LO QUE CUENTAN LOS MUROS. YA NO EXISTEN LOS CUENTOS DE HADAS. Francisco Beltrán Sánchez

Lo que cuentan los muros

En el Palacio de Abrantes titilan las velas, suenan acordes, navega el embrujo, se dicen poemas y entre nosotros la noche. Singladuras arcanas de romance, Alicia y Lisandro un orbe no escrito y convulso, somos y son en un mismo edicto por un segundo.

 

“Una tormenta de aire

buscando sólo tus ojos

juego de fuego que abrasa

Sientes”

‘Conocerse es el relámpago’ de ‘La liturgia del olvido’- Pedro Enríquez

 

Dormía la ciudad

tras la puerta, el alma de las cosas

era un tiempo de escarcha;

ápices afilados de madera y grafito

en las horas del sílice y el yeso

recuerdan una historia sobre lienzos de aire.

 

Era noche

entre yelmos, solitud del instante,

estrépitos en soledad

donde los hombres son laberinto.

 

Las paredes son los huesos del tiempo,

memorias del tuétano que duele y arropa.

Escalones sin calofríos, en la luz

llevan los zaguanes a esféricas historias

silenciosas, arcanas; las panoplias

son la guardia de la sala.

Una boca de guitarra,

un bronce cálido,

las manos en acordes,

una soleá.

La brisa de un canto elevado de palmeras

rompe el fuego y los silencios,

rojo y púrpura, ecos de las velas,

quejío gris de viejas armaduras, templadas

cuerdas de corazón, nocturno

compás de un fuego secreto de amantes,

tiempo en el huso de las notas

que vienen a morir en los oídos presos,

noctámbula armonía de los tactos

abrasados en verticales días.

 

Sudor de mampostería, estruendo de amores

proscritos por fanática entraña, de los fuegos

cae al vacío la cera

titilante en un baile custodiado, la mano

de ese acorde silencioso es abismo de universos.

 

En la sombra

humores de cuarzo y estuco, barro

encendido en el fuego, un poema

rompiente en las molduras y los techos, reverbera

el sigilo de los besos, un relámpago tranquilo

cae en árabes tonadas, un rayo

le responde desde el yelmo habitado, el requiebro

se hace eterno en acústicas semblanzas de esta noche.

 

Y los muros, hoy paredes

enfoscadas de aguijones silenciosos, alas rotas

en bramido lapidado de un dolor

con vergüenza de los siglos.

 

Chimenea desolada sin hogueras

custodiada por los yelmos descarnados,

hoy cobijas a los hombres

en sus ruidos, en sus huellas, en sus pasos.

 

Y los muros de ese cosmos donde el duende

viajero entre sombras e ilusiones

de colores que sin luces toman vida

es un liquen imborrable

en conciencia de ese alma de las cosas.

 

Ya no existen los cuentos de hadas

En el salto de la comba era el juego inconsciente

sobre el ritmo en inercias de mecánicas

que la infancia solo entiende.

En sus ojos lucen risas

por carreras tras las clases,

escondites y meriendas

y deberes inquietantes.

Y los días son volubles,

tras reclamos de la madre, en el baño,

en un ocaso de agua, al calor de la lumbre.

 

Y la noche era el patio

y los ruidos de los aires

en los ojos de la casa;

y la cena con los padres

a la hora que las luces

titilaban tras la tarde

era un tiempo de familia

de jolgorio, de verdades

y era el postre esa fiesta

que esperaba aquel infante

por haber sido aquel niño

en sus juegos y en sus lances;

y después las buenas noches

en el éxodo de infantes

antesala de los cuentos

entre sábanas cordiales

a la espera de los sueños

tras molinos y gigantes,

en palabras sosegadas

la paciencia de una madre

que no espera nada a cambio

solo el sueño de su infante

por tranquilas fantasías

y aventuras incontables.

 

 

Y en las vueltas de la noche,

¿qué fue de los molinos y los gigantes?,

¿qué fue de Barataria y de Sanchos y Quijotes?

En los ojos de la duda

en reposos de la prisa

soledad y solitud

en silencios inquietantes,

¿que fue de las palabras, los hechos, las verdades?

¿que fue de los héroes y de sus colores?

¿qué fue de aquel niño ‘andante’?

 

En el salto del resorte de la esfera de los doce

tomó vida la asidua cantinela

y los sueños fueron sueños,

solo sueños,

más acá de las razones,

más allá del vacío en la frontera

donde ya no sabe, de aquel niño y sus sueños, el hombre.

 

Ahora el salto es del catre

en el juego de los días,

en inercias responsables

que olvidaron ya la risa

en los miedos y abrazos

de una madre y los sueños.

Ya no encuentra escondites

ni aquel agua en su armonía

en los cuentos que no existen

porque ya no existen hadas.

El camino fue difuso

en los vahos donde el niño

se dejara a las hadas

y a la magia de sus días

junto al cofre de los sueños.

Un desván hace la cuenta

de los días, de los años

del olvido de aquel niño

de sí mismo, de la senda

de sus sueños y quimeras.

Y el vacío bajo el cuerpo

es el molde en la mecánica

del adulto enredado

en un tiempo que no existe.

 

Y, ese hombre en la nostalgia va y levanta la mirada,

y en el viso de sus párpados caídos

va y encuentra una lágrima,

sobre ella

una risa ya olvidada

va a lomos del salino descalabro

en el humo de siluetas de las hadas en un niño.

 

© All rights reserved Francisco Beltrán Sánchez

Francisco Beltrán Sánchez es Profesor de Enseñanzas Medias –Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada-, trabaja en el CDP Juan XXIII – Chana de Granada. Así mismo se esfuerza en ejercer de escritor y poeta en la compresión del tiempo y el espacio. En esa misma comprensión promueve eventos culturales como la “Velada poética, de canción de autor y flamenco ‘El Embrujo del agua’” en la Casa Museo Federico García Lorca de Valderrubio o “Tiempo de Encuentro” Tertulia-Velada cultural en la Casa Museo Federico García Lorca de Fuente Vaqueros.
Obra literaria/creativa: ‘Hilvanes del agua’–poemario- (Editorial Nazarí), ‘Sueños dispersos’ –narrativa/cuentos- (Editorial Nazarí), varias publicaciones de poemas en poemarios colectivos y en la revista la Cafetera de la UGR, publicación de artículos en revistas de corte social y sindical, Blog de poesía PoetaRotundo (http://poetarotundo.blogspot.com.es/ ), Blog de opinión Paco Beltrán Sánchez (https://pacobeltran.wordpress.com/ )

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