DEJAD QUE ENTRE LA LUZ Y OTROS POEMAS. José Antonio Valle Alonso

DEJAD QUE ENTRE LA LUZ

 

 Que inunde todo

el corazón del día.

Que ese pájaro Mirlo ha vuelto a mi ventana,

a encender el silencio, a recorrer la sangre.

 

Dejad que se acerque,

que vengo de las sombras,

que entre toda la vida de golpe por los ojos.

 

Dejad que haga nido en el sueño de la alborada,

ese pájaro Mirlo

que ha vuelto en Sol Mayor esta mañana.

 

Dejad que el aire temple ese verso,

esa canción de la rama,

esa lira de amor,

ese pájaro Mirlo, posado en mi ventana.

 

Dejad el arroyo,

ese que pasa a mi puerta,

que se lleve la soledad del invierno,

que se lleve la noche,

toda encerrada en su lecho…

 

Dejad esa violeta florecida

en los jardines de marzo,

derramarse en el alma.

 

Dejad que vuelen los sueños…

 

 

 

ALLÁ EN EL CAMINO

 

Definitivo a ninguna parte,

a ahora mismo,

al otro lado del espejo,

a ayer pasando por mañana,

al sueño de las nubes,

a una ilusión rota,

al amor donde nace,

a una sonrisa azul

una feliz mañana de primavera,

al alba de la vida,

a la razón de vivir,

a mañana siempre…

por aquella luz que asoma allá,

allá donde se pierde la mirada.

 

 

 

 

ESCARBO EL ALBA

 

Me acerco a la sonrisa con fiebre en la memoria

mientras deshago el llanto en el llanto anudado.

Hay suspiros que rompen el silencio más hondo,

el silencio que sabe el secreto del alma.

 

Una brizna de aire, solamente una brizna

y ha deshojado el álamo y el chopo

y el olmo ha deshojado:

Alas de mi niñez a cielo abierto.

 

¡El Iris del amor voló tan alto!

Así, como esta noche.

Con las alas partidas, a la espera

del Ángel del milagro.

Y no llega.

Y sin embargo aviva,

aviva no sé qué ilusión dormida en el sueño:

Babel de mi inocencia.

Y estoy junto a la lumbre,

ceniza de tomillo.

Y escarbo el alba.

 

 

 

Y YO QUÉ SABÍA

 

Una nube,

un sueño,

un racimo de estrellas,

un segundo empapado eternamente

y más azul, y más, llenas las manos.

Y hasta en mis ojos negros azulaba la luz.

Y encendí las palabras

para llamarte,

para decirte, amor, está lloviendo…

Y no me quedan huellas para volver a casa.

 

Y seguí campo abierto con tu nombre en la boca.

Y se acabó tu nombre

hacia la madrugada…

Y se escondía el cielo

detrás de cada letra.

 

Amor, está lloviendo…

Y es mucha mar para mis ojos solos.

 

 

 © All rights reserved José Antonio Valle Alonso

José Antonio Valle Alonso (Villamor de los Escuderos – Zamora, España 1950), ha publicado, entre otros, los siguientes poemarios: Luz y tinieblas (1976); Marchito rosal (1979); La soledad (1987); Hacia la luz desnuda (1994); Primavera íntima (1997); Bajo el puente de Cronos (1999); La espiral del sueño (2006), El color de la fiebre (2011); Temblor de sombras (2011), Volcán de los deseos (2011), Templo del tiempo (2012), El color de la fiebre (2012), Y tanta luz para buscar la noche (2014), La otra orilla (2014), Y esta rosa de luz o La eternidad de la azucena  (2016), Adagio en París (2016), La flor de Lis o Lirio de los valles (2018) y Fiebre en la huella (2018), Ha obtenido numerosos premios y reconocimientos, entre ellos, el Premio Nacional de Poesía Jorge Manrique, el Premio Nacional de Poesía del Ateneo de Valladolid o el XXVIII Premio Internacional de Poesía “Justas Poéticas Castellanas”. Los textos seleccionados forman parte de sus dos últimos poemarios.

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