HEDDA GABLER. Henrik Ibsen. Adaptación Stephanie Ansin y Fernando Calzadilla. Dirección Stephanie Ansin

HEDDA GABLER CARTEL

Obra: Hedda Gabler. Autor Henrik Ibsen Adaptación. Stephanie Ansin y Fernando Calzadilla

Dirección Stephanie Ansin Producción Elaiza Irizarry Escenografía, Vestuario e Iluminación Fernando Calzadilla Música, Composición y Diseño de Sonido. Lucciano Stazzone

Jessica Farr, Kit Marsh, Kate Young, Gregg Weiner, Diana Garle,

John Dennison, Paul Tei,

Hedda…La sordidez de la belleza ante el tedio.

La historia ubicada a finales del XIX cuenta la vida de la hija del general Gabler en una villa a las afueras de Oslo. Hedda, una vez acabados los privilegios de la nobleza en Noruega, tiene que rehacer su vida a golpe de mentiras, destrucción y cinismo con quienes la rodean. Busca un estatus que ya no posee y lucha, bajo la inadaptación, contra una realidad que ya no existe. La ausencia de amor hacia su marido Jorge Tesman, candidato a una cátedra y a sus quehaceres intelectuales, su relación familiar con su bien intencionada tía Julia y Berta, la impertérrita criada que le atiende en su nueva casa, harán de su supervivencia un completo hastío.

“A veces creo que sólo sirvo para una cosa en este mundo […] para aburrirme mortalmente”

Tres personajes externos “animarán” -es un decir- el conflicto existencial de su vida: el juez Brack, un amigo de Tessman, intentará enamorarse a sus espaldas y bajo la extorsión. Thea Elvsted, una antigua compañera del instituto escolar de Hedda, se presentará de repente en su morada para comunicarle sus últimos acontecimientos sobre sus relaciones afectivas. Y servirá de puente para hablar de un antiguo amigo común en su juventud, Eilert Lovborg. En el devenir de la historia, este escritor de éxito, bohemio y ex alcohólico, pondrá en tensión sus conversaciones. Al final, la desaparición del manuscrito de su último libro en una fiesta que se organiza en casa de Brack donde acude él y Tesman, desencadenará el dolor y la rabia en Thea hacia ella. La autodestrucción de Hedda crecerá bajo la frialdad e inteligencia de una mujer que no sabe qué hacer consigo misma, ante su soledad o el miedo al escándalo.

Un apartamento contemporáneo de estilo nórdico y minimalista, acoge en dos pisos unidos por una escalera central, un espacio escénico impecable y atemporal frente al público (Fernando Calzadilla). Bajo una espectacular puesta en escena, el blanco funcionará como una página aún por escribir a lo largo de la obra ante el espectador.

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Se irán sumando, como párrafos, el egoísmo de Hedda bajo un espectacular vestido rojo en el segundo acto, donde Jessica Farr da lo mejor de sí con su desamor por el mundo. El ansia de poder lo transmitirá un insulso Tessman, dignamente interpretado hasta el final por Gregg Weiner, con la envidia que le produce saber que Lovborg escribe mejor que él. La seducción tiene un nombre en el personaje del juez Brack y un ícono tanto dentro como fuera del escenario, el actor John Dennison; la lascivia y el celo hacia Hedda, a veces, hasta ensombrece a la protagonista. La compasión y la bondad son valores bien encarnados por Diana Garle en Thea. Y no decir, aunque en papeles breves pero precisos y directos de Kate Young como tía Julia y Kit Marsh, fungiendo de criada Berta e interpretando, respectivamente, la sensatez y el orden natural. Pero será el extravagante Lovborg con su debilidad y su locura bohemia el que en manos de Paul Tei pondrá la guinda interpretativa bajo este disfraz de escribidor que decía Vargas Llosa.

Los recuerdos y el resentimiento de Hedda los acoge un impoluto sofá blanco en la sala donde los personajes se traicionan o se cortejan, se humillan o se esconden según la altura del libreto. La muerte tiene tres objetos desencadenantes: un ponche que será la vuelta al alcohol de Lovborg, un manuscrito “¡Ahora quemo a tu hijo, Thea! ¡Tú! ¡La del pelo rizado! ¡El hijo tuyo y de Eliert Lovborg! ¡Ahora lo quemo! ¡Ahora quemo al niño!”. Y dos pistolas antiguas del general Gabler. El amor, en cambio, tiene un objeto melódico: un piano. Como un amante, Hedda lo acariciará como a un niño, antes de que se corran las cortinas del escenario. Y al final, delante del retrato de su padre, tocará su teclas con tanta rabia como si fueran campanadas de una iglesia anunciando su propio funeral.

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Stephanie Ansin, Fernando Calzadilla y Lucky Bruno mueven a sus personajes en el escenario con mucha habilidad, y hacen ascender o descender emocionalmente a Hedda en su adaptación tal como Ibsen lo había planeado en su escrito original: desde casi una incipiente comedia del primer acto, hasta una Hedda donde se fusiona belleza, cinismo, maldad y ruina en los tres restantes bajo el drama. (Nota. Hay que reconocer que entre el publico hubo algunas sonrisas dentro del nivel casi de tragedia que se respira llegando al final). En los cambios de escena, hacen entrar o “despiden” a sus personajes con total confianza y sin trucos; al son de una música increíblemente mágica o bajo la dureza del sonido de una guitarra metal, según lo requiera el diálogo en escena. Una música, por supuesto, a cargo de Lucciano Stazzone que ya me cautivó en Everybody drinks the same water con sus composiciones medievales inspiradas en la cultura judía, musulmana y cristiana de la edad Media en España.

 

MTC (Miami Theater Center) sigue su línea de calidad y compromiso comunitario con Miami bajo la dirección ejecutiva de Elaiza Irizarry. Mover los entresijos para que cada semestre haya un producto digno, es un trabajo intenso y complicado que requiere la complicidad del público. Es evidente que con este artículo uno participa… pero sería improductivo si usted no acude a ver esta Hedda Gabler por sí misma, por la calidad y el esfuerzo que se respira en ella y de todo un equipo de profesionales del teatro que la llevan adelante. ER

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