BREVE HISTORIA DE LA POESÍA ARGENTINA (TERCERA PARTE). Luis Benítez

La poesía virreinal y posrevolucionaria

La figura más destacada de la poesía argentina virreinal es Manuel José de Lavardén (1754-1810), autor de la Oda al Paraná y también de la primera pieza dramática nacional, Siripo. Con anterioridad a la creación de la célebre Oda ya había escrito una Sátira, en 1786, dirigida contra la chatura del ambiente cultural de Buenos Aires y contra el prestigio de los poetas limeños, que expresaba muy bien, en este último aspecto, las rivalidades culturales entre ambas metrópolis, cuando el virreinato del Río de la Plata llevada apenas una década de independencia política y económica del peruano.

Como una de las muchas consecuencias de este cambio político, se impuso la necesidad que tenía la ciudad de Buenos Aires de realizar impresiones in situ de todo tipo de documentos, fundándose entonces la Imprenta de los Niños Expósitos, así denominada porque las ganancias devengadas de su actividad se destinaban a subsanar las carencias de los huérfanos de Buenos Aires. En esta misma imprenta vio la luz el primer periódico rioplatense, el Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de la Plata, en 1801, en cuyas pocas páginas se publicaron también poemas de autores argentinos y españoles. También de la Imprenta de los Niños Expósitos surgieron en formato de hojas sueltas, cuadernillos y libros, obras de poetas de la época, entre ellas las fábulas de Domingo de Azcuénaga y la referida Oda al Paraná de Lavardén.  

Debemos destacar, como otros interesantes autores de esos finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, al fraile santafesino Juan Baltasar Maziel, y al rioplatense de la Banda Oriental, hoy Uruguay, Bartolomé Hidalgo, ambos precursores de la variedad poética que conocemos como poesía gauchesca.

Las invasiones inglesas al virreinato del Río de la Plata, perpetradas en 1806 y 1807, fueron el tema de numerosísimas composiciones poéticas, tanto de matices cultos como de raigambre rural, que se plasmaron en coplas, romances, letrillas, cielitos y décimas que circularon ampliamente, siendo la mayoría de estas composiciones de autor anónimo. Sin embargo, se destaca en esta producción la obra del canónigo Pantaleón Rivarola, el Romance Heroico.

El período posterior a la Revolución de Mayo (1810) y también el siguiente a la Declaración de la Independencia (1816) se caracterizan por una activa vida cultural, signada sin embargo por la continuación de las pautas heredadas de la etapa colonial. En poesía, el neoclasicismo seguirá siendo la influencia mayoritaria, inclusive presente en las composiciones de tópica patriótica. Estos poemas –compuestos muchos de ellos para ser declamados- cuando no son definidamente neoclásicos, exhiben la marca muy clara de la influencia que sobre sus autores criollos tienen Calderón de la Barca, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Gaspar Melchor de Jovellanos y otros autores españoles. También se producen mixturas de varias de estas influencias en una misma obra.

En esas décadas persiste opacado el influjo barroco y gongorista, que convive con el prestigio de la normativa neoclásica y la seducción por el pensamiento iluminista. Los “poetas de la revolución”, como se los ha llamado, creaban sobre estos modelos peninsulares odas, sonetos, himnos, etc., dirigidos a celebrar las victorias militares de los ejércitos patriotas o los aniversarios revolucionarios y el interés que hoy despiertan las composiciones de su autoría que se han conservado es más de índole histórica que literaria. Mencionaremos aquí a los más conspicuos: el franciscano Cayetano Rodríguez (1761-1823); José A. Molina (1772-1838); Juan Ramón Rojas (1784-1824); Vicente López y Planes (1784-1856), autor del Himno Nacional Argentino, y Esteban de Luca (1786-1824).

También heredero del neoclasicismo colonial será Juan Cruz Varela, llamado a convertirse en una figura de peso poético importante dentro de la primera mitad del siglo XIX, principalmente luego de la publicación en Montevideo, en 1831, de sus Poesías.

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Foto LUIS BENITEZ webLuis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay.

 

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