HUMO Y OTROS POEMAS. Dolors Fernández

Humo

 

Humo.
Humo negro y espeso.
Plomo en el centro
con fuerza centrípeta
socorrido a golpes del dolor más denso.
Humo.
Volutas, caracolas dudosas
que se elevan hasta lo más alto
mientras el plomo es imán y es reclamo.
Humo.
Engendrado en la oquedad
de unos ojos incendiados.
 

Solo creo

 

Solo creo en el silencio
y mi voz ha de perderse
en los ojales del miedo,
tras vacías soledades,
entre baluartes sedientos.

 

 

El astillero

 

Hiela en este rincón del astillero
donde se arman las costillas
una a una
y en un regazo desconocido
se acunan ráfagas,
presagios del viento del norte
que se filtran entre rendijas
apuntaladas con cal.

Hiende la verdad por su clarividencia
el mismo centro del meridiano
y acaba inventando
una mentira
tan pálida y ojerosa
que nadie se la cree,
a pesar del maquillaje
sobre su media sonrisa.

Hieren los peldaños que descienden al vértigo.
La condena para el vencedor
es un repiqueteo de gotas de acero
aunque la sequía,
el tiempo ante su stop,
el paraguas afilado
compongan un caligrama
que se traiciona en cada beso.

 

Infancia

 

Con tu afilada navaja, padre,

hice un corte limpio,

recto, profundo

en la carne del dragón.

La cabeza, separada del resto,

se estremeció.

Fue el movimiento empírico

de una lagartija en llamas.

Triste carambola del azar,

ponerla en mi camino

fue solo un cuento de princesas.

 

 

Hubiera dicho que no

 

Hubiera dicho que no

y, sin embargo,

un resquemor crujió las aristas

del sortilegio.

La falla se hundió un poco más

tras la poda

del árbol-vorágine,

del árbol-incendio,

del árbol-fénix

y las aves desplegaron las alas,

piaron histéricas

en busca de un horizonte de luz.

 

Sonreí solo para mí,

de fuera para adentro.

Me senté en mi sillón

de teca y plumas

y me eché a dormir.

En el porche languidecía

una tranquilidad de luto.

Ya no había trinos

y apenas croaban las ranas

en su estanque,

en lo que algún día fue fuente,

a mi pesar.

 

Seguí durmiendo y soñé

en mi jardín hierático y perenne,

sin sentido -pensé-.

Pero llegó la mañana trasnochada

y con ella el reverberar

de un gallo lejano.

En su desnudez,

mi árbol podado era, a lo sumo,

un fetiche insensible.

Sin flor, sin fruto,

solo su terca persistencia

me ataba a él con un hilo de vida.

 

Contemplé que las aristas

habían cedido

y que el hundimiento

habría de llegar,

aunque yo hubiera dicho que no.

Caí luego en aquella hondura

incompleta

pero en mi cara

aún bailaba el aire.

Cuando abrí los ojos

la brisa pura

cimbreó sus ramas.

 

En mi subterránea certidumbre

me alegré.

Pensé en alcanzar sus raíces,

alimentarlo,

abonarlo

hasta hacerlo, de nuevo, mío.

Quise adherirlo al mundo

en mi desesperación,

para que en su destino

se labrara mi imagen.

Sin embargo, ahora

hubiera dicho que no.

 

Mi corazón mordido por tus labios

 

He despertado hoy

con la mano tendida hacia delante
en la tozuda cerrazón

de un puño.

 

He sentido que los golpes
en el punching de mis días

se volvían un espejismo
en clave de pesadilla.

 

He visto que mi corazon

mordido por tus labios

late hoy

entre diástoles de abrazos.

 

Del Poemario Mi corazón mordido por tus labios. Dolors Fernández. Ed. La Marca Negra Ediciones. Murcia (España), 2017

© All rights reserved Dolors Fernández

Dolors Fernández (Barcelona, 1968) se licenció en Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona. Correctora de estilo y tipográfica, profesora de español para extranjeros, colabora en diferentes revistas literarias y ha participado en numerosas antologías sobre poesía y  relato breve. Mi corazón mordido por tus labios es su primer poemario, editado en La Marca Negra Ediciones durante 2017. Autora bilingüe (castellano y catalán), ha obtenido diversos premios literarios en las modalidades de relato y poesía. En la actualidad administra el blog literario Despeñaverbos (http://despeñaverbos.es/).

 

 

 

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