ESPEJOS: LA REALIDAD Y LO POSIBLE. María Inés Marino

La atmósfera y el aire transpiran una profunda sensación de tristeza por Sachensenhausen. Las emociones son tan fuertes que sobrecarga la capacidad de comprensión, el cuerpo percibe el sufrimiento intenso, y la mente se vuelve loca preguntándose cómo esas atrocidades pudieron haber ocurrido, cómo las reacciones tomaron tanto tiempo para detener la maldad, y por qué realidades similares se repiten.

La experiencia genera una gran complejidad interna: amargura, ira, tristeza, indignación, compasión, vergüenza. Pero, al mismo tiempo, me impulsa a evaluar mi realidad y mi humanidad, con una mirada diferente hacia el pasado, replanteándome lo que soy y lo que puedo llegar a ser. No puedo evitar cuestionarme sobre la capacidad de los seres humanos de generar dolor, y cómo a veces nuestros puntos de vista sobre la realidad pueden hacernos enajenar en jaulas mentales y emocionales que silencian y desarman la empatía por los demás. Tampoco puedo evitar cuestionarme sobre mi mundo, y si bien éste puede ser diferente y estar muy lejos de la posibilidad de formar parte de las atrocidades de un campo de concentración como Sachensenhausen, ¿podrían estas realidades ser espejo  del potencial de mis capacidades humanas de generar dolor?

Mientras camino el sitio, me viene a la mente una frase que asiduamente escucho: “uno no es responsable de los sentimientos del otro, sólo somos responsables de nuestros propios sentimientos”. En Sachensenhausen, esas palabras retumban en mi mente y sólo añaden insulto a la experiencia. Y, me doy cuenta que este tipo de clichés culturales solamente  colorean la auto-superación, nos desvinculan de la sensibilidad, y responden a las tendencias que no permiten el cuestionamiento genuino de nuestra propia vulnerabilidad. Nos adormecen la capacidad de entender que nuestros conocimientos y acciones pueden estar lejos de  la  verdad absoluta o la justicia, y que nuestros credos, ideas y miradas tal vez sean mediocres y no privilegien a la humanidad.

La escritora oriunda de Casablanca, Muriel Barbery, en su maravilloso libro L’Élégance du hérisson dice “nunca vemos más allá de nuestras certezas, y lo que es aún peor, hemos renunciado a conocer a la gente, acabamos de conocernos a nosotros mismos sin reconocernos en esos espejos permanentes. Si nos diéramos cuenta, si tomáramos conciencia del hecho de que no nos miramos a nosotros mismos, sino en el otro, y si estuviéramos solos en el desierto, nos volveríamos locos. “

Es una enorme tarea.  El dolor se presenta en muchas formas. Si no reconocemos nuestro potencial de tocar la humanidad para bien y para mal, los abusos y las injusticias no tendrán lugar para el cambio; y a nivel más personal, las emociones se anestesiarían perdiendo la posibilidad de conexiones genuinas con “el otro” que nos hagan sentir verdaderamente vivos.

Ines copyMaría Inés Marino es argentina, radica en USA desde 2008 tiene una maestría en periodismo por la FIU

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