LAS HERMANAS BRONTË… FEMINISMO Y ESCRITURA EN LA ÉPOCA VICTORIANA. Ángels Martínez

Tía y sobrina contemplábamos, sin respirar, la trágica escena en la que Jane Eyre descubre  en el altar que su futuro marido, el señor Rochester, está casado.  Sin quitar ojo de la pantalla  del televisor recorríamos los páramos inhóspitos por los que Jane huye tras abandonar la mansión en la que habita la loca esposa del hombre que ama.

Jane Eyre es Joan Fontaine y el señor Rochester es Orson Wells. Me niego a aceptar que otros actores encarnen a los personajes de una novela cuya adaptación cinematográfica marcó mi infancia.

La mujer romántica que soy, nació en blanco y negro. La mujer que reivindica el feminismo en la era del Facebook descubre, años más tarde, que la película era una adaptación de la novela, Jane Eyre escrita por Charlotte Brontë. Una mujer valiente que se atrevió  a narrar  la historia de una institutriz que conquista  a un aristócrata por su inteligencia, en una época  en la que las mujeres estaban condenadas al ostracismo cultural. La sociedad victoriana de la Inglaterra de finales del siglo XIX era un férreo corsé para la libertad de expresión femenina.

 FEMINISMO HERMANAS BRONTE

La primera vez que fui a la Feria del Libro de Ocasión en Barcelona compré un ejemplar de Jane Eyre publicado por la Editorial Planeta en su colección, Grandes Novelas de Amor de la Literatura Universal. Leí el libro, escondida en la soledad de un patio encalado y pensé que quizás  podría encontrar un Rochester que valorase mi inteligencia. Me identifiqué al instante con el personaje porque ambas compartíamos la consciencia de no ser atractivas.

Mi pasión por las Hermanas Brontë se mantiene intacta y conservo la misma emoción infantil cada vez que vuelvo ver el film  dirigido por Robert Stevenson.

Conocí a la segunda Brontë, Emily, junto a mi padre. Veíamos Cumbres Borrascosas de William Wyler absortos en la pantalla. Cathy y Heatchcliff -Merle Oberon y Laurence Olivier- se amaron en la vida y tras la muerte, continuaron el idilio sentados en la peña de “las cumbres”. Pregunté a mi padre si existen los fantasmas y él  asintió en silencio.

Me gustaría compartir con mi Rochester, la visión del film,  Abismos de Pasión, que dirigió Luis Buñuel  en México en el año 1954. Luis Buñuel hizo una adaptación libre de la novela, cambiando el escenario y los personajes. Buñuel ha sido el director que mejor ha mostrado la crueldad y el aspecto salvaje de los personajes que creó Emily Brontë. La novela cosechó unas críticas nefastas y la autora murió sin conocer el éxito.

En la actualidad, Cumbres Borrascosas, es un clásico de la literatura universal.

La pasión cinéfila  de la niñez se alimentó en la adolescencia con las lecturas de las  obras de Charlotte, Emily y Anne. En la Universidad cursé estudios sobre  la historia de las mujeres y aprendí que era posible aplicar una visión “gineconcentrica” para interpretar los hechos históricos. Descubrí que la famosa “visión de género”  ó “pensar en clave femenina” era un recurso subversivo para desmontar la historia oficial escrita mayoritariamente por hombres.

Ahora la época universitaria y el feminismo a ultranza son pasado remoto y la vida me ha enseñado que hay tantas diferencias entre hombres y mujeres como similitudes. Nada es blanco y negro.

El regreso a las Brontë motivado por la invitación a que escribiera un texto sobre ellas y la celebración del ocho marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, ha sido una experiencia grata e inquietante.

Sin saber porqué  he sentido la necesidad vital de descifrar la telaraña de relaciones íntimas que mantuvieron los componentes de la familia Brontë.

Los datos biográficos de Charlotte, Emily y Anne provocan una tristeza inicial: huérfanas, pobres y aisladas, vivieron en un enclave fantasmal que fue el escenario perfecto para representar sus anhelos de pasión, deseo y superación personal. Las tres utilizaron la escritura como un recurso existencial y vivían a través de sus personajes. La muerte y el duelo estaban tan presentes en sus vidas  como la autoexigencia de ser mujeres con una personalidad propia que fueron educadas por un padre singular.

Patrick Brontë era un clérigo anglicano que educó a su hijo e hijas inculcándoles la pasión por la cultura, el arte y los juegos. Algunas biografías destacan que fue un hombre rígido que no se recuperó de la muerte de su esposa a la edad de 38 años y que vio fallecer a todos sus hijos.

Los cuatro hermanos, Charlotte, Patrick, Emily y Anne crearon un mundo propio refugiándose en la fantasía y en la invención de reinos imaginarios. Charlotte y Patrick imaginaron el reino de “ Angria” y Emily y Anne, el reino de Gondal. Durante años escribieron “sus crónicas“ en  libros diminutos.

En la actualidad se conservan un centenar de cuadernos escritos a mano sobre el reino de Angria; pero ninguno sobre el de  Gondal. Emily nunca abandonó Gondal y trasladó su reino a la única novela que publicó, Cumbres Borrascosas.

La escritura y la fabulación les permitió a los cuatro hermanos sublimar las penurias económicas, la orfandad materna y el paisaje inhóspito en el que transcurrían sus vidas. La rectoría destartalada  en la que vivían estaba situada en Haword, un pueblo rodeado de lúgubres páramos en la zona de Yorkshire, al norte de Inglaterra.

Las tres hermanas tuvieron que trabajar como institutrices para poder subsistir manteniendo la ilusión por crear una escuela. El proyecto nunca se llevó a cabo.

Su hermano intentó publicar sus poemas sin éxito, y fracasó en la tentativa de estudiar arte en la Royal Academy en la que no llegó a matricularse; despilfarrando el dinero de su tía en el alcohol y la vida disoluta. El opio consumió su corta vida.

Emily y Patrick fallecieron en 1848. Anne al año siguiente. Charlotte murió en 1855 a la edad de 38 años, la misma con la que fallecido su madre.

Charlotte, Emily y Anne tuvieron que publicar su primer libro en 1846, Poemas por Currer, Ellis y Acton Bell” bajo un seudónimo. El apellido Bell lo tomaron prestado de una clérigo amigo de su padre. El mismo que se casó años mas tarde con Charlotte. Ellas mismas se autoeditaron  el libro y solo se vendieron dos ejemplares.

En 1847 cada una de ellas publica, bajo pseudónimo, las siguientes novelas:

Charlotte Brontë alias Currer Bell: Jane Eyre.

Emily Brontë alias Ellis Bell: Cumbres Borrascosas.

Anne Brontë alias Acton Bell: Agnes Grey.

Jane Eyre fue la que obtuvo un éxito inmediato y Cumbres Borrascosas fue considerada una obra dura, contraria a la moral victoriana.

En 1848, Charlotte y Anne deciden ir a Londres  para acallar el rumor en el mundillo literario, sobre el sexo de los hermanos Bell. Se presentan sin anunciarse a su editor, George Smith.

En una carta que Charlotte envía a un crítico apellidado Lewes comenta:

“Desearía que no pensará en mí como una mujer. Desearía que todos los críticos creyeran que Currer Bell es un hombre, serían más justos con él. Continuará usted midiéndome con algún rasero de lo que considera que es propio de mi sexo”.

Charlotte escribió esta carta en 1849; han transcurrido 165 años.

Las hermanas Brontë fueron unas precursoras del feminismo sin saberlo; su contribución a la causa de la igualdad de la mujer no se basó en proclamas sino en algo más íntimo y visceral: ser ellas mismas.

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