JUAN GABRIEL VÁSQUEZ: HISTORIA UNIVERSAL DE COLOMBIA. Vera

Juan-Gabriel-Vasquez (foto)La obtención de Jorge Franco del Premio Alfaguara 2014 (¿próximamente con nuevo apellido: Penguin Random House?) es una buena excusa para volver a los dos encuentros que tuve con Juan Gabriel Vásquez en Estados Unidos.

Poco antes de ganar el mismo premio por “El ruido de las cosas al caer” en el 2011,  había publicado las novelas “Historia secreta de Costaguana”, “Los informantes”  y el libro de ensayos y artículos periodísticos “El arte de la distorsión”, obras de calidad que –no siempre así sucede, sin embargo– encontraron lectores en el continente americano como en el europeo.

La novela política ha sido fecunda en la narrativa latinoamericana. Sin embargo, la más reciente generación de escritores parece haberla dejado un tanto de lado. ¿De alguna manera con  ‘Los informantes’ regresas al género?

En una generación siempre habrá novelistas más “políticos” que otros, y también sucede que un mismo novelista tiene libros más “políticos” que otros. De manera que no puedo dar un diagnóstico general. Pero es verdad que esa generación a que te refieres se ha visto obligada a una lenta depuración de la idea de novela política. La novela latinoamericana siempre fue predominantemente social, desde los Azuelas y Asturias hasta el boom, un movimiento orquestado alrededor de un fenómeno como la revolución cubana. Pero después de eso, la política ha entrado en nuestras casas, se ha vuelto más sutil y más íntima, y por eso más peligrosa. Mi novela da cuenta de una situación así.

¿De qué manera tuvo el primer acercamiento sobre el tema que narra la novela?

En 1999, durante una breve estadía en Colombia, hablé con una mujer judía y alemana que había llegado a Colombia en los años 30, tal como el personaje de Sara Guterman en mi novela. En medio de una charla casual, esta mujer me contó una historia: su padre, judío, había estado a punto de ser recluido como ciudadano enemigo por el hecho de ser alemán. Esta paradoja —el hecho de que un hombre que sale de Alemania huyendo de Hitler sea perseguido en Colombia por ser alemán— me llevó a interesarme por los sucesos de esos años. Así comenzó el proyecto de Los informantes.

¿Por qué piensa que este hecho histórico (los campos de “alojamiento” para los ciudadanos del Eje)  sea un tema que haya quedado relegado en la historia política colombiana?

Por dos razones, una más general que la otra. La más general es casi un cliché: Colombia es un país extraordinariamente desmemoriado, incapaz de revisar su propio pasado con un mínimo de rigor. La otra razón es que el asunto de estos campos, y de los malentendidos y excesos que esos campos conllevaron, es un tema difícil, una mancha en esos años de gobierno liberal y más o menos sensato. La reclusión de extranjeros enemigos, fascistas o filonazis, era lógica; los desmanes que se cometieron por ignorancia o desidia, como perseguir a un alemán inocente por el mero hecho de su nacionalidad, es una aberración. Eran tiempos muy confusos, y me interesaba internarme en esa confusión.

“Los Informantes” tiene muchos recursos literarios y también del nuevo periodismo.

Los recursos literarios son simplemente herramientas que el escritor tiene a mano para hacer que su historia llegue a puerto de la mejor manera posible. La única obligación del novelista es crear una realidad convincente, emocionante y significativa. En el caso de Los informantes, la novela es un proceso de averiguación por parte del narrador, que es periodista de profesión. Era obvio entonces que sus métodos narrativos se acercaran a la indagación periodística. Simplemente había que encontrar la forma de hacerlo convincente y emocionante.

¿Generacionalmente, con quiénes encuentras afinidad estética y qué novelas te han parecido interesantes?

Casi todos los escritores que han sido importantes para mí están en la lengua inglesa. De alguna manera, los escritores latinoamericanos con los que guardo afinidad son los que comparten esos intereses y son capaces de instalarlos en la tradición latinoamericana, que siempre ha sido marcadamente cosmopolita. Hoy mismo puedo hablar de dos lecturas muy recientes: El pasado, de Alan Pauls, y Jardines de Kensington, de Rodrigo Fresán. Pero son dos nombres de una generación anterior a la mía.

Los jóvenes escritores latinoamericanos están instalándose en España y Estados Unidos en vez de Francia, antaño fructífera en acoger autores…

La razón por la que los escritores latinoamericanos emigran no son idénticas en todos los casos, y generalizar corre el riesgo de simplificar un tema que es muy complejo. De hecho, no es lo mismo ser exiliado que simplemente expatriado. Como generación, sin embargo, los escritores más jóvenes no hemos hecho sino cumplir un tránsito que ya había comenzado con el boom, cuando, a principios de los años setenta, toda una generación —Vargas Llosa, García Márquez, Bryce Echenique— se instaló en Barcelona llevada por la riqueza de la industria editorial. Para mí, Barcelona es simplemente un lugar donde puedo vivir de lo único que me interesa: los libros.

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En los últimos años se ha editado con gran aceptación del público una literatura denominada “Nueva Narrativa Colombiana”: Santiago Gamboa, Jorge Franco, Mario Mendoza, Efraín Medina Reyes.  Sin embargo en sus novelas y cuentos  aborda otro tipo de temas. ¿Nunca se ha propuesto abordar la historia actual de Colombia?

No creo tener nada en común con esos autores que usted menciona, pero esto no es raro, porque nunca me ha interesado la literatura como una actividad gremial ni colectiva. En cuanto a la historia actual de Colombia, no es cuestión de proponerme abordarla: yo no escojo mis temas, sino que ellos me escogen a mí. Es decir, hay algo que una historia que me obsesiona y se va quedando conmigo años y años hasta que no me queda más remedio que escribirla. Cuando eso me suceda con la historia actual, cederé a la obsesión.

“Los Informantes” e “Historia secreta de Costaguana” se encargan de iluminar lados ocultos de la historia colombiana. ¿Qué fascinación encuentras en estas historias relegadas de la historia oficial?

Precisamente, que han sido relegadas. Soy uno de esos obsesionados un poco peligrosos que creen que lo que no ha sido contado en una novela, no ha sido comprendido por el ser humano. La novela se mueve muy bien en esos terrenos de nuestra experiencia colectiva que están en sombras todavía, de los que se habla poco o nada porque son problemáticos o difíciles, porque tocan puntos sensibles. Echar un poco de luz sobre esos momentos, y sobre la forma en que afectan las vidas íntimas de las personas, me parece una de las justificaciones más hermosas del oficio.

Frente a las pocas fuentes de información y mucho de mito ¿cómo fue el proceso de construir estas novelas?

El proceso tuvo una sola restricción: evitar la redundancia. Lo que me interesaba más que todo era contarle al lector algo nuevo, hacerle sentir que en mis novelas hay algo (una manera de ver el mundo, de interpretarlo) que no está en la información histórica conocida. Sorprenderlo. Éste es siempre mi objetivo: sorprender al lector.

Fuera de los autores colombianos, parecería que uno de los rasgos que comparte Juan Gabriel Vásquez con los de otras partes de la región es buscar maestros en otras tradiciones.

Para mí, la literatura es uno de esos mundos donde la regla es mirar hacia fuera, y la excepción, la endogamia y el provincianismo. El asombro que produce que un escritor se alimente de lenguas y tradiciones que no son la suya es algo muy nuevo. Una de las cosas que le debemos al boom es ese rompimiento con lealtades tontas: García Márquez o Vargas Llosa, en parte por la herencia de Borges, se alimentaron no de la tradición de la novela latinoamericana sino de Faulkner, Flaubert, Hemingway. Y sentían que estaban en todo su derecho.

Su primera novela fue editada en el Reino Unido. Recibió elogios de John Banville y Colm Tóibin. Hubo una crítica de “The Spectator” que decía que era “el heredero de la antorcha de García Márquez”. En verdad, ¿qué siente al leer este tipo de halagos?

Por supuesto que una gran satisfacción: sería cínico o ingrato decir otra cosa. Esos autores son gente que admiro, que ha sido importante para mí en la escritura de mis propios libros. La lengua inglesa me formó, la novela en inglés me formó, de manera que todo esto me da mucha satisfacción.

© All rights reserved Hernán Vera Alvarez

Vera (foto libro)Vera –Hernán Vera Alvarez– (Buenos Aires, 1977) es escritor y dibujante. Ha publicado el libro de cuentos Una extraña felicidad (llamada América) y el de comics ¡La gente no puede vivir sin problemas!. Muchos de sus trabajos han aparecido en revistas y diarios de Estados Unidos y América Latina, entre ellos, El Nuevo Herald, Meansheets, Loft Magazine, El Sentinel, Nagari, Sea Latino, TintaFrescaUS,  La Nación y  Clarín.

Vivió ocho años como un ilegal en los Estados Unidos donde trabajó en un astillero, en la cocina de un cabaret, en algunas discotecas, en la construcción. Desde el 2012 también es ciudadano americano. Blog: www.Matematicasencopacabana.blogspot.com

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