Jodíos Hackers. Eugenio R. D. Gil De La Madrid Figueroa

Se escucha un menear de llaves y se abre la puerta.

—¡Ya llegué, cariño!

Exclamó, un hombre, mientras entraba a su apartamento. Se volteó cerrando la puerta de entrada con pestillo y colocó las llaves dentro de un cuenco, encima de la mesa de entrada. Se quitó una mochila del hombro y una cartera de la cintura, ambas marca Canon, que llevaba y las puso a los pies de la mesa.

—¡Papi!

Sale corriendo hacia él su hija, Fabiana, quien lo abraza al él agacharse.

—¡Ya llegaste! –dándole un beso a su padre en la mejilla y un abrazo bien fuerte que le quitó un poco el aliento–. Te deberías afeitar, estás áspero de nuevo…

Soltó su padre un suspiro y le dio una pequeña sonrisa.

—Uf, ¿vaya cómo te fue el día de hoy?

—La escuela, lo mismo de siempre. –rota los ojos a la derecha y suspira– Juan se metió en problemas con la Missy de nuevo, porque le cortó el pelo a otra nena que le gustaba durante el receso.

—¡¿Pero no supervisan en esa escuela?! –mira con una mirada de espato y confusión a su querida hija.

—Bueno sí, pero papá los nenes están locos –mueve su dedito circularmente, como si desenroscara un tornillo, al lado de su cabeza mientras se le escapaba una risa–. Hay reglas para que no traigan cosas a la escuela, ¡si traen algo lo confiscan! Pero a ellos no les importa y la traen en secreto. ¡Como Abdiel, papi, que trajo hoy su nuevo Nuevo 3DS! Papi yo quiero uno. Tenía un juego de criar animalitos y dragones y–

 

 

—Perdón cariño, pero creo que los regalos como esos van a tener que esperar, –dijo mientras inspeccionaba las compras que había en la cocina– ¿y como te fue con Samanta pudieron resolver el problema?

—No. Aun no me quiere hablar. ¡Oh Papi! ¿Vistes lo que yo y Aurora

Le corrigió su padre —Aurora y yo.

—Está bien, ¿vistes lo que Aurora y yo compramos en el supermercado después que me recogió de la escuela?

—Sí. (En verdad que esa chica si sabe cómo aprovecharse de las ofertas de especiales y encontró exactamente lo que le había pedido. Aunque sea punk es buena niñera). Sabes, ¿por qué no comemos esta noche un poco de bistec?

—¡Sí, que rico! (Era exacto lo que quería). –piensa la pequeña con una sonrisa de satisfacción.

—Le debemos a Aurora las gracias. Ahora bien –dijo mientras frotaba las manos con una gran sonrisa y un brillo en sus ojos como si fuese a emprender una gran obra maestra. Observando los ingredientes al frente de él maquinando que plato haría– y que tal las asignaciones, ¿ya las has hecho?

—Je-je, aún no.

—¿Ah, pues qué esperas?

—Okay ya voy… ¿Papi está bien que las haga mientras tu cocinas? –Le pregunta Fabiana en voz tierna.

—Como no. No veo ningún inconveniente. –dice esto mientras organiza los ingredientes.

—Okay. Regreso enseguida. (Qué bueno que solo me falta la asignación de matemática, podré seguir compartiendo un rato más con él).

 

 

Mientras los dos cenan juntos en la sala disfrutan de dos platos improvisados de bistec con patatas caseras y un tazón de ensalada. Al comer se escuchaba el televisor. Estaban dando las noticias de las seis de la tarde.

“… Según ellos el gobernador y su legislación le deben al pueblo la verdad sobre el nuevo incremento en los impuestos y la desaparición de los bonos…”

El sabor del bistec bañado en salsa caramelizada con una pizca de vino tinto se vuelve amargo. Suspira bajando la cabeza y colocando su mano a la frete:

—Cariño. ¿Puedes apagar el televisor por favor?

—¿Papi porque? Esta interesante y ¿no estabas trabajando en ese caso?

—Sí, pero ahora no. He tenido esa mierda por más de un mes en la oficina. La estamos pasando bien, no hay razón para traer estos asuntos a casa.

“…por eso el grupo cyber-terrorista, Y@Y@3L, ha declarado que hará público por las redes información confidencial sobre los actos corruptos y otros datos personales de los legisladores si no aceptan sus demandas. También, si tratan de rastrearlos o de atacarlos con violencia tomaran medidas drásticas…”

—Oh, está bien. –miró fijamente el televisor, con una expresión seca, se bajó de su silla y fue a apagarlo.

—Si de verdad te interesa, te lo explico cuando por fin los imbéciles que corren este país puedan explicarlo coherentemente.

—Está bien, ah, y papi ya me debes diez dólares.

—¿Qué? –al recordar se empieza reír un poco–. Ay, volví a decir una palabra grosera…

—Sip, habíamos prometido que si seguías diciendo esas palabras te podía multar y que me pagarías a fin de mes. Mañana empieza marzo, ¿pues ya sabes que eso quiere decir? –Fabiana se ríe con una carcajada.

—Vaya no puedo creer que mi hija me esté extorsionando y a los nueve años, ja-ja. –los dos se echan a reír–. Aunque quizás yo obtendré yo obtendré la última risa.

—¿Por qué? —pregunta Ana.

—Porque hoy te toca lavar los platos.

Suspira la chica bajando la cabeza —Me había olvidado de eso…

—Vamos, vete a lavar los platos y yo acomodo la sala. Luego te acuestas a dormir que mañana tienes escuela.

—Okay, ¿pero me cuentas uno de tus cuentos esta noche?

—Claro, cariño. –le dice sonriendo.

 

 

Mientras Fabiana se prepara para ir a dormir Víctor Ovejero, su padre, seguía limpiando el área de la sala. Allí halló tirada detrás del sofá una de las muñecas de Fabiana.

—Fabi, ¿porque Marie esta tirada detrás del sofá? –exclamó él–. (Ahora que lo pienso, no la he visto jugar con ella desde hace tiempo).

—Porque ya estoy demasiada de grande para estar jugando con muñecas. –le responde ella desde el baño.

—¿Qué, pero si hace apenas ayer te vi jugando con tus otras muñecas y esos caballitos de colores?

—Sí. Pero y-ya no quiero a esa… –dijo forzosamente para no seguir hablando del tema.

—Está bien.

Decide colocar la muñeca al lado de uno foto familiar. En la foto esta una mujer en bata con pelo rubio ondulado abrazando y besando cariñosamente en la mejilla a Fabiana, de seis años; que está abriendo en sus pijamas un regalo de navidad, que a su gran sorpresa contenía la muñeca que quería. Los ojos de Fabi quedaron atrapados abiertos llenos de felicidad y asombro, mostrando una gran sonrisa mellada.

Aún no ha recuperado. Aún ambos no hemos recuperado.

De repente se escucha una serie breve de gran explosiones a lo lejos un leve temblor hace retumbar el apartamento. Fabiana grita desde el baño y Ovejero va de prisa a su lado.

—¡Fabiana! –grita Ovejero. Abraza su hija en el pasillo, ella que acababa de salir del baño en sus pijamas a buscarlo. Tensamente apretando sus dientes tratando de controlar la ansiedad del momento–. Fabi, ¿estás bien?

—S-sí, p-papi, ¿que fue eso? —responde la niña aguantando atrás las lágrimas, abrazando a su padre con toda su fuerza.

—N-no lo sé —resbalan las palabras de sus dientes —Ana necesito que te metas dentro de la bañera.

—¡Papi no! ¡No me dejes!

—Voy estar aquí, solo voy a la sala, cariño.

Él prende el televisor. Observando si están pasando algún aviso de emergencia. Nada. Empieza escuchar a lo lejos sirenas. Saca su celular a ver si le ha llegado algún comunicado. Nada. De repente empieza a sonar su celular. Está entrando una llamada. La contesta:

“Esto es un anuncio del STRPR Servicios Telecomunicados en la Red de Puerto Rico. Le estamos llamando para informarle sobre nuestras nuevas ofertas promocionales de planes de paga y de protección todos bajo costo…”–Sigue la voz automática de anuncios.

—“Todo bajo costo” –dice Ovejero en voz cínica–. No jodan ahora. Imbéciles. –mirando fustradamente su celular engancha la llamada.

Vuelve a entrar otra llamada:

—¡¿Y ahora qué?! –dice al contestar el celular.

—¡O-Ovejero! –exclamo una voz grave por el pánico.

—¿Claudio?

—Ovejero. Lo explotaron. ¡Esos hijos de putas lo explotaron!

—Claudio, ¿qué está pasando?

—¡Explotaron el Capitolio!

—Que explotaron el Capitolio –no puede ser. –el golpe de la noticia lo hace tener que sentarse. Cierra sus ojos, se pasa la mano en la frente, tratando de poner sus pensamientos en orden.

—¡Fueron esos jodios hackers! Ovejero te necesitamos que te tires pa’ lla’ y que reportes todo lo sucedido. Entiendes.

—Pero estoy solo con Fabi y ya mismo son casi las nueve de la noche. No la puedo dejar sola después de todo esto.

—Perdón –retumba su voz con sinceridad– pero vives en San Juan. Eres el reportero más cercano que tenemos al Capitolio, te queda solo unas cuantas calles.

—Ya lo sé. –respirando profundamente accede, como si no tuviese más remedio–. Vale, está bien.

Enganchó su celular. Se levantó un poco desorientado pasando sus dedos por su cabello corto y oscuro con algunas canas. —Me van a salir más canas. –murmura dentro de un suspiro. Toma unos pasos para despedirse de Fabiana, pero en vez la encuentra detrás de él.

—Te tienes que ir. –le dijo

Él la abraza y responde que sí. —Vale, cariño vete a la cama. Así más rápido llegará la mañana y yo estaré aquí. Si algo tratare de pedirle a Aurora si puede pasar. –Le levanta su pollina lacia y oscura, y leda un beso en la frente a su hija.

—Está bien papi.

 

Ovejero rápido tamo un chaleco con ID y recoge su bulto y cartera negra, marca Canon. Que contiene todo su equipaje: cámara, ordenador portátil, grabadora, cargadores, libretas, lápices y bolígrafos. Toma sus llaves y cierra la puerta con seguro. Rápido le va a tocar a la puerta de la vecina de al frente.

—¡Aurora! –Golpeando ligero con una fuerza que retumbaba por el pasillo.

Por suerte la puerta abre rápido:

—¿Sr. Ovejero? –Lo recibe una chica jincha con pelo colorido recortado hasta las mejillas, era una universitaria de intercambio con una mirada conmocionada. Viendo como él está vestido rápido le suelta–. Oye mister, ¿que fue esa explosión?

—¡Aurora que alivio!. Necesito un favor bien importante.

Ella se recuesta en el marco de la puerta cruzando los brazos. —Well, sure. Whatever happened had to be pretty big to leave you all shaken up like this.

—¡Perfecto gracias! ¿Por favor puedes cuidar a Fabiana? Te puedes quedar en la casa toda la noche. –se voltea y echa correr hacia el ascensor–. Ah, por favor mantén la puerta cerrada con pestillo y no dejes a nadie entrar. –Se vuelve a voltear y le dice mientras llama el ascensor.

Well sure, no problem. ¿Pero antes que te vayas tell me what the hell’s going on? I mean the explosions, the tremor, and all those damn sirens…

—Explotaron el Capitolio. –le dice Ovejero mientras se cierra el ascensor.

 

<continuará…>

 

© All rights reserved Eugenio Gil de la Madrid Figueroa

Eugenio Gil de la Madrid Figueroa. (San Juan). Estudiante de Estudios Interdiciplinarios en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Se dedica a la filosofía, a los videojuegos, el dibujo y, por supuesto, la escritura y la buena lectura.

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