MIAMI 1995. WELCOME TO THE CITY MI FRIEND! Eduard Reboll

Hace dieciocho años, llegué a esta ciudad en primavera. Lo primero que sentí  al descender en el aeropuerto fue el vapor de mayo. Un aire húmedo de gabardina recién colgada después de la lluvia, y, a los pocos minutos,  un sol blanquecino muy parecido al que había vivido en Sidi Bou Said, Túnez, cuando era guía turístico del país en 1984.

El día de bienvenida, lo despedí en el comedor de mi antiguo suegro con un arroz amarillo “asopao” que desprecié con educación arguyendo motivos de viaje. En mi cultura culinaria, un arroz aguado es un insulto como lo fue también para ellos utilizar la palabra “culo” para referirse al fondo de una cazuela de barro. En la mesa, mi suegra ocultó una lágrima; mi cuñado, una mirada explícita de desprecio y mi mujer, mientras sacudía su pezón para cesar la leche de mi hija de un año en el sofá, me miró con clemencia y me dijo “Estás en la casa de un habanero …acostúmbrate y elimina este vocablo “.

Las calles las sentía largas e infinitas a pesar de que hubieran esquinas y uno (…me refiero a mí) sentía el vacío existencial  al mediodía sin un ápice de sombra por aquellas aceras sin nadie con quien conversar. La gente me saludaba sin conocerme en la mañana con un monosílabo que al principio me asustó por su ímpetu germánico (Hi!) . No podía creerme cómo no había un bar donde no sirvieran un café con unas gotitas de ron en la taza, o una tiendecita de ropa de hombre con sus vitrinas iluminadas , o un negocio de electrodomésticos alternado con algún empujoncito que alguna mujer pudiera darme por querer contemplar lo mismo que yo quería ver.

Durante mi recorrido en automóvil hacia la casa de Kendall, tras las palmeras reales que tanto identifican a la ciudad, se escondía una urbe que volvía a renacer después de una resaca larga a finales de los ochenta. Una década donde, la cocaína, las mafias, el dinero de las dictaduras latinoamericanas o el que proveía del blanqueo internacional, habían hecho de este lugar un auténtico paraíso del vicio y la corrupción. Una serie, Miami Vice, y una película excepcional, Scarface, ponía a Miami en el punto de mira del planeta. Dejaba de ser aquella urbe de postal con piscina azul y hotel decó de los cincuenta, que tanto me había hablado mi mamá cuando el Rat Pack de Frank Sinatra ocupaba el litoral de Miami Beach en hoteles como El Eden Rock.

Lo primero que pregunté a mi profesor de inglés de MDCC  fue a dónde se embriagaban los poetas aquí. El me contestó que, si exceptuábamos el Tobacco Road -aunque reconocía que el ambiente era muy angloamericano- , sólo quedaba el florida room  de tu casa para los mojitos. El cigarrillo y la hierba, se reservaba para los guateques donde acudieran artistas. Y, si había suerte y no caía una tormenta, algún literato leería en el jardín bajo la luna en plenilunio, uno de sus versos para satisfacción del público.

Los primeros viernes de cada mes algunas galerías de arte de Ponce de León ( Snitzer, American Collection o la de Marguiles se ubicaban en la avenida) daban vino y aperitivos  gratis. Allí acudía la farándula, lo académico, y la bohemia por un par de horas cada treinta días. La gente hablaban de sí mismos o preguntaban por el amigo que se había muerto o divorciado.  Las obras en las paredes, eran sujetos ciegos; el encuentro en las galería, una fiesta social y triste para el artista.

Books and Books aun pertenecía a aquella esquina entre Aragón y Salzedo y los primeros viernes de cada mes, en su altillo de madera, se exhibían obras de arte, mayoritariamente fotos y un grupo de poetas evocaban sus versos y su voz para un público selecto bajo la voz seductora de Kaplan. Lincoln Road empezaba a imitar a las Ramblas de Barcelona y Miralda colocaba su silla de ruedas de camión en pleno paseo. Miami Beach aun tenía Wolfie´s y en la biblioteca principal del downtown, aprendí que aparte de tener una buena colección de libros interesantes, era refugio de homless intelectualizados y solidarios entre ellos mismos, capaces de compartir Joyce con una botellita de ron escondido en la mochila

….Los días y los hechos seguieron.

Aquel año yo dejaba la ciudad que amaba, por la ciudad que ahora amo (…me costó pero así es).

Eduard RebollEduard RebolBarcelona,(Catalunya) es licenciado en Lengua y Literatura Española por la Universidad Internacional de la Florida Summa Cum Laude. y Master en Spanish Journalism por FIU. En la actualidad es Editor de Contenidos en la Revista Nagari y trabaja como curador de arte independiente para varias instituciones (CCE, MDC, Books and Books). Ha publicado sus poemas, así como algunos ensayos críticos sobre cine, arte y literatura en diferentes revistas y blogs. ( El proyecto Setra, Tumiami, Telaraña, Encuentros, Arte al Día y Nagari).La lírica del crápula y La mujer de Brickell,inédito, sobre la poética que encierra Miami, son sus últimos libros.

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