AUNQUE PAREZCA MENTIRA, COMER Y LEER SON COSAS BIEN DIFERENTES. Luis Benítez

El ya inveterado proceso de banalización y degradación de la cultura contemporánea va incorporando y fortaleciendo año tras año nuevos y más efectivos mecanismos.

Nos encontramos inmersos en lo que Mario Vargas Llosa, tan acertadamente, denominó hace años como “la civilización del espectáculo”: “La de un mundo en el que el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda. Sólo un puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran dar solaz, esparcimiento, humor y diversión a unas vidas encuadradas por lo general en rutinas deprimentes y a veces embrutecedoras. Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias a veces inesperadas. Entre ellas la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad…” (La civilización del espectáculo, M.V. Llosa, Ed. Alfaguara, 2012).

Cuando debajo de la frívola meta enunciada de “pasarlo lo mejor que sea posible”, el único objetivo es vender a toda costa, ya se trate de automóviles, vestimenta, comida rápida o libros, no es de extrañar que se apele a cualquier método o se combinen varios, sin detenerse a pensar que se puede alcanzar, por esa vía, muy fácilmente el más allá de las fronteras de lo ridículo y lo grotesco.

Así, se va volviendo moda y hábito -en ocasiones, con la socorrida excusa de algún aniversario cultural o de cualquier otra índole- la organización y puesta en marcha, divulgada y convocada según los cánones más ortodoxos de una operación comercial, de bien publicitados “eventos” (sic) donde se conjuga la oferta de especialidades gastronómicas junto con mesas redondas, supuestos debates o hasta disertaciones literarias y filosóficas, donde efectivamente participan especialistas de reconocida reputación… tanto en materia de pensamiento unos como en elaboración de viandas dulces y saladas otros. Muchas veces anunciados y propagandizados como “maratónicas veladas” (o sea: el espectáculo comienza cuando usted llega, los razonamientos y la venta de bocadillos también) aspiran a alcanzar un redituable atractivo democratizante: no es necesario que sepa nada: se lo explicaremos todo y le daremos además -¿o fundamentalmente eso?- de comer. Bibliografías y menúes son expuestos como ofertas sin mayores remilgos, en una suerte de duplicación de sus respectivos atractivos para el público y, fundamentalmente, para el público no especializado, aquel que no es ni lector cultivado ni gourmet, el mayoritario; en definitiva, el que más gasta, por el volumen de sus compras.

Hasta aquí, con algo de ingenuidad y un poquito más de candor, todavía alguno bien distraído o poco advertido podría suponer que se trata de una “inocente propuesta” que aspira simplemente a vender muchas entradas y todavía más ingentes porciones de spaghetti, lasagna, asado o ejemplares de Martin Heidegger o del autor de turno, nada primariamente condenable más que como oportunista, algo bastante liviano si se quiere forzar las cosas un poco más.

Pero en temas culturales -y del papel que la cultura ocupa ¿u ocupaba? en nuestro tiempo- el espectáculo de la reunión conjunta de ollas humeantes y mesas cubiertas de libros se vuelve un asunto mucho más delicado si reflexionamos acerca del papel que le damos a la cultura al equipararla y ponerla en el mismo plano que un soufflé babé o un estofado de cerdo.

Y no solamente se advierte en este tipo de citas -minuciosamente organizadas- entre el público, los chefs de cuisine y los expertos en hermenéutica hegeliana, la entusiasmada adhesión de las empresas editoriales, tan ansiosas por vender sus productos como lo están los fabricantes de salsa de soja, máxime tomando en cuenta los déficit que acarrea la crisis económica mundial; también se registra la participación ferviente de los autores convocados/impulsados por los sellos editoriales que ellos representan, pues a las ventas posibles y concretas se suma para los especialistas del pensamiento otro atractivo que no conocen las morcillas ni sentirán jamás los jamones curados: la ilusión del contacto directo con el público, la valoración del individuo por parte de las masas, aunque estas aplaudan mientras mastican o eructan.

¿Qué podrá depararnos este engordante rumbo que va tomando la cultura con tal de vender unos libritos más? Tal vez la combinación todavía más estrecha entre ambos campos, amparándose las novedosas fórmulas futuras en esa exitosa definición de la cultura, de cuño antropológico, también referida por Vargas Llosa en su ensayo ya citado, como la suma indiscriminada de todas las actividades humanas. Entonces, podríamos acceder a innovadoras recetas, tales como “pato a la Baudelaire”, “ravioli Emerson style” o “roast beef Edgar Allan Poe”. Siguiendo la lógica contemporánea: “si da placer, ¿por qué no?”.

Apenas quedaría una exclusiva distancia entre ambas actividades humanas, consistente en el producto final de la gastronomía y el de la así llamada “alta cultura”: es que en todo caso, y al menos hasta ahora, la comida y la lectura terminan convertidas en dos cosas muy distintas cuando culmina todo el proceso de incorporarlas a nuestro organismo.

© All rights reserved Luis Benítez

Foto LUIS BENITEZ webLuis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay

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