LA INVISIBLE E IMPRESCINDIBLE COLABORADORA DEL SEPTIMO ARTE: LA MUSICA. Dotty Vásquez Mantero

La música llega a la vida del cine mucho antes de que este comience a balbucear sus primeras palabras.

Al principio el cine como nuevo espectáculo de entretenimiento, dejó boquiabiertos a los espectadores quienes no podían creer que pudieran estar viendo pasar ante sus ojos imágenes de la vida misma. Luego que este efecto mágico creado por el cine mengua un poco, el cine va adquiriendo otro matiz y comienza a contar historias, el público cae rendido a sus pies, sin embargo, había algo que le molestaba a este público exigente y esto era el desagradable sonido que emitían las bobinas de las cintas durante las proyecciones. Entonces se colocaron músicos en vivo, pianolas, pianos e incluso megáfonos para mermar el ruido. Pero comenzó a suceder que poco a poco la música le fue dando un sentido a la imagen, un sentimiento, un toque especial a los diferentes momentos de un film. Al principio la música escogida fueron los clásicos, Beethoven, Mozart, Bach, etc. Existieron orquestas enteras que tocaron en los cines, dependiendo del tamaño del teatro y algunas de estas orquestas incluso fueron exclusivas de algunas productoras cinematográficas. Pasó un tiempo para que una película contara con una música escrita para ella, es decir con una banda sonora original. Esto ocurrió en 1908, cuando nació la primera banda sonora original pues se mandó a componer música que se tocaría durante la proyección de las películas “El asesinato del duque de Guisa y Stenka Razin”, respectivamente.

 

La música acompañó de esta manera a todos los films de una época en que el cine no había aprendido a hablar y que se valía de ella para expresarse. Charles Chaplin por ejemplo  era un simple aficionado de la música, pero componía todos los temas de sus films y lo hacía con sentido, su música podía ensalzar la comicidad de las escenas que mostraban las historias de un Charlotte ocurrente, creativo, oportunista y generalmente desafortunado, el infortunio venía por supuesto con una musicalización acorde a la desdichada situación en la que Charlotte descubría que su felicidad o ilusión no duraría para siempre y que tenía que seguir solo y dando tumbos por la vida.

En los años 20 un invento revolucionó la aun en pañales industria cinematográfica, el órgano de tubos de teatro, una orquesta unipersonal, que podía reproducir la música de una orquesta completa y además era capaz de crear efectos de sonido, como bocinas de auto, galopes, etc. Cada músico le daba su toque personal, es decir que las productoras no tenían control de la música que se tocaba en los cines durante las proyecciones, esto dependía del músico de turno que tocaba en la sala.

El primer film pregrabado con sonido fue “Don Juan” en 1926.  Al año siguiente se proyecta “El cantor de jazz” primer film sonoro de la historia del séptimo arte, el cine comienza a hablar y poco a poco las bandas originales se hacen cada vez más populares, la presencia de la música es inevitable e imprescindible, pero para el público pasa desapercibida porque se funde con los sentimientos y sensaciones que esta misma produce. La música toca nuestro inconsciente y valiéndose de melodías y ciertos instrumentos puede llegar dimensionar situaciones, así es de poderosa. La música siempre nos transporta, nos lleva otros lugares, nos hace recordar y nos llena de nostalgia, nos puede arrancar una carcajada o nos puede llevar a un nivel de tensión supremo con ciertos acordes e intensidades. El espectador no sólo es conducido a través de la historia a vivir diferentes situaciones, la música hace su parte. ¿Será que nunca alguien se ha emocionado con la escena de los besos de “Cinema Paradiso”? Donde un conjunto de instrumentos de cuerda y viento parecen llorarle a Salvatore el tiempo vivido junto a Alfredo, al mismo tiempo que él se deleitaba viendo un collage de fotogramas que sólo la dedicación de un padre podría haber creado, al pegar todos esos besos prohibidos para dárselos como un último regalo al hijo que la vida le regaló ; quién no recuerda los hermosos coros y acordes del tema principal de “La Misión” que nos acompañan durante todo el film, haciéndonos vibrar de emoción por momentos o haciéndonos llorar como en la escena del perdón, en la cual la actuación de un joven Robert de Niro  nos quiebra junto a unos también jóvenes Jeremy Irons y Liam Neeson. Pues sí, estoy hablando de un grande de la música del cine en particular, me refiero a Ennio Morricone. Un genio, que mezcla estilos, crea melodías que calzan a la perfección con los momentos que cuentan los filmes o con la esencia de estos mismos. Genios como Morricone, Henry Mancini que nos puede llevar por los acordes más tristes con su “Thornbirds theme” o ponernos a caminar de puntas con su famoso tema de la “Pantera Rosa”, o los enamorados temas de Francis Lai, de los films “un hombre y una mujer” e “historia de amor “respectivamente. Este último es capaz de arrancarnos más de un suspiro o más de una lagrima con tan sólo escucharlo. Estos grandes de la música y muchos otros, que muchas veces permanecen en la sombra hasta que un Oscar o galardón les toca las manos, son los responsables de dimensionar un film, de hacer de la nostalgia un verdadero dolor, de la alegría un verdadero canto y del amor un verdadero idilio.

Escena final de los besos (Cinema Paradiso)

Escena final (Love Story)

 

© All rights reserved Dotty Vásquez Mantero

Dotty Vásquez Mantero nace en Lima, Perú en 1967. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima y fue profesora de Lenguaje Cinematográfico y Guión. En la actualidad ejerce como formadora, periodista y escritora de literatura infantil en la ciudad de Miami.

Dottyvasquez@gmail.com

 

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