EL OLEAJE DE UNA CIUDAD EN TRÁNSITO. Dolors Fernández

‘Poemas en tránsito (Oceánico)’, de Pilar Osorio y Martha Cecilia Cedeño

Quizás el “tránsito” represente uno de los matices del nomadismo, esa voluntad viajera que pervive aunque solo sea residualmente, en cada uno de nosotros. También es posible que apunte a la idea de fugacidad, un tema fundamental en la literatura. Pero al ser humano le cuesta tanto asumirlo… La vida, finita per se, choca con un anhelo generalizado de inmortalidad, a todas luces imposible.

El caso es que Poemas en tránsito, de Pilar Osorio y Martha Cecilia Cedeño, es un poemario que describe una itinerancia, no solo geográfica, sino temporal. Poemas inscritos en las coordenadas espacio-temporales con una relación de interdependencia absoluta entre sus dos ejes. Porque en la dimensión en la que vivimos hay un principio que nunca falla: el tiempo es inherente al espacio, y viceversa.

Y precisamente esta fórmula es la que subyace a la estructura del poemario y lo dota de sentido: el tempus fugit por un lado y la ubicuidad de sus ciudades protagonistas, Bogotá y Barcelona, con sus respectivas representaciones metafóricas. Es en ese imaginario poético donde el océano y el metro –este último en su calidad de icono urbano‒ conforman un escenario tremendamente estructurado. O, si no, échese una ojeada a la tipografía de los poemas, tan característica en las páginas pares, con su justificación marcada a la derecha. La percepción, incluso visual, de una geometría perfecta, tiene su correspondencia en el modo en que las autoras abordan el contenido de sus versos.

Esta misma cualidad de cuadrícula ya es mencionada en otros términos por Rosmarí Torrens en su prólogo: “También descubrimos la dualidad entre arriba y abajo. El mundo de abajo a veces empuja a salir hacia arriba en busca de la libertad (estoy en el bucle: escalera, vida, ascensor; escalera, muerte, vagón), así como entre horizontal y vertical.”

Barcelona, eminentemente representada por el transporte suburbano, asume la verticalidad, en un viaje actualizado a los infiernos. La imagen dantesca, en su versión urbana, no deja de verse salpicada, de vez en cuando, por inevitables alusiones mitológicas:

Sin Cancerbero que lo impida
desciendo a lo proundo.
Mi Eurídice sucumbió
en un vagón de metro
a la espera de un canto
prodigioso.

Pero aún hay más, porque las referencias dantescas se mezclan en ocasiones con una percepción atomizada de la existencia humana, propia de la física cuántica, que abona aún más la sensación de incertidumbre e insignificancia que las autoras quieren transmitirnos. La voz poética, las voces poéticas en realidad, quedan confrontadas a lo inconmensurable, como si el universo ejerciera una irresistible atracción sobre las autoras, aturdidas e indefensas ante su grandeza. No obstante, la presencia de lo concreto, el anclaje necesario con la realidad, se resiste a desaparecer, revistiendo el nombre de las estaciones de metro, en este caso Vall d’Hebron:

Anhelo cuántico.
Viajo en el ala de una mosca.
Vall d’Hebron. Leo, a mis pies:
“Pren-te un minut d’incertesa.”[i]

Visto así, Barcelona se torna un “ente” temible, holocausto diario de las ciudades-hormiguero, lugar de hacinamiento que concentra el dolor cíclico, así como el renacer de la primavera. Dualidad antagónica con la que las autoras abren una brecha a la esperanza:

Soy el que habita los abismos de la ciudad.
Harta de santos,
los uterinos túneles me acogen;
esta mañana de abril,
embriagada por el dolor,
asciendo a la temida superficie.

Sin embargo, dejando de lado la visión apocalíptica de muchos de sus versos, es preciso destacar en Poemas en tránsito la sensualidad, potenciada en determinados momentos por el elemento trágico. De tal manera, la vitalidad de un carpe diem impaciente nos lanza a menudo su mensaje, como salvavidas que desea mantenerse a flote en medio de la zozobra:

Desnuda de certezas
naufrago en las fauces
de la urbe.
La ciudad, tigresa albina,
salvaje y bella,
me amamanta,
goza del color
de mi piel.

¿Es que Borges, con su lúcida devoción por el tigre se ha colado en esta escritura a cuatro manos? ¿No se nos aparece también el enigmático tríptico del Bosco, El jardín de las delicias, con su aire de pesadilla orgiástica? Sin duda, la tradición cultural y literaria asoman en la creación poética de Pilar y Martha Cecilia, porque ¿quién es capaz de retrotraerse a semejantes influjos? Desde luego muy pocos de los que hayan leído o contemplado la obra de los maestros.

No sucede así con el estilo y el lenguaje empleados. Poemas en tránsito es un compendio de versos perfectamente armonizado entre sí, pese a que la escritura de cada poema es responsabilidad, por igual, de ambas autoras. Y en su contemporaneidad, el lenguaje, las evocaciones que se suscitan y, en conjunto, su estilo definen un tiempo, que es el nuestro: desangelado, preciso, contradictorio e impredecible.

¿Y cómo lo hacen? Soslayando la oscuridad del verbo, logrando un claroscuro con poderosos focos de luz, donde el sustantivo diáfano, epicentro de cada verso, pone de manifiesto realidades y emociones en pugna. En un alarde de combinatoria, buscan el equilibrio con abundancia de versos breves, sucintos, en alternancia con otros más largos y dialógicos. Entre lo conceptual y lo puramente emocional es donde Poemas en tránsito saca pecho:

No tengo miedo.
La memoria florece en un párpado,
la risa en el filo de la palabra
y la tarde en la orgía del
horizonte.

En definitiva, creo que con Poemas en tránsito (Oceánico), Pilar Osorio y Martha Cecilia Cedeño mecen por igual sus miedos y sus anhelos. Los vaivenes de la vida son obligados entre marejadas y temporales, por eso se vuelve imprescindible guarecerse ante el embate de las olas. Y lo que con este libro las autoras nos ofrecen es su mejor refugio: la poesía.

 

Pilar Osorio y Martha Cecilia Cedeño: Poemas en tránsito,

Ed. Big Gaia.

Colombia, 2018

 

 

 

 

[i] Traducido: ‘Tómate un minuto de incertidumbre.’

© All rights reserved Dolors Fernández

Dolors Fernández (Barcelona, 1968) se licenció en Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona en 1992.

Es autora del poemario Mi corazón mordido por tus labios, editado por La Marca Negra Ediciones en marzo de 2017.

Autora bilingüe (castellano y catalán), ha obtenido diversos premios literarios en las modalidades de relato y poesía.

Asimismo, ha colaborado con poemas, relatos breves, entrevistas y crítica literaria en diversas publicaciones, como el suplemento cultural del diario catalán El Punt Avui y en las revistas de creación literaria Azharanía (Castellón), Tànit (Baix Llobregat, Barcelona), Nagari (Miami) y Almiar (Madrid).

También ha participado en numerosas antologías sobre poesía y relato breve.

twitter: @sibilinda

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