MUJERES DE BARBACOAS. Luis Alberto Perea Méndez

Trescientas mujeres de Barbacoas hicieron  huelga sexual para que arreglen el  último tramo de la  carretera que viene desde Pasto.

En el grupo de personas cercanas  al paisano que daba la noticia elevando el tono de la voz para que todos en la cafetería lo escucharan, se oyó un murmullo que  disparó como chispa incendiaria,  la imaginación de todos los presentes.

Desde ese día,  Santa María del Puerto de Toledo de las Barbacoas salió de su letargo y el mundo conoció el valor del sexo para ayudar a su pueblo. Localizada sobre el litoral del pacifico sur de Colombia en el departamento de Nariño, sus habitantes son de  mayoría negra, agricultores, mineros,   pescadores  pacíficos y  alegres a pesar de la pobreza.

─ Noooooo, eso es muy berraco. Que tal el caso mío que estoy recién casado…me voy a morir de calentura. Dijo un joven musculoso  con su virilidad a flor de piel.

Algunos hombres con risa nerviosa se paraban de la mesa, miraban a sus vecinos y luego se quedaban pensativos. Uno expresó:

─ “Nooo, ellas no aguantan, las mujeres de por aquí son muy arrechas, a ellas les encanta más hacer el amor que la comida.”

─ Si, señor, creo que en muy poco tiempo las veremos coqueteando y con sus movimientos cadenciosos no insinuaran una tregua, así sea a las escondidas de la huelga. Dijo un señor mayor como para transmitir confianza al resto.

Más de uno se veía pensativo y yo desde una mesa contigua me preguntaba. ¿Qué estarán pensando?

Desde luego, yo también pensé en mi caso, sentí temor y me acorde de la comedia de Aristofanes que había visto en el barrio de  La Candelaria, en Santa Fe de Bogotá.  Eso me distrajo y me tranquilizó.

La noticia de las Lisistratas  negras de Barbacoas se regó por la Costa Pacífica y por toda la población colombiana. Los hombres, la recibían con sonrisas nerviosas, y las mujeres, especialmente las del Pacífico, descubrieron el poder que tenían entre sus brazos… y sus piernas.  Con las  redes sociales, a través de internet,  se esparció la noticia y comenzaron a circular mensajes de solidaridad de todo el mundo.

Ellas agitaban la consigna  “No más sexo, queremos carretera”. Su voz se escucho en la presidencia, en el senado, en el ministerio de justicia y con discreción en las iglesias.

─ “Viva la huelga de piernas cruzadas”.  Gritaban continuamente.

Las menos bellas y las solteronas se ilusionaron por esa oportunidad, las mujeres de Barbacoas lo sabían y también comprobaron que cuando están en huelga los sentidos se aguzan, por eso las invitaron a que las acompañaran a la huelga por solidaridad. Para evitar tentaciones, se juntaban por las noches, hablaban de lo divino y de lo humano y se daban ánimo entre ellas para no desfallecer.

Lideradas por la Juez, maestras y otras damas consientes de la injusticia, de los ruegos, de las marchas y de que  las cartas firmadas  por los pobladores no eran tenidas en la cuenta, decidieron, inspiradas en Lisistrata,  cruzar sus piernas y aguantar el chaparrón. Los hombres habían luchado y perdido las esperanzas hasta llegar a la pasividad y a la  resignación, esto  alebrestó a las mujeres, como decían algunos pobladores.

Ellas, no tenían la vasija de vino como Lisistrata para tomar el juramento, como se acostumbraba en Atenas. Ellas hicieron la promesa de mantener sus piernas cerradas hasta que no se construyera la carretera y de esto fueron testigos esa población empobrecida y engañada muchas veces con la promesa electoral de la construcción. Los grandes ríos que desembocan al mar y la espesa selva transmitió la noticia a todos los rincones de la Costa Pacífica.

La falta de la vía hacía que los costos fueran cinco o seis veces mayores. Existía prácticamente una trocha que era como avanzar por el cauce seco de un río, con desniveles, piedras arrumadas y charcos por todos lados. Cuando se  presentaban emergencias médicas, la mayoría de los pacientes morían en el camino.

Algunos hombres que no querían entender la justa causa,  decían que  nada tiene que ver el sexo con el mal estado de la carretera, otros,  que ese era un pretexto de algunas mujeres, como el cuento del dolor de cabeza o de que los niños se pueden despertar.  Alguno llegó a plantear que  creía que su mujer se estaba aburriendo con él.

Poco a poco, los hombres comprendieron que ellas habían cruzado sus piernas por la dignidad de un pueblo y que por eso era importante el sacrificio y su apoyo. Parecía irónico, pero para las mujeres de Barbacoas fue más difícil conseguir la construcción de la carretera que para las mujeres de la comedia de Aristofanes, acabar con la guerra en el Peloponeso y lograr la paz.

Entre hombres y mujeres de las poblaciones del Pacifico seguía la expectativa. Ellos,  afirmaban que algunas a las escondidas lo harían. Ellas, decían que los hombres no saben de qué son capaces las mujeres, que se acuerden que cuando tienen disgustos, los que primero ceden porque no tienen la voluntad de nosotras, son ellos. Se desesperan por hacer el amor y demostrar que son muy machos. Nosotras somos muy hembras y posiblemente deseamos más que ellos pero nos aguantaremos para ganar esta causa.

Después de un mes. Seguían firmes. Muchos de los hombres que no querían sacrificar nada a cambio de la carretera  estaban furiosos. Al principio cuando empezaron a negarles  sus privilegios sexuales  se aguantaron creyendo que en muy pocos días estarían buscando sus brazos, ellas no lo hicieron y ahora estaban amenazantes sino cedían a sus urgidas pretensiones. Más de uno se oculto en el monte o se internaba por el río y dicen que se alcanzaban a oír  suspiros y agitaciones solitarias. Los más despistados, creían que eran los espantos de la selva.

─ El se pone muy inquieto por la noche, primero trata de seducirme recordando los buenos momentos que hemos pasado en la alcoba y se vuelve zalamero diciéndome cositas bonitas, que no me las decía ni siquiera cuando estábamos de novios. Al ver que no cedo, se pone bravo, me amenaza con conseguir otra y hasta trata de forcejearme. Pero conmigo se jode. Yo no doy mi brazo a torcer. No abriré mis piernas.

EL día que regresó el sexo.

─  “Sí, levantaron la huelga, de la que fui la primera víctima” Dijo el Alcalde de Barbacoas.

Las autoridades asignaron el dinero para iniciar los 26 kilómetros de la carretera que faltaban, asistieron al compromiso el Ministro del transporte, el Gobernador, el Alcalde y otras autoridades civiles y militares, el cura con su bendición y plegaria de agradecimiento se hizo sentir en la misa y desde luego, toda la comunidad.

Con  cara de satisfacción, de deseos y de picardía las parejas se miraban sin cruzar palabras mientras hablaban las autoridades. Querían que concretaran su informe porque ellos tenían muchas cosas  de que “hablar” con sus mujeres, eran más de tres meses de abstinencia… y las mujeres tenían muchas cosas que “decirles”

De esa forma, termina la huelga de 300 mujeres que durante 110 días cerraron sus piernas como protesta. Ellas, ya conocedoras de las promesas incumplidas en otras ocasiones, alertaron a sus maridos que estaban ansiosos, y  aunque ellos no oían sino que las miraban amorosos,  les dijeron:

─ Hay que estar atentos para que cumplan y no se roben el dinero. Si eso llegare a suceder, seguiremos luchando.

De manera muy humilde, casi como regañados decían.

─ Sí, sí señora.

Todos movían la cabeza afirmativamente pero en su mirada la urgencia hablaba elocuentemente.

En Atenas, Lisistrata logró con la ayuda tentadora de la joven y bella mujer llamada Reconciliación  y con las argucias del oráculo, negociar las condiciones de paz con los guerreros y autoridades. Luego se retiraron a la Acrópolis a celebrar. Una pareja como símbolo en la escena se preparó para el sexo, alistaron el lecho, las mantas, aceites y aromas del amor. En Barbacoas después de ciento diez días, hombres y mujeres estaban que volaban.  Ellos no necesitaban jugo de Borojó como afrodisiaco, ni chontaduro maduro para tener hijos a la fija, ni aromas de coco, menos de la  brisa marina o de los  ahumados de la exquisita cocina del Pacifico.   Ellos, no deseaban nada de eso. Ni siquiera el arrechón y el tumbacatre que estaban de moda como bebidas excitantes. Ellos solo querían tener cerca a sus mujeres.

El inicio de las obras se  pactó en el mes de octubre en el extremo de la vía del pueblo y hasta allá fueron a constatar ese inicio. Por supuesto, la primera noche después del arreglo, tembló en Barbacoas y no se oyeron las chicharras y las ranas. Los gemidos y suspiros  las callaron. La noche olía a coco recién rayado.

Ellas se ven muy contentas, después del descruce se preguntaban: ¿Cómo te fue? Y una gran sonrisa se marcaba en su rostro, los siguientes días todos andaban sonrientes en el pueblo, las riñas familiares disminuyeron y hasta los niños no fueron regañados por cosas que en otras oportunidades eran motivos para la cantaleta. No caminaban… flotaban por los caminos embarrados y no sentían el agua de los charcos de las lluvia que duendes y chamanes habían hecho descender de los cielos para refrescar el calor que produjo calmar la arrechera de una población entera.

Luis Alberto PereaLuis Alberto Perea Méndez. Cali, Colombia. Arquitecto y escritor. Publicó Cuentos de Familia. Alexandria Library. Miami, 2013. Escribe en Letras y Voces News, Miami, Florida. Participante en los talleres “Creación Literaria” del Miami Dade Collegue y del Taller literario “Proyecto Setra “  de la Librería Books&Books de Coral Gables.

6 responses to “MUJERES DE BARBACOAS. Luis Alberto Perea Méndez

  1. Lenin nunca se imagino el que dentro de su concepto de la ” combinación de las diferentes formas de lucha” se considerara la opción Vaginal, forma que debían adoptar las esposas, compañeras o concubinas de todos los políticos cuando no cumplen lo que prometen. Felicitaciones viejo P, lectura con fruición como comer un mango maduro.

  2. Muy Bueno porque las mujeres somos capaces de mucha cosas, cuando queremos conseguir algo y no lo proponemos lo logramos 🙂 Excelente Lectura ..!

  3. yo pienso que nosotras como mujeres somos muy guerreras y podemos salir adelante por si solas sin ayuda de un hombre.

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