IMAGINAR EUROPA DESPUÉS DE PARÍS. Carlos Gámez Pérez

Paris

Mucho se ha hablado sobre los ataques terroristas perpetrados en París este mes. Me refiero, evidentemente, a la primera reacción condenatoria, que ha sido el discurso dominante desde los medios masivos, que se expresaban con alarma y en defensa de los valores occidentales. Pero también al contradiscurso elaborado desde posiciones más alternativas, que protestaba por el hecho de que los medios trataran la actualidad como si hubiera víctimas de primera y víctimas de segunda, todas ellas del terrorismo. Lo que no hacía ninguno de ellos era imaginar en futuro, intentémolos por un momento.

Imaginen un mundo en donde las potencias no puedan azuzar conflictos armados en sin que estos salpiquen su política exterior. Un mundo en el que el debate ético de los que criticaban a quienes financiaban tiranías en el exterior mientras conservaban sus valores democráticos y su respeto a los derechos humanos en el interior no tendrá sentido porque ya no podrá suceder. Pues bien, señores, ese tiempo ha llegado, no para los EEUU, cuya población vive alejada aún de esos conflictos. Pero sí para Europa, para quien el mundo se ha empequeñecido y cuya política exterior será fiscalizada, sobre todo si esos conflictos tienen lugar en el Norte de África o en Oriente Próximo. Si Europa está dispuesta a financiar una guerra en esas regiones, se llenará de refugiados el Viejo Continente, cosa que no gusta porque, aunque se diga que todos los humanos lo son, eso no oculta que los europeos somos racistas. Si, para acabar con esa guerra y con el problema de los refugiados, Europa decide bombardear posiciones de grupos armados que no son de su parecer, pasará lo que sucedió en París el pasado 13 de noviembre, que esos mismos grupos sufragaran ataques terroristas en nuestro propio territorio aprovechando nuestras debilidades, y nos implicarán en esa guerra. Así que vamos a empezar a ser responsables de nuestros actos.

En este contexto, imaginen una sociedad en donde los ciudadanos puedan implicarse en esos conflictos. Un mundo en donde, en vez de llenarse la boca criticando a su propio gobierno o la situación en cualquier lugar del mundo, el ciudadano actúe. Que decida dejar de consumir petróleo durante un cierto período de tiempo para debilitar a un grupo terrorista que se financia con la producción de combustibles fósiles, con lo que paga elevados sueldos a sus mercenarios, y que pretende cambiar su forma de vida por una interpretación estricta de una de las varias religiones que pueblan el mundo. Una iniciativa ciudadana que su acción lleve: 1) a bajar el precio del petróleo en los mercados por la falta de demanda; 2) a los gobiernos afectados por esta movilización a iniciar un bloqueo económico y a no escudarse en vanos discursos sobre el mercado libre y el capitalismo, que no fueron obstáculo para los bloqueos que se impusieron durante años a Cuba e Irán, por mencionar dos. Porque lo cierto es que ese petróleo circula a través de la frontera turca con la ayuda de militares kurdos corruptos. Y son varias las fuentes que apuntan a la comercialización de ese petróleo por parte de la multinacional de EEUU y Arabia Saudí: Aramco, que se limita a cambiar el etiquetaje de los barriles producidos por ISIS. Y que nos lleva hasta el punto de tener que recordar las tristes declaraciones de la embajadora de la Unión Europea en Bagdad, Jana Hybaskova, refiriéndose a la producción de crudo de ISIS: “Estados miembros de la Unión Europea compran desgraciadamente ese petróleo”. Declaraciones expresadas durante el pasado septiembre de 2014, y que poca gente ha recordado en estos días de reflexión tras los atentados, por no hablar del origen de las armas que usaron los terroristas.

 

© All rights reserved Carlos Gámez Pérez

Carlos GamezCarlos Gámez Pérez nació en 1969, en Barcelona, España. Estudió Ciencias Físicas, Historia de la Ciencia y Creación Literaria. Colabora con revistas como Sub-Urbano, La bolsa de pipas y Nagari. Es autor de un diario sobre sus vivencias en las cárceles de Nicaragua titulado Managua seis (2002). Ganó el IX Premio Cafè Món con la novela Artefactos (2012) y ha sido seleccionado para las antologías Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos (2013) y Llegamos en avión (en prensa), así como para el primer número de la revista Presencia Humana (2013), dedicada a nueva literatura española extraña. En la actualidad trabaja en la University of Miami. En su bitácora personal, El blog de Carlos Gámez, estudia las relaciones entre ciencia y literatura.

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