ESCRIBIR COMO UNA MUJER. Angélica Hoyos Guzman

portada de MetamorfosisUna mujer preparada, ingeniera, empresaria, voluntaria de las Fuerzas Armadas de Colombia, casada, con una familia extensa, con múltiples obligaciones como mujer, que además escribe. Si estuviéramos en el siglo XIX, una mujer que escribe sería como un perrito que baila, un acontecimiento gracioso digno de admirarse pero sin trascendencia en el ámbito literario, alguien que necesitaría una habitación propia y dinero para poder hacerse a una carrera literaria que le permitiera educarse a su manera y acceder a la intimidad que necesita el proceso creativo, según lo advirtiera en su momento Virginia Wolf.

Escribir como una mujer en este siglo sigue pareciendo una tarea titánica, esta que tiene el valor de emprender nuestra autora Patricia Helena Fierro Vitola, cuya voz me hace pensar en lo decididamente femenino de las letras, me hace apuntarle a esta reflexión, y un poco, tal vez, a través de mi interpretación sobre su propuesta poética, responderle modestamente al debate alrededor de la existencia de diferencias en la escritura femenina. De esta manera, me refiero en principio a que en la poética de Patricia Helena Fierro encontramos eco de algunas de las voces más fuertes en cuanto al tema de lo femenino en Latinoamérica: Delmira Agustini, Dulce María Loinaz, Miyó Vestrini, claro, con las distancias temporales y el contexto del siglo XXI en el que encontramos las letras de nuestra autora.

Pero no es sólo el eco de aquellas escritoras cuyas vidas transgresoras y dolosas hablaron del amor, del deseo femenino, de la maternidad frustrada, de la institución del patriarcado haciendo mella, de las heridas. Es el eco de lo que Clarissa Pinkola Estés, en su gran libro “Mujeres que corren con lobos” denomina la mujer salvaje. A través de los versos de Fierro Vitola se nos entrega ese canto primigenio y liberador, la verdad femenina emerge para contar las muertes dentro para sanar las heridas para hacer la “Metamorfosis” de lo femenino que enuncia el libro desde su título. Lo salvaje es esa potencia de la libertad sagrada, de la conexión con lo divino a través del cultivo del fluir de la creatividad en la vida femenina, ese río de la interioridad de la mujer que la llena de vitalidad, pero que también está amenazado por todo lo exterior a ella, por los deberes sociales, por el desconocimiento de lo femenino. Lo que encontramos en la poética de Patricia es al contrario un reconocimiento de todo esto, una vuelta a la sacralidad del femenino como veremos en algunos breves pasajes que ilustran mi lectura.

Las referencias al río, a lo líquido, como origen de la creatividad femenina se notan en poemas como:

LOS INVISIBLES

En mi ciudad

la lluvia no sucede con frecuencia.

Las gotas se deslizan con apuro

sobre aceras ardientes ,

buscan que la hierba las proteja

de la flecha luminosa

que evapora su existencia.

Al final,

solo permanece un eco de humedad

mezclado con olores de hombres

que también bajo la tierra

esconden sus cuerpos

de otras flechas.

Esta evocación al conteo de los deseos, a la huella de lo líquido, incluso a la sequedad de la que habla el poema al comienzo es un destape de la fuente, la lluvia inunda para resarcir lo seco, para devolverle el flujo sagrado a lo salvaje femenino.  De este modo, Fierro Vitola también nos está haciendo permanente referencia al dolor, a las cicatrices, son varios los poemas con versos que aluden a esa necesidad de cicatrizar sin olvidar lo doloso, pero la más directa es el poema:

CICATRICES

“He aquí que todo viene, todo pasa,

todo, todo se acaba. Jaime Sabines

Son granizo

calcinando mis hojas de eucalipto,

viven de los besos que las tocan

y esconden sus pasos tras el musgo.

Estas cicatrices

me recuerdan que soy

obra imperfecta de la tierra,

hecha de retazos olvidados de Dios.

En la sombra de los muertos

quedan tallados los pecados sin perdón

y en la corteza.

¡cicatrices que algún día fueron savia!

Notemos aquí como se vuelve al agua, al origen, para nombrar la cicatriz, para acercarse a la identidad propia y reconstruir a partir de los trazos de la obra imperfecta. La pertenencia de lo femenino al que Pinkola Estés denomina El clan de la cicatriz se evidencia en los versos de Patricia Helena, evocando el proceso restaurador, una vez más la metamorfosis se hace posible a través de esta propuesta poética.

Desde esta lectura, la autora le canta a la maternidad, a las pérdidas, a los secretos de las mujeres, al deseo y a la huella de lo deseado, incluso al deseo que se va, a la infancia, a la valentía (que relaciona con imágenes del océano), todos estos cantos en una voz honesta profundamente abierta ante el reconocimiento de sí misma, desde su intimidad logra enlazar lo primigenio del colectivo femenino, incluso canta también a las problemáticas de la violencia contra la mujer desde el sistema patriarcal, y al cuestionamiento de los estereotipos de belleza con alusión al devenir de las iguanas, por ejemplo. Por eso consideramos que los poemas no pretenden nada más que registrar esa Metamorfosis que propone el poemario desde el inicio, no quieren convencer a nadie de una transgresión o si quiera la gloria de un reconocimiento canónico, lo más auténtico de la poesía de Patricia Helena es su naturalidad, pues, como bien ella dice:

No quiero exorcizarme,

ni siquiera quiero que se lea

la motivación de estas letras

no quiero parecer desagradecida

ni pecadora, ni alguien que desencaja en este mundo.

Solo quiero ser más humana y feliz,

Al fin comprendo qué es un dejavú. (Metamorfosis, Página 38)

Escribir como una mujer, más allá de los estudios de feministas como Elaine Showalter sobre la retórica de lo femenino, o de los postulados de Marta Traba que sostienen esta diferencia en la escritura femenina, más allá del debate feminista academico literario frente a la crítica que todavía margina y cuestiona la postura feminista. Se trata hoy, todavía en el siglo XXI, de encontrar en sí misma esa habitación propia alejada de los deberes e imposturas sociales, que hoy son más y restringen en mayor medida la creatividad vital femnina, esas condiciones para escribir y hacer emerger la naturaleza, el sagrado femenino, la voz propia con la cual resarcirse en medio de las ruinas de una misma, con la cual hacer alquimia y volver a sí misma para reconocerce y volar, y esa es la “Metamorfosis” que nos entrega la autora con este poemario, vamos pues a sumergirnos en un universo completamente auténtico, vamos a leer desde nuestro femenino, y encontrar aquí una impecable redención del espíritu de una mujer a través de la poesía.

© All rights reserved Angélica Hoyos Guzmán

foto para nagariAngélica Hoyos Guzman (Colombia,1982) Magíster en Lingüística, estudios de Maestría en Literatura Colombiana y Latinoamericana de la Universidad del Valle (Colombia). Cursa actualmente estudios de Doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad Andina Simón Bolívar (Quito, Ecuador). Cuenta con varias publicaciones académicas en el campo de las humanidades, su creación literaria ha sido difundida a través de diversos medios y publicaciones en Colombia, Chile, Peru, Argentina, México y España. Ha participado en varios encuentros internacionales de poesía en México, Argentina y Ecuador, también participa activamente de actividades culturales en Colombia. Su primer poemario Hilos Sueltos se editó en Madrid en 2014, en la colección Torremozas de Ediciones Torremozas

 

 

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