CALABOZO Y OTROS POEMAS. Sergio García Zamora

Calabozo

Toda la noche estuve escribiendo un poema llamado «Cala-bozo». Forjé unos buenos versos que me sirvieran de barrotes, porque lo que hace a un calabozo son unos buenos barrotes. Y así hasta que el genio alcance, dado que un poema-calabozo puede extenderse sobre valles y montañas, mares y desiertos. El poema puede estar lo mismo en Argel que en Toledo. En el primer caso necesitará de un poema llamado «Reo» que responda a un soldado de apellido Cervantes; en el segundo caso a un tal Juan de Yepes, más conocido como san Juan de la Cruz. Como el poema había adquirido unas dimensiones insospechadas seguí sumando reos: Francisco de Quevedo, fray Luis de León, fray Ser-vando Teresa de Mier, Federico García Lorca, José Martí, Gérard de Nerval, Paul Verlaine, Guillaume Apollinaire, Albertine Sarrazin, Oscar Wilde, Honoré de Balzac, Miguel Hernández, César Vallejo, Ezra Pound, Ossip Mandel-stam… Tantos y tantos. Vamos a necesitar una isla para mantener encerrados a todos, pensé. Pudiera decirse que los calabozos engendran más literatura que las academias, lo cual resulta terriblemente cierto. No escribí el poema «Carcelero» (ni falta que me hace) porque los carceleros se pasan la vida pidiendo poemas de amor para sus novias. Pasé la noche en un calabozo escribiendo un poema llamado «Calabozo». Lo fácil es que se lee desde afuera. Lo difícil es que se escribe desde adentro

 

Las cárceles y las manos

Cuando pasa el brigada con su bastón (madera de la Cruz) como un escolar distraído que golpea las verjas, las ciegas farolas, uno se dice sin decir: Ahora sucederá el silencio lo mismo que un monje sordo contemplando una batalla. Cuando se apagan las luces como debió apagarse el cielo de Jerusalén, uno se pregunta: Cuál sombra será peor, cuál sombra. Cuando en la noche íntima y feroz los presos apoyan sus frentes contra los barrotes de la celda y tienden hacia afuera sus manos, uno tarda en descubrir lo que no importa que nadie descubriera: Esos hombres pertenecen a los hombres, pero las manos son de Dios. Y son libres.

 

Falso réquiem por Anna Ajmátova

¿Qué sería de ti, Anna Ajmátova, si los presos exigieran de sus madres un réquiem como el tuyo? Si puedes escribirlo, entonces no lo escribas. Yo quiero lo que no puedes escribir. Yo quiero a Anna Ajmátova, la invisible: la niña de Odesa, la muchacha de Tsárskoye Seló, la madre entre mil madres de Leningrado. ¿Recuerdas cómo hablaban en murmullos? ¿Qué sería de ti si el murmullo se volviera estruendo? Todas las madres preguntando por Anna Ajmátova, la mujer que escribe, la mujer que escribe, la mujer. Todas las madres pidiendo un poema para el hijo, hasta que los gendarmes anuncian: Hoy no habrá visitas. ¿Qué sería de ti, Anna Ajmátova, convertida en unas líneas como en el dibujo de Amedeo Modigliani? O peor: ¿qué será de mí cuando me lleven?

 

 

 

Poemas de “Resurrección del cisne”, Publicaciones Entre Líneas, Miami, 2019.

 

 © All rights reserved Sergio García Zamora

 

SERGIO GARCÍA ZAMORA nació en 1986, en Esperanza, un pequeño pueblo al centro de Cuba. Licenciado en Letras por la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas. A los diecisiete años publicó su primer cuaderno de poemas Autorretrato sin abejas (2003), desde entonces han visto la luz los siguientes títulos: Tiempo de siega (2010), El afilador de tijeras (2010), Poda (2011), El Valle de Acor (2012), La violencia de las horas (2013), Las espléndidas ciudades (2013), Libro del amor feliz (2013), Caballería insurrecta (2013), Pabellón de caza (2013), Perro que aúlla (2015), El frio de vivir (2017), Diario del buen recluso (2018) y La canción del crucificado (2018). Ha recibido los premios nacionales de poesía Regino Boti, Emilio Ballagas, José Jacinto Milanés y Eliseo Diego, así como el Premio de Poesía de La Gaceta de Cuba, el Premio Internacional de Poesía Rubén Darío 2016, el XXIX Premio Loewe a la Creación Joven, el III Premio Internacional de Poesía Gabriel Celaya, el XXIX Premio de Poesía Blas de Otero de Majadahonda, y el III Premio Internacional de Poesía Jorge Manrique de Palencia, España.

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