ESCRIBIR DESPUÉS, DESPUÉS… Albert Abdel Perpignan

Es martes y parece miércoles. Es pronto Halloween y me parece Auschwitz.

¿Pudiera yo escribir después de Fukushima en esta parte del escenario del Mundo actual de él y sobre él ? ¿Debería escribir el escritor contemporáneo?
¿Es su tiempo?  ¿Es el qué le ha tocado vivir?  ¿El que nos ha tocado vivir?
Un tiempo de modificaciones celéricas. Tiempo de emigraciones y de reajustes. Tiempo de curiosas y estúpidas obsesiones (…como la del cambio por el cambio), Tiempo de tantas putas y raras cosas más. Ahora que la sociedad ha sustituido la literatura por la televisión. Ahora que la literatura en este sentido ha muerto. Quizás ahora se pueda, por fin, escribir.

* “Aquí no he hecho más que pintar incansablemente para aprender a pintar..”
le comenta Van Gogh a su hermano Theo.

* “Yo escribía para tratar de saber qué era escribir (…), escribía continuamente y sobre cualquier cosa y de ese modo aprendía a escribir” confiesa el argentino Ricardo Piglia.

* “Tengo la paciencia de un buey, decía sobre su trabajo”  Gustavo Doré.

* “No es imperioso que escriba” ‑aconsejaba a un amigo Raymond Chandler‑,

Si no tiene ganas es mejor que no lo intentes. Puedes mirar por la ventana, o retorcerte en el suelo, pero no tienes que hacer ninguna otra cosa positiva: no leer, escribir cartas, hojear revistas o escribir cheques. O escribir o nada. La sociedad se ha sacado la literatura del medio, y la ha sustituido por la televisión, repito. Ha desplazado los lugares de enunciación de la tradición intelectual y de sus problemas hacia la cultura de masas. Quizás ahora que la literatura en este sentido ha muerto, se pueda, por fin, escribir, comentar también a Piglia.

Hay que escribir, pues. Precisamente después de Auschwitz y después del Gulag Después del atentado a las Torres Gemelas. Después de Afganistán y después de Irak. Después del Ébola. Después de las devastaciones y de esas barbaries que siguen viniendo y que, lamentablemente, aún vendrán. Porque, además, no todo es barbarie.

“¿Son numerosos los horrores?” ‑se preguntaba Jorge Guillén. Pero también el hombre ha hecho cosas admirables. Comencemos por la admiración. Digamos, por ejemplo …La ciudad. Destruida por los bombardeos nazis en Holanda. Rotterdam ha sido totalmente rehecha. Cualquier viajero tiene que sentirse atónito, también hay Sol en este lado del Mundo y…

Pintura de George Grosz
Pintura de George Grosz

… Y bajo los diluvios demoníacos,
reiterada la furia
con método.
Fue conseguida ‑casi‑
la destrucción total.
Y cayeron minutos, meses, años.
Y no creció entre ruinas
el amarillo jaramago solo,
amarillo de tiempo,
de un tiempo hueco a solas.
Se elevaron los días, las semanas.
Y vertical, novel,
surgió el nombre de siempre.
Ya Rotterdam es Rotterdam.
¡Salud!
(…)
En este muelle, frente a embarcaciones
y grúas y horizontes,
siento inmortal a Europa,
uno siento el planeta.
La historia es sólo voluntad del hombre.

Valga como conclusión –repite Jorge Guillén‑: “La historia es siempre voluntad del hombre”. Esto es, al menos, lo que este poeta cree. ¿Y toda esta locura?. ¿Quizás ahora se pueda, por fin, escribir? No sólo habrá que escribir después de las batallas y de las vergüenzas sino también después y durante este consumismo que nos mata.

Después y durante este largo y extraño período moderno del anti-arte que comenzó hace tiempo ya, en 1919, cuando Marcel Duchamp le pintó un bigote a una reproducción de la Mona Lisa. Aquel bigote ‑señala el historiador Jacques Barzun‑ abrió una puerta. Dio una contraseña y encendió una permanente luz verde que daba paso al hecho de que, cualquier cosa bien realizada con un lápiz o un cincel, fuera considerada arte, o mejor dicho, se pensara que cumpliese la pretensión colectiva de ser un antiarte.

A partir de aquel momento y tiempo después se inauguraría la diversión del espectador ¿El Caos del Show o el Show Caos ? El arte encontrado (desechos marinos recogidos en la playa). El arte basura (la puerta del frigorífico abandonado). El arte desechable (objetos magnificados o hechos de materiales endebles; puentes y edificios envueltos en tela). El arte aleatorio (basado en la impresión de puntos cuya ubicación azarosa la dictan los dados o el ordenador). El arte móvil (en el que se incluyen “esculturas” que representan pequeñas máquinas inútiles moviéndose sin sentido. O el par de zapatos que da pasos hacia atrás y hacia adelante). El arte des-arte mío, que es una Puta Mierda igual que el tuyo! Los lienzos que muestran líneas geométricas simples o complejas (una serie entera que “explora el cuadrado”). Los dibujos o fotografías de bacterias, copos de nieve u órganos internos, etc. etc. (…). Y todo eso hasta llegar al fin a ese hecho ‑uno entre tantos‑ en el que en una exposición celebrada en Nueva York, el propio artista que exponía se convirtió en el modelo definitivo, pintando de verde su cuerpo desnudo y tumbándose en un ataúd abierto. Después hemos visto cómo un artista británico elegía los excrementos como material..después de todo este excremento ¿se puede “volver ” a aprender a pintar ?…quizás ahora se pueda, por fin, escribir.

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Albert Abdel PerpignanAlbert Abdel Perpignan. Periodista cultural, curador y crítico de arte.

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