MENTIRAS DE VERANO. Bernard Schlink. Traducción Txaro Santoro. Editorial Anagrama.

Mentiras de veranoLa VERDAD y la MENTIRA no son dogma de fe. La percepción de la realidad siempre es subjetiva.

 

Reflexión personal.

“Veo,  veo ¿qué ves? una cosita que nunca tu veras “

Juego infantil: presagio de la verdad adulta.

Bernhard Schlink, juez y escritor de Mentiras de verano, condena a los personajes de sus hermosos relatos a pernoctar en el cuarto obscuro de la conciencia íntima.El libro contiene siete narraciones que pueden ser leídas violando el orden establecido; es más, les recomiendo que elijan al azar una de ellas y desvelen el índice de verosimilitud de la historia descrita por el autor  con la realidad que conocen.

Bernard Schlink redacta las historias con la precisión de un fiscal al acecho del acusado; no hay palabras gratuitas y los diálogos transcriben las emociones de los personajes de forma sucinta y directa. El autor consigue que el lector sienta que es el asistente privilegiado de un drama tan real como la vida misma.

Los siete relatos narran historias distintas con un transfondo común: la evidencia empírica de la disparidad emocional en la aceptación de la verdad y la mentira en nuestra vida cotidiana.Da la impresión de que Bernard Schlink recopila pruebas objetivas que demuestran que la comunicación de los sentimientos primarios de los seres humanos: amor, deseo, envidia, celos, compasión, siempre es personal e intransferible.

Las pruebas circunstanciales de la percepción subjetiva de la realidad muestran que cada ser humano habita una dimensión emocional  propia que defiende con uñas y dientes. El engaño del otro no es más que la construcción de un “enemigo” necesario para proteger nuestra zona de confort.

 En el  relato, La noche en Baden-Baden, podemos adivinar quien es el enemigo real de Susan, mujer engañada por un novio infiel al que reclama:

“Tienes que decirme siempre la verdad. No puedo vivir con mentiras. Mi padre mentía a mi madre y la engañaba, y a mi hermano y a mí nos hacía promesas y más promesas que no cumplía.(…) Me he pasado la infancia sintiendo que no pisaba suelo firme. Tú tienes que decirme la verdad para que sienta que tengo un suelo firme bajo los pies”.

 

“Me he pasado la infancia sintiendo que no pisaba suelo firme”. Lo dice Susan y yo también podría decirlo. Muchas mujeres podrían subscribir esta frase.

¿Necesita Susan culpabilizar a su novio por lo que hizo con su padre?

¿La verdad que reclama es una metáfora de la felicidad que no tuvo en la infancia?

¿Por qué no pisaba suelo firme en su infancia porque su padre engañaba a su madre o porque la engañaba a ella?

Respondan lo que les parezca.

No voy a emitir ningún juicio en torno al resto de relatos que contiene el libro porque prefiero que ustedes dicten su propia sentencia.

Ángels Martínez

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