El HOMBRECILLO Y LA MONTAÑA. Andrés R. Rodríguez Rodríguez

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“Qué significa lo que llamamos hombre íntegro sino  un hombre que es enteramente él; y no un zurcido de compromisos, de caprichos, de concesiones a los demás, a la tradición, al prejuicio”.  

                                                                               Alejo Carpentier

 

El grupo de hombrecillos se pararon debajo de la montaña y la midieron con la vista. Era alta, tenía la altura requerida para ser una buena prueba. Decidieron que merecía el esfuerzo y la retarían. Designaron a uno de los hombrecillos, un poco más alto que el promedio, para que la emplazara:

¡Verás que puedo más que túuuu! -Gritó con orgullo el designado, en primera persona del singular, al pie de la montaña.

Y con el sentimiento de estar haciendo algo gracioso y grandioso, comenzaron a escalarla. Muchos cayeron por los barrancos y otros quedaron allá exhaustos o reptando regresaron. Pero algunos llegaron a la cima, totalmente  agotados, pero llegaron a poner su pie sobre el pico de la montaña.

La montaña no se había inmutado ni un micrómetro por aquel grupito de pequeñas figurillas que la escalaban, que reptaban por sus senderos y abismos, en alguno de los cuales había quedado el cuerpo de más de uno como abono.

La montaña no entendió aquel lenguaje exaltado y esos puños levantados hacia el cielo.

-¿Qué podían significar, era como un reto o eran unos enfermos mentales en acto de suicidio colectivo?  -Pensaba la montaña.

El diezmado y maltrecho grupito de hombrecillos que pudo llegar a la cima, allá arriba al suelo se lanzó. Largo rato allí quedaron, no se sabe si producto de su extenuación, o buscando la energía de la tierra o sobrecogidos por el paisaje que veían ante sí: toda una cadena de azulosas montañas, algunas más altas que la que pisaban, todas retando el vuelo del águila.

Ese era el contexto grandioso y heroico apropiado para  recordar los que en la acción habían caído y así de paso, el héroe se auto-ensalzaba.

Luego de descansar, el un poquito más alto y de palabra más fogosa, ya pudo hilvanar algo en su mente sin oxígeno, pero ahora llena de arrogancia. Ya no esperó a que lo reconfirmaran como vocero. Se asumió el líder y voz:    

¡Te he vencido! ¡Soy un vencedor!-  Gritó en el ápice de la montaña, con semblante de estar pasando por debajo de un Arco de Triunfo. (Nunca quedó claro quién era el vencido, la montaña o a los que habían quedado en el camino).

Luego de aquel acto teatral, el grupito quedó un rato esperando algún aplauso grandioso, una señal del cielo que alimentara su vanidad, una lluvia que los limpiara. Mas al no ocurrir nada especial, lo interpretaron como la callada del vencido y ya no tuvieron más que hacer allá arriba. Comenzó el descenso. Más exaltados en la medida que más oxígeno llegaba a sus mentes hambrientas, más alto comentaban entre sí sobre su fortaleza demostrada. Cuando ya casi llegaban a lo civilizado, el hombrecillo un poquito más alto liberó toda la arrogancia contenida:

¡Hay que poner orden aquí para que otros puedan disfrutar de este paisaje! -Reflexionó como el que sugiere, pero así manda.

Y los demás, con esa escasez de oxígeno propia de los musculosos y la mente cansada al subir la montaña de la creatividad, lo reafirmaron por la sorpresa de que otro fuera tan fuerte que aún en la anoxia tuviera ideas.

¡Si, traeremos buldóceres, motoniveladoras y camiones! ¡Pondremos orden aquí!  -Opinó con entusiasmo el grupo sediento de épica y boato.

No pasaron muchos días y la montaña sintió unos truenos que escalaban sus faldas. Y vinieron los ingenieros y los braceros, los desarrolladores y los administradores. Cada cual trajo su opinión y solicitó su ración.

-¡Pondremos orden aquí!, ¡Pondremos orden aquí!, ¡Haremos de este lugar nuestro paraíso!!Desarrollaremos esto para nuestros hijos! – Era la consigna que los convocaba y nucleaba.     

Y de la consigna nació el mito y la pirámide social. Ya estaban dadas las condiciones para el que no se sumara, lo restaran. Y así comenzaron a crecer las carreteras, enjaulando la montaña en un tecnologizado desorden que los muchos llamaban progreso o desarrollo y los pocos nombraban como paradigma o desarrollo sostenido.

La montaña sintió que la dinamitaban y ese lenguaje sí le pareció comprensible, se semejaba al ronquido del volcán y a aquellas descomunales fuerzas tectónicas que le habían hecho nacer y crecer hacía millones de años.

Los ingenieros, los ingenios y las explosiones reordenaron la piel de la montaña, pero no su corazón. Empezó entonces a sufrir, a tener taquicardias y palpitaciones. Un día, aprendió el lenguaje de los hombrecillos y localizó a aquel un poquito más alto. Le interrogó:

-¿Qué es esto de vencer? El problema es ser, ser siendo, en equilibrio. El problema es de genio, no de ingenio.- Y su voz retumbaba por los precipicios, senderos y carreteras.

De los hombrecillos, el único que pudo entender a la montaña fue el líder. A esa altura, los demás solo tenían oídos para lo que decía él, otro lenguaje no captaban.

-Queremos lo mejor para nuestra tribu, YO los amo, ellos me aman y YO te amo a ti. Pero mi deber sagrado es con el pueblo, con el desarrollo, con el progreso, con el futuro. No me queda más remedio que dinamitarte. Si no, me acusarían de conservador y perdería mi liderazgo. –Y diciendo esto, el hombrecillo encendió otra carga de dinamita.

La montaña se quedó petrificada. No podía creer lo que oía. Aquellos hombrecillos la desmantelaban en nombre del futuro de ellos. Debilitaban sus contrafuertes y acercaban a la superficie el candente magma, retenido abajo por milenios y miles de toneladas de equilibrio. Y así pasaron  los días, con el retumbar de las cargas de dinamita.

Ya la montaña se sentía enferma. Entonces preparó una mejor explicación sobre la gravedad de lo que hacían. Otra vez, se dirigió al hombrecillo un poco más alto. Creyó que éste con su mayor inteligencia y liderazgo rectificaría.

-¿No sabes lo que hacen? Mi estructura y masa tiene contenida las fuerzas tectónicas debajo de mí. Mi hermosura se basa en que soy el equilibrio. Soy a la vez genio e ingenio.- Su voz se quebró esta vez, porque lo majestuoso no se explica y menos se auto-ensalza, vive en lo sustantivo, no necesita del adjetivo.

El hombrecillo un poco más alto que los demás y la alta montaña se miraron. Se miraron sin ojos, pero se vieron el fondo del alma. Y la montaña vio que no era solo prepotencia y vanidad  lo que ya poseía al hombrecillo.

Realmente te amo desde la primera vez que te escalé. Pero ahora, los hombres son incontrolables. Si intento detenerlos, pondrán en mi lugar otro y continuarán destruyéndote. Veré lo que puedo hacer.- Hubo un largo silencio, en realidad un  diálogo,  cuando el lenguaje de ambos fue el latido paralelo de sus palpitaciones.

Pero el hombrecillo un poco más alto que los demás, estaba en lo cierto. Cuando intentó detener la avalancha humana y se atrevió a sostener que ellos no habían creado la sostenibilidad, que esta yacía en las profundidades del planeta, de la vida, del cosmos, lo miraron extrañados y primero le dijeron que eso era filosofía y luego, lo calificaron de loco.

Lo apartaron de su papelito de líder. Luego al ostracismo lo condenaron. Finalmente, lo acusaron de ser solo en apariencia un poco más alto que el promedio y lo encerraron.  Ya nadie le quiso oír más. Preso, allá en la Torre de Marfil, un atardecer, cuando ya la luz se escapaba por el horizonte, vió una gran explosión. El vientre de la montaña se había abierto y una luz incontestable y purificadora lo invadió todo.

© All rights reserved Andrés R. Rodríguez Rodríguez

Andrés R. Rodríguez Rodríguez. Nacido en Santa Clara, Cuba, en 1952. Graduado en 1976 como Licenciado en Ciencias Biológicas, especializado en Biología Marina, en la Universidad de la Habana, con diversos cursos de Postgrado y cursos intensivos de Inglés y Francés. Como investigador en Cuba recibió 4 premios nacionales “Forjadores del Futuro”, 2 Premios nacionales de Divulgacion Cientifica. Ha laborado como investigador, profesor, consultor, periodista, escritor o asesor en distintas instancias en Cuba, México, Venezuela, Puerto Rico, Estados Unidos y viajado por casi todos los países del Caribe. Ha participado presentando ponencias en numerosos eventos científicos. Ha impartido docencia, charlas, conferencias, cursos de grado y postgrado en Biología, Ictiología, Técnicas Pesqueras, Biología Pesquera, Ecología, Ecología Marina, Educación Ambiental, Acondicionamiento Ambiental, Turismo Cultural y Ecoturismo, trabajando para Instituciones de Investigacion, ONG Internacionales y Universidades, entre estas Escuela de Cuadros MIP, Escuela de Capacitación Técnica “Alecrín”, Universidad de Oriente (Margarita, Vzla), Fundación La Salle de Ciencias Naturales (Margarita, Vzla), Universidad Simón Bolívar (Caracas, Vzla). Ha publicado alrededor de 50 trabajos en revistas especializadas y mas de 100 con carácter divulgativo, especialmente en Mar y Pesca, Mar y Pesca Internacional, Bohemia y Universo Marino. Ha sido Guía y Touroperador de Ecoturismo. En Ciencias, es autor de los libros: “Manual de Campo del Atlántico Noroccidental”, (1979, Centro de Investigaciones Pesqueras, Habana, 207 pp.); “Lista de Nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos (Nomenclator)” (1984, Centro de Investigaciones Pesqueras, Habana, 82 pp); , “Breve Diccionario Pesquero”, (1987-88, Mar y Pesca, Habana). “Peces marinos importantes de Cuba”(1987, Editorial Científico-Técnica, 236 pp, Habana), “Ecología Actual, Conceptos Fundamentales” (2000, Universidad de Oriente, Porlamar, 134 pp.), “Maritime Dictionary-Diccionario Marítimo (Eng-Spa)” (2009 Editorial Myths and Books, Coral Gables, 400 pp). “Maritime Dictionary VISUAL -Diccionario Marítimo VISUAL (Eng-Spa)” (2009, Editorial Myths and Books, Coral Gables (40 pp). Colonial Havana Trinidad (Eng-Spa) (2017) Editorial Alexandria (150 pp). Tiene en preparación: “Visión ecológica del Océano”, “Ecología Holística”, “Diccionario Multilingüe de Ecoturismo”, “La verdad es llama”, “Destellos al alba”, “Guía para la Pesca Deportiva en Cuba”, “Ecoturism Dictionary-Diccionario para Ecoturismo (Eng-Spa)”. En Humanidades ha sido finalista en los concursos y publicado en “Historias sobre la Historia” “La Herencia Napoleónica”.. Silva Editorial (2006, Barcelona.) y “Tacto”, Premio Orola, (2009, España) y ¨Fábulas vivas¨ (Alexandria, 2015). Actualmente es consultor para varios proyectos de pesca, turismo y medioambiente, periodista para TVradiomiami en Miami.

Email: maritimedictionary@gmail.com

Tel Cel: 305 2999031

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