LA CASA DEL PARAJE. Ariel Aboal

La casa parecía abandonada, en aquel paraje distante, la hierba crecida, en el portal un columpio de medio lado, una silla de tres patas y medias, un sonajero que ni el viento hacía sonar. En la puerta el número 1325 con el 5 de cabezas algunas veces cerrada otras entreabierta no dejaban ver nada en su interior, solo a través de la ventana rota se notaba algún que otro movimiento esporádicamente. Las únicas señales de vida eran aquel movimiento y un camino que indicaba el paso desde la verja hasta unas tablas que servían de escaleras.

De lunes a viernes casi a las cinco, yo esperaba el autobús justo en aquella verja, un cartel pegado a un poste de tendido eléctrico decía que allí paraba. Pero aquella tarde llovía, no había otro refugio que aquel portal y tuve que buscar amparo en él. Corrí abriendo paso por aquel sendero, no hizo falta saltar la verja, para mala o buena suerte estaba abierta. A mitad de camino un cordel se enredo en mi pierna derecha e hizo sonar un montón de latas que tenía amarradas, del portal salieron dos gatos corriendo en sentido contrario al mío, me alegré de qué no fueran perros recuperando el equilibrio y en unos segundos me encontraba bajo techo. El autobús pasaba a las seis, tenía una hora para aburrirme puesto que no había más nada que hacer.

La lluvia cada vez más fuerte cancaneaba sobre el techo como piedras y no como gotas de agua, de vez en cuando el viento con sus ráfagas me rociaba furioso. Sin darme cuenta dieron las seis, la tarde se despedía y la noche abría sus puertas, el frío y la humedad comenzaron a sentirse y por qué no reconocer un poco de temor. Seis y media y todo igual, ni rastros del autobús, el almuerzo hacía rato que era pasado. Hasta mi llego un aroma de café, pensé que era producto de la imaginación pero no, provenía del interior de la casa y salía por la ventana rota, de pronto el cerrojo se abrió dejando la puerta arrimada y el ruido que produjo, acompañado del chirrido de bisagras me hizo brincar hasta la hierba. El Corazón estremeció mi pecho y mis piernas no me sostenian. Tembloroso regresé al portal, me acerqué a la puerta tratando de mirar adentro, una trémula y suave luz dejaba ver a medias lo que había, entonces escuché una encantadora voz de mujer que dijo:- no temas, pasa. Empujé despacio la puerta para evitar algún crujido y zás…uno de los gatos entró despavorido hasta perderse en la oscuridad y yo quedé pegado al suelo.

Una vez adentro, en el centro de la sala sobre una mesita había una vela y hasta donde llegaba su luz era lo único que veía. El olor a café recién colado hacía más fuerte aquel sonido en mi estómago, cuando la misma voz encantadora que dicho sea de paso esta vez me sonó un poco espeluznante, me dijo:- sírvete mientras tomo una ducha, después espérame en la habitación. Dichas estas palabras, la puerta se cerró de golpe y unos pasos se alejaban. Llegué a la conclusión que para moverme tenía que sacar fuerzas de no sé dónde y agarrar la vela, fui alumbrando a medida que avanzaba hasta llegar a la cocina, a mis espaldas se escuchaba el agua caer en la bañera y en ese instante me di cuenta que el hambre se había esfumado, que debía correr hacia la puerta y escapar, pero unos ojos fosforescentes al pie de esta me hicieron cambiar de idea. Retomé la dirección opuesta hacia donde pensé que estaba la habitación guiándome por el sonido de la ducha, las tablas del piso crujían a cada paso y entré por un corredor que más bien parecía una nevera por el frío que expulsaba,  algunas telarañas se pegaron a mi cara hasta que al fin encontré la puerta de la habitación, la abrí en el exacto momento que el agua de la bañera dejaba de caer y la voz inexplicable me decía que una vez arriba de la cama mal tendida me acostara tranquilo y apagara la vela. Hecho todo lo anterior agucé el sentido del oído porque la vista era imposible adaptarla a aquella oscuridad, unos pasos se acercaban desde la distancia y un miedo estremecedor comenzó a apoderarse de cada fibra de mi ser, no podía moverme, la garganta no emitía el más leve gemido, tragar era imposible pues no tenía saliva, los dientes parecían castañuelas, aquellos pasos cada vez más cerca por el lateral izquierdo y los ojos fosforescentes volvieron a encenderse fijos por el lado opuesto. Los muelles del colchón chirriaron y sentí como se hundía la cama, un olor nauseabundo se acercaba cada vez más, los ojos ahora estaban a mis pies sin embargo una gélida mano rozó mi hombro. Salté involuntariamente y corrí a tientas para donde estaba la puerta y un golpe seco en la nuca es lo último que recuerdo.

Cuando volví en mi estaba sobre la cama pero había luz, mire a mi alrededor y me di cuenta que no era aquella casa sino un hospital. Una enfermera se aproximó y me dijo que unos jóvenes que estaban de juerga me habían encontrado tirado en el piso dentro de una casa abandonada y llamaron a emergencias, después de unos exámenes de rutina los médicos dictaminaron que el golpe no había dejado daños severos y ya estaba camino a casa pasado el mediodía. Al llegar comí desaforadamente y me preparé un exquisito café. En las noticias vi que producto del tiempo habían desviado el tráfico por las vías principales, traté de recordar algo de aquella noche pero mi mente no quiso hacerlo, tomé una ducha y una vez en mi cama dispuesto a leer algún libro la puerta del cuarto se cerró con un estruendo y detrás de ella una voz peculiar me dijo:- no te olvides de apagar la luz.

Ariel AboalAriel Aboal, 1970 Ciudad de la Habana Cuba. Publica un libro de poesías “Tristeza y Amor” en la ciudad de Miami 2008, recibe Mención de Honor en el Primer Certamen de Poesía “Florida Tierra de Poetas” en Marzo 2012 y Premio al “Poeta Favorito” en la “La Noche de la Poesía Erótica” Septiembre 2012. En el 2013 la antología poética “Noche de la Poesía Erótica” de la Editorial Voces de Hoy incluye mi poesía “La Ultima Cena” y la Antología de Mini Cuentos “Diez Por Ciento y Más” de la Editorial La Pereza incluye mi cuento “Pensamientos”. El condado Miami Dade en Diciembre 2012 me hace entrega de un certificado por aportar a la cultura en el IV Encuentro Literario Internacional “Luz del Corazón”.

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