LA ALDABA DEL DESIERTO. Graciela Perosio

 Recibí la invitación de Nagari para crear esta columna y poder compartir mi escritura con sus lectores, mes a mes. Y pensé en este título porque una aldaba, un picaporte, alude a abrir una nueva posibilidad de entrada y salida. ¿Por qué “del desierto”? Les cuento que asisto con frecuencia a lecturas de textos literarios en proceso y desde hace más de un año vengo detectando la presencia frecuente de imágenes que nombran distintos desiertos. Yo misma, en un libro de poemas inéditos, trabajo con ese paisaje. Entonces, insisto: ¿por qué el desierto?

Tal vez la primera respuesta obvia sea que todos vivimos pendientes de los sucesos en Siria, en Egipto, en Afganistán. Lamentablemente la lista podría expandirse y mucho. Fotografías terribles testimonian en el cotidiano las penurias de la poblaciones por esas zonas del planeta. Pero sin duda hay más aún.

La palabra desierto tiene una etimología común con el vocablo “desertor”, el que abandona sus vínculos, sus alianzas. Me pregunto ¿quién hizo del desierto el lugar del abandono? El desierto parece ser lo abandonado (¿por la divinidad? ¿por nosotros?) El desierto es el lugar por excelencia del silencio y la desorientación. Remite a las experiencias más arcaicas. En los desiertos yacen las huellas remotas de la humanidad y de su aventura civilizatoria.

¿Será que en momentos en que las voces que nos acompañaron callan…? Últimamente han partido muchos grandes escritores, filósofos, artistas, dejándonos en un desierto actual sin referencias, sin coordenadas para pensar lo que nos pasa. Entonces, también hay una invitación necesaria a descubrir la aldaba que abra la próxima puerta. Un llamado acuciante a nuestra creatividad. Todo fin alude asimismo a un nuevo comienzo. Voy a escribir desde las dunas de este 2017 como una arqueóloga que desea cuidar lo más valioso que hayamos conseguido y como quien,  a la vez, anhela un futuro mejor. Los invito a la búsqueda entre los granos de arena de la humanidad, como chicos que juegan minuciosa, delicada y alegremente a encontrar y construir desde los restos. Nada detiene a los niños cuando imaginativamente se deciden a jugar.

© All rights reserved Graciela Perosio

Graciela Perosio. Bs. As (1950) Escritora. Prof. Universitaria en Letras. Recibió la Beca Nacional de Investigación del Fondo Nacional de las Artes para estudiar la obra del poeta argentino Carlos Latorre. Publicó ocho libros de poesía: del luminoso error (1982 de autor), Brechas Muro (1986, Tierra Firme), La varita del mago (1990, Tierra Firme), La vida espera (1994, Del Dock), La entrada secreta (1999, Grupo Editor Latinoamericano), Regreso a la fuente (2005, Del Copista), Sin andarivel (2009, Del Copista), Balandro (2014, Paradiso), la antología Escampa, el corazón (Editorial Ruinas Circulares 2016) y El privilegio de los años, (Editorial Leviatán 2016)

Su obra ha motivado puestas escénicas multimediáticas, esculturas, pinturas y otras obras literarias. Muchos de sus poemas se han difundido por la red en sitios nacionales y extranjeros mereciendo juicios elogiosos de críticos y colegas. Un poema de su autoría fue seleccionado para realizar un afiche con ilustración de Alexiev Gandman que se presentó en las veredas de la Ciudad de Buenos Aires.

 

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