thúy, la caribeña nacida en el archipiélago de Guadalupe, Maryse Condé, y el inefable Haruki Murakami, cuya obra nunca fue un obstáculo para que desde hace años cobijara la esperanza de hacerse con el Nobel de la Academia Sueca. Pero el abanderado japonés del maistream nos tenía preparada una sorpresa: renunció a su nominación apenas la conoció, alegando que se inclinaba por dedicarle toda su valiosa concentración al supremo arte de escribir, alejándose de la atención mediática, manifestó uno de los autores más promocionados del mundo.

El pasado 12 de octubre la New Academy me envió un mail, con un link al anuncio de la decisión en cuanto a la elección del ganador del millón de coronas suecas, equivalentes a unos 100 mil euros. Y fue, muy felizmente, Maryse Condé, de 81 años, nacida el 11 de febrero de 1937 como Maryse Boucolon en Pointe-à-Pitre, Guadalupe. La autora de una vasta producción literaria que incluye ficción histórica, cuentos, novelas, ensayos y poemas, entre otros géneros que ha cultivado. Amén de ello, la autora de la novela Segu (1984), tiene una definida postura a favor del feminismo y ha sido siempre una gran difusora de la historia y la cultura africana en el Caribe. Su trayectoria le ha granjeado prestigiosos reconocimientos, como el Grand Prix Littéraire de la Femme (1986, por Yo, Tituba: Bruja Negra de Salem); dos años después, el Prix de L’Académie Française (por La Vie Scélérate); el Puterbaugh (1993, por el conjunto de su obra literaria); en 1994 en Grand Prix Littéraire des Jeunes lLecteurs de l’Ile de France (también por Yo, Tituba: Bruja Negra de Salem); el Prix Carbet de la Caraïbe (1997, por Desirada); el Prix Marguerite Yourcenar (1999, por Le cœur à rire et à pleurer); el Hurston/Wright Legacy Award (2005, por Who Slashed Célanire’s Throat?) y entre otros, en 2010, el Grand Prix du Roman Métis, por En attendant la montée des eaux.

Una muy justa decisión, que la vapuleada Academia Sueca hubiese hecho muy bien en tomar este mismo año.

Una consideración final: es cosa de desear que la decisión de la New Academy, aunque no cuenta con la potencia inductiva de la otra, influya para que las obras de la gran Maryse Condé sean en mayor medida traducidas y publicadas en nuestra lengua, habida cuenta del escaso material impreso en español del que se dispone acerca de esta importante autora de lengua francesa.

 

 

© All rights reserved Luis Benítez

Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay.

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