ELENA PONIATOWSKA: AUTOR Y FIGURA PÚBLICA. Marco Antonio Cerdio Roussell

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Elena Poniatowska gana el Premio Cervantes. Las redes sociales se llenan de comentarios a favor y en contra de la escritora. Y mientras a lo lejos en la repisa, veo El tren pasa primero, Fuerte es el silencio, Nada nadie, por no mencionar el multicitado La noche de Tlatelolco o la delicia de la academia Hasta no verte Jesús mío, me queda claro que Elena Poniatowska enfrenta el mismo problema que en su momento enfrentó Octavio Paz: la figura pública oscurece, distorsiona la recepción y valoración de la obra.

Esa paradoja nos priva de una excelente oportunidad de vernos con otros ojos. Con Elena Poniatowska se da un fenómeno similar al de Carlos Fuentes: su desarraigo original con la que será su patria, misma que incluso reconfigurarán con sus textos, los obliga a empaparse de México, a generar una visión de este espacio y esta gente que, pese a sus excesos y debilidades, se convierte en la más certera posible. Pareciera que para no caer bajo el velo asfixiante, múltiple y abigarrado de la realidad nacional, fueran necesarios ojos extranjeros o, si se prefiere, ojos nuevos, no habituados a dar por sentado lo visto y, en esa medida, capaces de interrogar lo mexicano. El mismo Octavio Paz, merced a su visita a Los Ángeles y su posterior estadía en el extranjero dentro del servicio exterior mexicano, alcanza esta visión ajena y la transmite en sus ensayos, mismos ensayos que son más citados que leídos y que incluso suelen ser mejor valorados por extranjeros que por los connacionales del Nobel. Incluso un autor al que sentimos tan próximo como Jorge Ibargüengoitia, tiene esa vivencia de la apertura al otro que tan fecunda y filosamente se revelará en su novela y su obra periodística.

Si Carlos Fuentes necesita escudriñar lo prehispánico y la herencia de la Revolución, los usos y costumbres de esa clase social plena de poder y autoconfianza en el momento en que con sus obras clausura la novela de la Revolución para poder construir esa nueva inquisición narrativa del ser mexicano, una personal búsqueda en  palabras de una identidad que, pese a ser sólida, la actividad diplomática de su padre no ha dejado de convertir hasta cierto punto en espejismo y lejanía para el joven Fuentes, para la joven Poniatowska esa búsqueda partirá del choque con el otro encarnado en lo popular, el subordinado social que es visto, desde esa juventud que cuenta con una cultura pero no con una verdadera identidad como el otro privilegiado donde lo más natural es ser y ya. Este doble choque llevará a esta pareja de escritores a intentar comprender a ese otro que buscan conocer de cerca como medio de afirmación de su propia identidad literaria y, en retrospectiva, brindándonos en esa búsqueda su mejor caracterización, la instantánea de un tiempo, un ser y un espacio que se fueron con la misma violenta rapidez con que el lector se sorprendía retratado en esas páginas.

Sí, quizá existan otras escritoras con merecimientos para el Cervantes. Uno desearía que las circunstancias hubiesen sido tales que Elena Garro o María Luisa Puga hubiesen sido galardonadas de esa forma. Incluso ahora mismo pienso en algunas autoras que con suerte y perseverancia dentro de algunos, muchos años podrían ser galardonadas. Pero – y aquí otro mérito de la laureada- realmente es difícil para una autora alcanzar ese estatus de figura pública que a veces le ha causado sinsabores y ataques a Elena Poniatowska. La República de las Letras Mexicanas a veces parece una reunión de la Academia de Letrán y otras una velada de los Contemporáneos. En ambos casos, pocas mujeres son visibles y los públicos son selectos. El gran público no puede ser reconocido como aspiración por un autor mexicano sea cual sea su género, so pena de ser sospechoso de no contar con el suficiente compromiso con lo literario.

Lo remarcable en este caso es que generaciones de mexicanos han aprendido a reconocerse en los textos de Elena Poniatowska. Muchos mexicanos se han acercado a las artes, la ciencia y los movimientos sociales, gracias a sus libros.

Hoy, gracias al Cervantes, muchos ojos que no saben de México más que lo que informan lejanas herencias culturales y los apresurados noticieros podrán mirarlo con esos ojos que ya sufrieron ese deslumbramiento desconcertante frente a una cultura múltiple, compleja, plural y contradictoria, logrando hacerla suya.

Bien por México, bien por el español y bien por todos aquellos que aprenden a verse con una mirada ajena para conocerse más a fondo.

Marco A. CerdioMarco Antonio Cerdio Roussell. Escritor y profesor universitario. Radica en Puebla, México. marco.viajero@gmail.com

twitter@Marco_Cerdio

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