LAS NOCHES EN UN BALCÓN DEL VIRREYES Y OTROS POEMAS. Laura Zavaleta

Las noches en un balcón del Virreyes

 

Si el hotel no existe, estoy suspendida en el aire.

Mi hueso atrapa el frío y la catedral se hunde.

De los carros y los taxis verdes

el denominador común son las estrellas

pegadas al asfalto.

En el estómago duele la noche y la luz asalta.

Los muros son colmenas tatuadas por animales prehistóricos.

Yo sólo conozco la historia que imagino:

toco la pared y los museos engullen el asombro.

Beso los cuerpos, las huellas de los cuerpos;

Los exprimo como frutas celestiales.

Cierro los ojos.

Yo te miro a vos, a quien adoro.

A lo lejos, como yo, prendido del aire.

Ese es el veneno, mirarte mientras conozco,

colgado de una nube rota o fantasmal, en una ciudad que me traga.

Se respira agua, agua respiro,

y hay un placer que flota más allá de los rostros

y sobre las arrugas.

Qué frío hace y yo soñando agua entre mis manos pequeñas.

Esas, donde cabés milimétrico a pesar del nubarrón y la ciudad oscura

a pesar de la altura de este sueño amniótico.

 

La habitación

 
Una mujer entra en tu habitación y se desnuda.

A lo lejos las niñas cantan y juegan con los niños de mamá y papá

la mujer no es niña ni madre.

Vos sos un niño perdido que sonríe con los dientes de leche.

 

La mujer te ha besado y ha recordado en seguida

unos versos del Cantar de los Cantares,

un maná y un mito lácteo,

un sabor inmenso a música que se repite,

pero ella es narcisista y vos sos un espejo táctil.

 

Aquí solo un espacio existe, piensa ella,

el fin del mundo es la orilla de la cama

y en su frontera, las horas comienzan a contarse.

 

La cama se llama Nuncajamás

y es blanca

como la imaginación de los eruditos.

 

La mujer abre los ojos y mira tus párpados cerrados.

De ellos escapan rayos de sol y ella se extraña

¿existe un sol o un océano dentro de vos?

¿hay una playa o un caracol entre ambos?

Se queda callada entre tus brazos y cree escuchar el mar

mira la pared y se pregunta:

¿dónde se amontonan las cosas que una trae?

¿Los recuerdos se quedan con la ropa en esa mesa?

En esta habitación han de existir

burbujas cósmicas de todas las posibilidades,

debajo de la cama,

sueños frustrados que se golpean unos a otros

por demostrar quién es el más terrible.

 

¿En qué gaveta guardará los fantasmas hambrientos y

los pulsos repetidos?

 

Se pregunta y los recuerdos son poco elásticos

para imaginar tantos fragmentos de otra vida.

La mujer, cuando sale,

solo piensa en hacer un homenaje

a ese lugar de sus horas invisibles.

 

Melodías vitales

 

II

Tengo un país en la palma de la mano.

Un país sin nieve, sin nostalgia.

 

Yo soy mi corazón botánico,

ardo en semilla, siembro a tiempo.

Aunque viva un país que entreteje hierro con ceniza.

Cerraré los ojos y mi Señor me mostrará la nieve.

 

III

Me subo a los árboles.

Hacen guerra las sombras allá abajo.

La nube llega a cubrirlas: yo subo más alto que las nubes.

 

V

La tinta sabe a hiel, siempre diré eso.

Aun cuando enseñe a mis nietos toda la nostalgia.

 

Sobre el papel blanco habrá un abismo indescifrable.

Masticaré los nombres.

Por mis mandíbulas sé que seré fuerte.

 

1948

 

Mi abuela es joven y mira a través de las ventanas.

La casa está vacía a su espalda,

las paredes, de hielo

las sillas, de ceniza.

Sola, los ojos se le multiplican.

Llueven gotas negras sobre el rostro.

Es la navidad de 1948:

las mujeres más pobres en las fiestas

dibujan la costura de sus medias de nylon,

tan imaginarias como amores de película,

amores blanco y negro.

Por la ventana pasa un viento instantáneo

con polvo de la serranía.

Mi abuela escucha el ruido de las fiestas

que toca sus fronteras,

enciende la radio;

escucha “el Consejo Revolucionario de Gobierno…”

Apaga la radio.

Cierra los ojos.

 
© All rights reserved Laura Zavaleta

laurazavaletaLaura Zavaleta San Salvador, 1982. Obtuvo, en el año 2006, el primer lugar del certamen “Letras Nuevas” en la rama de poesía. Ha participado en encuentros de poesía de El Salvador, Guatemala,  México, y España (El turno del ofendido, 2006; Festival internacional de poesía, 2006; Vértigo de los Aires, 2007; Voces de mujeres en la literatura centroamericana,  2011).

Ha publicado “Sentada sobre todo lo imposible” con la Editorial Universitaria, y ha sido antalogada en Nuevas voces femeninas salvadoreñas. Antología poética (Editorial Universitaria, El Salvador, 2009), Una madrugada del siglo XXI. Antología de poesía joven salvadoreña,  (El Salvador, 2010), Las otras voces (Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, 2011) y Voces de mujeres en la literatura centroamericana (Universidad Alcalá de Henares, España, 2012).

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