DOS POEMAS DE LA HISTORIA UNIVERSAL DEL ETCÉTERA. Nilton Santiago

Dos poemas de La historia universal del etcétera, con el que Nilton Santiago obtuvo el Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro y que acaba de ser publicado por Valparaíso Editores.

 

SOBRE EL PORQUÉ ALGUNOS PANDILLEROS SECUESTRAN BALLENAS

 

Es hora del desayuno y Balam Rodrigo y yo

compartimos una gota de lluvia que alguien ha partido a martillazos.

 

No deja de llover

y un perro zapoteca nos trae en el hocico un tren lleno de salvadoreños.

No hablamos.

El silencio sacude sus ramas, como si fuese un árbol

que acaba de ser tiroteado al intentar cruzar una valla de equinoccios.

Al sacudirse, el árbol nos ha mojado de rocío

y ha hecho que varios peces caigan a nuestros cafés humeantes.

Me acerco a él para pedirle fuego, aunque sé que él no fuma.

Balam sonríe y saca de su bolsillo una estrella de mar

que migra cada día de un bolsillo a otro, de un corazón a otro (por reparar).

Su padre se la regaló hace varias vidas pasadas,

cuando los quetzales sabían hablar y lloraban.

Balam me pone la estrella sobre las manos

y un nuevo tren lleno de salvadoreños cruza esta mañana fría.

 

Balam dice que jugaba al futbol vestido de monje franciscano

y que, en Chiapas, los pandilleros secuestran a las ballenas

para enseñarles a pasar las fronteras con el estómago lleno de crack.

No muy lejos de nosotros,

la Mara Salvatrucha acaba de secuestrar a otra ballena centroamericana.

Lo sabemos por la forma en la que lloran los peces –asustados–

en nuestros vasos descartables de café.

 

Dos policías que nos oyen hablar nos dicen que los migrantes

nacieron de la costilla de un perro zapoteca

y no de las lágrimas de las ballenas.

Balam les sonríe porque cree que los países

no son más que pájaros en migración desde la creación del mundo.

Balam cree que yo me río de los pájaros migrantes

y que no me creo eso de que algunas ballenas duerman de pie.

Entonces se acerca a mí y me pide que cierre los ojos.

En ese mismo instante aparecemos en Tecún Umán, Guatemala.

intentando cruzar el río Suchiate.

 

Mi corazón es una estrella de mar que flota lejos de mí.

Nado para cogerla y, sin darme cuenta, llegamos al otro lado de la frontera.

Una ballena jorobada que me ve cree que soy un pez que llora.

No lloro, no, pero quizás sea verdad que soy un pez.

Cuando alcanzo la orilla alguien me apunta con su chimba y dispara

porque no llevo dólares americanos.

Balam coge la bala en el aire

y ésta se convierte en un quetzal de terciopelo.

Cuando me lo enseña abro los ojos.

Entonces veo que Balam Rodrigo está a lo lejos, mirando el vacío que nos separa.

Aún no hemos acabado de desayunar

ni hemos intercambiado palabra alguna.

No sabe quién soy (ni yo tampoco).

Sin embargo, hace siglos que ambos estamos muriendo

porque siguen matando a los perros vagabundos con veneno para estrellas.

 

 

 

HE IDO A BUSCARTE A LA ESTACIÓN DE SÃO BENTO,

PERO NO HE LLEGADO A TU ENCUENTRO Y LLUEVE

 

“Hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos”

  1. HESSE

 

Si te sientes bien, no te preocupes, se te pasará.

 

Y más ahora que sabes que todo está perdido

y que los árboles han abandonado descalzos los bosques

y han huido de la misma manera

que un psicoanalista huye de un sueño que no le deja dormir.

Ahora que te has marchado,

el cielo ya no es lo que es, es decir,

una gran gotera en la cocina de Dios,

allí donde los aviones pasan estirando sus alas

como un polluelo de pingüino

que no tiene ni idea que jamás podrá volar.

 

La estación de trenes de São Bento ha perdido su sentido del humor.

He llegado aquí,

(porque a algún lugar hay que llegar cuando se huye)

para buscarte, pero sólo he encontrado un abrazo roto tuyo

sobre la máquina de “rayos X”

por la que pasaste mi corazón y tu equipaje,

las graves sílabas del amor que sólo fueron los restos del amor:

nuestras miradas en aquel bar del Cais da Ribeira

mientras esperabas que me tocase el pimiento picante

para estallar en risas.

 

Me acaba de cagar un pájaro sobre la chaqueta

que acabo de estrenar y es entonces cuando veo

que la estación de São Bento está llena de pájaros

que recogen, a migajas, la tristeza de los viajeros perdidos,

los restos de tu sombra cuando abrías la persiana

de aquel motel para mochileros en el que nos hospedamos

en la Rua das Flores, sucia

como la moneda que utilizó Maiakovski para telefonear al paraíso.

Ahora que ni siquiera nos hablamos,

el tiempo es una lágrima envuelta en papel aluminio,

un querer dejar de meter la pata

y meter la pata hasta la rodilla

una y otra vez.

Según Muriel Rukeyser,

el universo está hecho de historias

no de átomos,

así que sólo te escribía para contarte

que la toalla que usaste aquella mañana que nos conocimos

aun lleva las huellas de ese amanecer

y creo que, por el bien de la luz,

debería ponerla de una vez por todas en la lavadora

para el próximo aterrizaje forzoso que, supongo,

no piensas hacer en casa.

 

Todas las despedidas deberían empezar por seguir a los árboles

que, descalzos, suben a los aviones de la soledad.

Pero no, de nada sirve porque en las guerras siempre mueren los mismos.

Aunque da igual,

según el proverbio,

una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja,

así que nada,

ahora que todo está perdido, sólo me queda decir:

poesía: apaga y vámonos.

 

© All rights reserved Nilton Santiago

Nilton Santiago (Lima, Perú), reside en Barcelona hace varios años. En poesía ha publicado El libro de los espejos (II Premio Copé de la XI Bienal de Poesía 2003), La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad (Premio Internacional de Poesía Joven Fundación Centro de Poesía José Hierro, Madrid 2012), El equipaje del ángel (XXVII Premio Tiflos de Poesía, Visor Libros 2014) y Las musas se han ido de copas (XV Premio Casa de América de Poesía Americana, Visor Libros, 2015). Para retrasar los relojes de arena (Vallejo & Co., 2015) es su primer eBook de crónicas.

Su obra ha sido parcialmente recogida en las antologías A otro perro con este hueso (Casa de Poesía, Costa Rica 2016) y 24 horas en la vida de una libélula (Scalino, Sofía 2017).

 

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