DORIS SALCEDO. El mobiliario y el lugar como altares de lo humano. Perez Art Museum Miami

Fue una renovadora del espacio a finales del siglo pasado. Entendido éste no como un relleno del mismo, sino como un lenguaje donde poder explicar lo vivido a través de volumen. Aquello que Doris ha heredado de su origen natal, Colombia, y que ella lo ha traducido a través de sus ideas, conceptos y propuestas de intervención y que a mi entender no solo pretenden producir una experiencia estética. Soy de los que opinan que es una artista eminentemente política, no por sus inclinaciones ideológicas propiamente dichas, sino por su posición de denuncia frente a las injusticias del mundo y las de su propio país. Pero dentro de una línea más cerca del minimalismo o, incluso, el arte informal que de la creación propiamente propagandística que tanto eco tuvo en la época de los 60 en EE.UU, o en los países del Este frente a las revueltas sociales o la represión soviética.

Nacida en Bogotá en 1958, estudió en la universidad Jorge Tadeo Lozano y después sacó una   maestría en la universidad de Nueva York en 1984. Influenciada por uno de los grandes de la época, Joseph Beuys, absorbió del mismo su lectura basada en la “escultura social”. Reconocida en medio mundo y con obras en los mejores museos internacionales: Art Institute Chicago, Museo Modern Art de Nueva York. La National Gallery de Otawa, Canadá, o incluso la Tate Modern de Londres ha participado en bienales o trienales como la de San Paulo o la de Kassel….

En el PAMM, ahora tenemos la oportunidad gracias a la curadora Madeleine Grynsztejn, Directora Prytzker, y Julie Rodriguez Windholm, antigua curadora del Museo de Arte de Chicago y Steven L. Bridge asistente de curaduría de este museo, de disfrutar una excelente antológica de su obra.

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La primera serie que nos impacta por su reverencia y por su suntuosidad espiritual y mortuoria es Plegaria Muda 2008/10. Un homenaje a las víctimas de la violencia en el mundo. Vengan los cadáveres del conflicto armado en que se encuentra su país natal,  o los que surgen en las propias calles de los Ángeles enfrentándose las gangas entre sí. ¿Y cómo aborda el concepto visualmente hablando? Pues elabora una especie de féretros a partir de duplicar mesas, una encima de la otra, separadas por tierra sementada y permitiendo crecer la hierba entre las rendijas. Una sutileza que, en el fondo, evoca esperanza de vida a pesar de la tragedia.

Entre otras de sus muchas series que se pueden ver están La casa Viuda 92/95 un montaje mobiliario donde las puertas juegan un papel de artefacto y juego de arquitectura interior, posiblemente ligado a la tristeza y a la pérdida de seres queridos.

Su pasión por las sillas y sus distintas transformaciones donde el cemento o el acero parecen que hablen de la metaescultura de este objeto de uso, llegan a variedades inhóspitas: frías, fúnebres, imposibles, gordas, mastodónticas…A veces parecen mausoleos en sí mismos para proteger quien estuvo allí ocupando aquel asiento. También lo expone a través del juego de las mesas en Unland . Donde alarga, hasta lo increíble, o las empalma con otras de distinta textura o longitud.

Personalmente tuve la ocasión en el 2008 de ver en el Tate Modern de Londres Shibboleth en la famosa Turbina Hall, una de sus obras cumbres que refleja la quiebra y la rotura del “sí” . Nunca una imagen de esta naturaleza, a la distancia que la contemplé, me relató tanto la fragilidad del todo o el propio quebrantamiento que la naturaleza nos ofrece: la rotura del yo.  ER

 

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