EL ARTISTA SCHIELE, A UN SIGLO DE SU MUERTE, CENSURADO EN LA POSMDORENA EUROPA. Luis Benítez

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El pintor y grabador austríaco Egon Leo Adolf Schiele  (1890-1918), es uno de los nombres mayores del arte figurativo del siglo XX. Discípulo del simbolista Gustav Klimt (1862-1918) -con quien compartía la predilección por los desnudos-, a la par de Oskar Kokoschka (1886-1980) le dio obra y nombre a lo que conocemos como el expresionismo propio del desaparecido Imperio Austro-húngaro.

Las pinturas fundamentales de Egon Schiele están exhibidas en Viena, en la Österreichische Galerie Belvedere y principalmente en el Leopold Museum -abierto al público en 2001-, la institución que la máxima cantidad de las obras de Schiele alberga actualmente.

En cuanto a sus dibujos, la mayor colección se encuentra en La Albertina -otro museo vienés de nivel internacional- cuyo edificio es un  antiguo palacio residencial de la dinastía Habsburgo, que se alza en el corazón mismo de la capital austríaca.

Las obras de Schiele comparten techo y paredes con las de artistas de diversas épocas y diferentes estilos, pero que no necesitan mayor presentación. Estamos hablando de Oscar-Claude Monet (1840-1926), Pablo Ruiz Picasso (1881-1973), Albrecht Dürer (1471-1528), Vincent Willem van Gogh (1853-1890), Raffaello Sanzio (1483-1520), Michelangelo Buonarroti (1475-1564), Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669)… siguen las firmas.

¿Se equivocó quien lee y en vez de incursionar en la sección literaria, se adentró en la de artes plásticas? De ningún modo: lo que sucede es que lo padecido por las obras de Schiele, en pleno siglo XXI, sobrepasa las fronteras de las disciplinas creativas y es un llamado de alerta para todas ellas.

En el Reino Unido y en Alemania se negaron a exhibir públicamente las creaciones de Schiele, cuya obra aborda y refleja la sensualidad, el erotísmo, la alienación y el aislamiento que, a partir de los inicios de la centuria pasada, es materia común de las sucesivas generaciones de contemporáneos.

En 1912 un magistrado mandó incinerar una de sus obras y posteriormente, encarcelar al artista. Con la llegada del nazismo al poder, a Schiele -y a tantísimos otros- no les fue mejor: la obra de nuestro artista pasó a integrar lo que llamaron entonces “arte degenerado”.

Resulta sobrecogedor que en nuestros muy liberales tiempos y en la posmoderna Europa, cuando el Departamento de Turismo vienés eligió las pinturas de Schiele para promocionar, con una campaña gráfica a concretar en el Reino Unido, el centenario del modernismo austríaco, el servicio de trenes subterráneos londinense se haya negado a exhibir dicha cartelería, pues las obras elegidas “muestran genitales humanos”. Ni siquiera restaba la alternativa de pixelarlas: debían ser cubiertas por completo las imágenes reprobadas y la cosa no terminó allí, pues a la pudibundez británica la siguió, en términos no menos rigurosos, el veto germano. Tampoco fue posible exhibir esa cartelería promocional en la Alemania de Angela Merkel, nación que se precia de tan avanzada.

El intento de zanjar la espinosa cuestión resultó, al menos, tan cuestionable como la censura misma: es que la publicidad estática proyectada para Londres, Colonia y Hamburgo terminó exhibida para la mejor promoción de las bondades turísticas de Viena, pero con las obras de Schiele mutiladas. Un rótulo cubría las partes pudendas de las figuras humanas, con una frase que decía lamentarlo mucho, pero que a un siglo de su época, el arte de Schiele seguía siendo demasiado atrevido, mas podía ser visto completo y sin censuras en Viena.

El recurso suena demasiado a producto de brainstorming, a medida desesperada de los expertos en marketing contratados  para resolver el entuerto y la costosa inversión en publicidad, pero de ninguna manera soluciona y mucho menos cuestiona en lo más mínimo la grave cuestión de fondo: la censura que todavía en nuestra época se atreve a decir qué es posible exhibir y qué no a la vista del público en general, aunque se trate de las creaciones de un artista tan valorado y aceptado por el canon occidental como quien nos ocupa. Los burócratas, como hace un siglo, siguen teniendo a mano sus tijeras, la brocha gorda bien empapada en tinta negra, y, si no, siempre cuentan con el aporte de los ingeniosos de turno, capaces de disfrazar de recurso publicitario -o de cualquier otra cosa, ya sabemos- lo que lisa y llanamente es una infamia.

¿Será que la mojigatería, la grosera impunidad, el derecho a veto sobre las mejores expresiones de la creación humana, siguen en el fondo tan vivos como hace una centuria, esperando solamente el momento para volver a aflorar e imponer su dedo acusador por encima de cualquier otra cuestión? ¿Estamos en las vísperas de semejante retroceso o, sin que lo advirtamos, al no poder conectar y relacionar hechos y circunstancias propios de nuestra actualidad, no hemos comprendido que ya comenzó? Tomando el título general de esta columna: ¿Esto es lo que vendrá?

 

 

© All rights reserved Luis Benítez

Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay

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