CON LA NARIZ EN ALTO Y OTROS POEMAS. Milho Montenegro

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Con la nariz en alto

 

Por esta libertad
bella como la vida
habrá que darlo todo

Fayad Jamís

 

Hurgo en el hueco de mi nariz/ porque nada me causa más placer/ ni representa mejor lo que es la libertad/ El dedo entra y sale-entra y sale-entra y sale con total albedrío/ mientras hablo y me miras como si fuera algo repugnante/ Sigo hurgando porque sé que está bien: otros antes que yo manosearon sus fosas nasales/ las hurgaron sin pudor/ sabiendo que eso era la libertad/ ¿De qué sirve una nariz si no puedes meter el dedo/ ser libre?/ Voy por el mundo con mi nariz en alto/ el dedo presto no a puntear/ no a censurar/ sino a manosear que es lo mejor que sabe hacer un dedo/ Tú te asqueas de verme/ ellos voltean sus rostros para no saber/ Pero sé que todos anhelan ser como yo/ empinar sus narices sin bochorno y meter el dedo/ gozar ese acto de absoluta redención/ Por eso compadezco sus tristes vidas miserables: a pesar del asco ajeno puedo hurgar mi nariz sin reservas/ ser un  hombre de poder y lleno de goce/ porque en eso consiste libertad.

 

Paranoia

debemos tomar medidas, así se dicen recíprocamente,

alentándose en el nacimiento brutal de los muros

Roberto Manzano

 

 

Cuando apareció el miedo levantamos el primer muro/ no el Muro de Las Lamentaciones/ sino contra la tormenta que amenazaba con arrancar de golpe nuestras cabezas/ La tormenta no llegó/ pero el miedo tampoco fue cosa pasajera/ Por eso construimos el segundo muro/ no El Muro de Berlín/ sino contra la mano extraña que parecía boicotear la paz tan necesaria/ La mano no logró siquiera el roce/ aunque el miedo no dejó de persistir/ Entonces erigimos el tercer muro/ no La Muralla China/ sino contra la voz insidiosa que intentaba embrollar nuestras ideas/ De aquella voz no escuchamos un sólo murmullo/ ni vimos pasar su sombra/ Para aquel instante el miedo había echado ya sus raíces/ no como la mala hierba/ sino igual que un cáncer/ Por eso los muros siguen creciendo/ multiplicándose a cada minuto y por todas partes/ Hoy nos preguntamos qué hacer contra la amenaza y el miedo/ porque —eso sí lo sabemos bien— un muro no es cosa pasajera.

 

 

El tiempo que nos ha sido dado vivir

 

 

Hubiera querido ser un héroe mambí/ apostar mi vida por la Nación/ y luchar —desde las entrañas de la manigua— por la grandeza de un cielo en libertad/ Hubiera deseado verter mi sangre/ lanzar contra el enemigo un grito de coraje/ alimentar Palmas Reales con la esencia de esos sueños que empujan a los valientes/ y albergar el secreto de algún amor/ esperándome a la sombra del triunfo/ La historia concede a cada quien su papel/ el lugar que le corresponde en los estantes del recuerdo/ Existen hombres que diseminarán sobre el mundo su esperanza y doctrinas/ fraguando leyendas que sostendrán el futuro/ Otros han de vivir épocas de concordia/ sin otro protagonismo que el ensueño/ Cada siglo exige su dosis de sacrificio y de inercia/ Hubiera anhelado ser un gran mambí/ pero es sabido que la historia confiere a cada cual una misión/ según la entereza que haga falta/ ante las demandas del tiempo que nos ha sido dado vivir.

 

 

 

El peor momento

 

Es cierto —no lo niego— que me angustio cuando cae una mariposa/ y su cuerpo es arrastrado por una jauría de hormigas/ hacia los intestinos de la tierra/ También —cómo callarlo— me aflijo cada vez que llueve/ y me siento a mirar la ciudad/ a través del cristal de la ventana/ Y mis ánimos se derrumban si espero en vano lo que tanto anhelaba/ o algún esfuerzo trasmuta en tiempo perdido/ El peor momento de mi existencia nunca es —lo confieso— encontrarme en el espejo ojeroso y solo/ casi devastado por lo inestable de mis emociones/ sino descubrir lo fácil que es ponerse triste/ y ver que el mundo y la vida siguen de largo/ sin volver a mirada/ como si toda esta zozobra fuera poca cosa/ y nada de lo que explico les importara una mierda.

 

 

Amo mi zapatilla rota

 

Para Milena y Arlan,

que lograron ver donde no pude

 

Quiero me mire a los ojos/ porque mis ojos son la ventana del alma/ ventana abierta de par en par como el hueco de mi zapato/ Pero su mirada no se posa donde espero/ sino en ese hoyo que atrapa toda la atención como una estrella de cine/ una aurora boreal/ El alma (abierta o cerrada) no se compara con una estrella/ tampoco con una aurora/ por eso sus ojos permanecen allá abajo/ husmeando en el agujero/ mientras hablo de mis ganas y siento odio por estos zapatos/ A pesar de todo insisto/ quiero se asome a mis ojos y descubra lo que hay dentro/ Pruebo con la lengua/ manos y omóplatos/ pero lo definitivo es que no soy una estrella de cine/ Entonces me deja con las ganas/ los ojos cuarteados de tanta espera/ Quedo a solas con mi zapatilla rota/ amándola como nunca antes/ aprendiendo su valor cuando no eres lo que esperan/ y quedas inútil como una ventana a la que nadie se asoma: porque algunos vendrán con un hueco en el zapato/ y otros en el alma.

 

Del libro inédito La Nueva Era

 

 

© All rights reserved Milho Montenegro

Milho Montenegro es poeta, narrador y periodista. Una de las voces emergentes más destacadas en el panorama literario cubano. Trabaja como crítico y periodista para varias revistas cubanas y extranjeras. Reside en La Habana. Es autor de los libros Muchachos que no merecí (poesía, Espiral Publishing, 2017, EE. UU), Muchachas que llegan con la noche (poesía, Editorial Guantanamera, 2017, España) y Erosiones (Editorial Letras Cubanas, 2017). milho.montenegro@hotmail.com

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CON LA NARIZ EN ALTO Y OTROS POEMAS. Milho Montenegro

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