Kazajstán /Barcelona. Barcelona /Kirguistán. Eduard Reboll

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Dos historias…bajo la rumba.

 

San(t)s Vermuts, un popular espacio de tapas y bebidas que dirigen la hermosa catalana Carme y Malick, un artista polaco que hace unas patatas bravas llenas de infierno y labor, está este domingo repleto para escuchar rumba a cargo del grupo Som Jaleo. El vino tinto, la cerveza dorada, el ron, la ginebra Bulldog y el limón en los gin-tonics… habitan el lugar de un público variopinto. Al fondo, junto a la pared que divide la cocina de la sala, la voz y las palmas rumberas; al frente, la guitarra  flamenca al son de un sujeto ungido con una camiseta negra de manga corta; un rosario como collar rodeándole el alma, y un corte de pelo rasurado. En la parte central del cráneo, una cresta de gallo rubia y humilde. En su mirada: la bondad y la rabia gitana que le inspiró Camarón de la Isla; su ídolo y su ibuprofeno.

Ni se apellida Martínez, ni tiene por nombre Teodoro, ni adopta el alias de Pepe el Rey de las palmas …Vladimir creció en Bisek la capital de un país de la antigua Unión Soviética que se llama Kirguistán. A través de su territorio, Marco Polo cruzaba en caravana el camino a oriente trazando la Ruta de la Seda. Entre montañas rocosas y páramos, los kirguises han sido principalmente pastores y amantes de la tierra. Ciudadanos del paisaje con su yurtas, aquellas tiendas redondas y transportables donde pastan alrededor las ovejas, los caballos o los yaks durante la luna llena. Vladimir es un trashumante kirguiz que, en su quehacer cotidiano, disfruta de las melodías bajo el jazz, el rock, el punk occidental o el mismísimo cante jondo. Vino a esta ciudad por una mujer. Una hermosa fémina que conoció en Nepal durante uno de sus múltiples viajes de juventud, en busca de sí mismo.

– Llegué aquí cogido de la mano por amor y embebido bajo la pasión española. Si bien ahora me arrepiento. Ahora, lloro y rabio por haberme sumergido en el deseo. Pienso que no hay que tener deseos en la vida… sino aceptar lo que venga ¿tú qué crees?

 

Vladimir muestra en letra gótica, el tatuaje en su brazo izquierdo del nombre de la mujer que tuvo que abandonar por un exceso de polvo blanco en su orificio nasal. Su trabajo en el campo de la moda la llevó a mitigar su yo, con la ingestión de cocaína mientras, entre telas de lujo y organdí, diseñase vestidos para la alta sociedad. Ella lo abandona… y empieza su desamparo mientras se busca la vida tocando la guitarra dentro del underground. En el camino común hacia el dolor: su gran amigo Vladislav.

 

 

Entre la estepa y la frontera china hacia el este, en Astana, capital de Kazajstán nació Vladislav. Alrededor, ciudadanos rusos, uigures, uzbekos, ucranianos y tártaros. Se forjó al paraje de mezquitas y bajo la tradición estalinista en declive del presidente Nazarbáyec. Vivió la cultura nómada como parte de su relato y sintió la misma emoción que su amigo a la hora de ser abandonado por Cristina, su gran amor y aún esposa.

¿Pero quién es Vladislav? En el grupo musical toca la caja. Sus manos crujen bajo la lámina de madera al compás de los toques flamencos. Pica y repica los ritmos gitanos que vienen de la isla de Cuba y que Peret y el Pescaílla ( marido de la Lola Flores) popularizaron en dos prestigiosos barrios donde nace la rumba catalana: Gracia y Hostafrancs.

– Nos conocimos en mi país. Vladimir y yo, somos músicos. Pero cuando entablamos relación empieza una crisis profesional y decidimos marcharnos a la India. Bajamos a Nueva Delhi, Bombay…y entramos en la cultura hindú como si fuéramos dos monjes. Nada de drogas, ni carne, ni alcohol. Afirmo rotundamente que el karma funciona y que no hay que soñar. Soñar es peligroso en este país de castas y ríos sagrados.

 

Los dos se animan a relatar sus hazañas. Se miran tibiamente a los ojos y siguen…

– Un día encontramos un elefante salvaje en la jungla. No había nadie y se abalanzó contra nosotros. Nos salvamos de milagro. Da más miedo este animal que una cobra. Si te pones en su camino te puede matar. En la India, la gente vive muy unida a la naturaleza. Todo está en los campos: el arroz, el mijo, las legumbres, té negro. No teníamos ni luz ni internet ni nada. Vivíamos al día.

 

Antes que cojan sus instrumentos para ir a Canela Fina, otro local de música flamenca de Barcelona, se me ocurre preguntarle a Vladimir qué es para él Barcelona. La respuesta lo dice todo. Coge el índice de su mano derecha y señala su antebrazo dibujado en azul.

– Barcelona es Sandra.

 

Barcelona como metáfora de mujer. Barcelona como repique de cuerdas en una caja hueca de madera noble. Palmas al unísono. Dolor en la pérdida de un ser que ya no esta a su lado en la cama. Barcelona mestiza y abierta a todo aquél que la quiera y la habite con su maleta de viajes. Un libro franco y difícil de traducir en el día a día. Ciudad de quimeras y en trance hacia el-no-se-sabe. Esta fotografía que tanto ama: el que ama o ha amado la aventura. Y lo sigue haciendo, a pesar del ahogo y la penuria…Adelante Vladimir y Vladislav que siga la rumba de Barcelona, como dice la canción.

 

La Rumba que coneixem

no és de la Xina ni del Japó.

La nostra Rumba de Barcelona

està marejada de voltar el món.

La nostra Rumba de Barcelona

està marejada de voltar el món.

 

La Rumba neix al carrer

filla de Cuba i d’un gitanet.

La Rumba neix al carrer

filla de Cuba i d’un gitanet.

I sa germana que és l’Havanera

viu gronxadeta entre mariners.

I sa germana que és l’Havanera

viu gronxadeta entre mariners.

 

 

La Rumba que conocemos/no es de China ni de Japón./Nuestra Rumba es de Barcelona/y está mareada de recorrer el mundo./Nuestra Rumba de Barcelona/está mareada de recorrer el mundo.

La Rumba nace en la calle/hija de Cuba y un gitanillo./La Rumba nace en la calle/hija de Cuba y un gitanillo.

Y su hermana, que es la Habanera/vive columpiándose entre marineros/Y su hermana que es la Habanera

vive columpiándose entre marineros

 

Barcelona, hoy más que nunca…del mundo y de los que la habitan: vengan de dónde vengan.

 

  • La rumba de Barcelona . Gato Pérez

  • El grupo Som Jaleo en el programa de Toni Rovira

 

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Eduard Reboll Barcelona,(Catalunya)

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