ArMOUR (Performance Dance & Exhibition). Lázaro Godoy. MTC

Publicado el

ArMOUR ( Performance Dance & Exhibition) 
SandBox Black Box, Miami Theater Center Inside the Box
 
Commission/ Lazaro Godoy
 
Creator/Godoy Pradera Projects
Audiovisual: Omni-Kizzy Productions

Entramos los espectadores a la sala. No hay ni una silla. Una lluvia de plomo surge desde la metáfora con hilos de nylon y fragmentos tubulares. Su verticalidad nos remite a la imagen de los órganos antiguos en una capilla. En el suelo, tres lonas blancas como escenario.

Adosadas a la pared una serie fotográfica de Maksimilian Dikarev con los actores entrelazados. Unos papeles con la misma temática a modo de boceto aparecen a continuación. Al fondo un piano y un hombre vestido con traje negro con las notas del solfeo frente a sí mismo. Una armadura del medioevo se mantiene estática como el metal en un suelo arenizo. Se apagan las luces…se inicia un movimiento en su interior. La obra acaba de comenzar.

Con una sostenibilidad casi imperceptible este guerrero (Lázaro Godoy) se desposee de su piel férrea y laminada con la lentitud de un gusano abatido. Serpentea sus órganos con dolor. Y carga con su traje de batalla a cuestas en busca de un porqué.

De repente, penetra en aquel espacio un “ángel”. Es una mujer (Carlota Pradera) vestida con una túnica del mismo color que la piel el día de su nacimiento. Sueña ante un limbo de silencio celeste y un héroe aún por llegar. La lluvia de metal la rodea; él la contempla impávido…se inicia el encuentro.

Desnudo, con el asombro por las heridas y la desdicha…explora aquel cuerpo virgen con el pudor que implica un cortejo y el movimiento mesiánico que requiere acercarse a sus pupilas. Ella lo sigue en escena enamorada de su hacer. Los dos inician un concupiscencia nítida …hasta que el armour inicial de ambos, se convierte en un amour para siempre.

Una pieza poética cercana a la batalla pérdida y al encuentro en el paraíso con la amada. Llena de melodía y ópera de fondo. Meticulosa en su concepción. Al punto, que permite al espectador disfrutar del milímetro a milímetro en cada movimiento en el escenario.  Acurada en el tiempo, abre una vía para que las décimas de segundo que necesita el cambio de posición de un cuerpo, se perciban. Libre de formalismos y bien honesta en su contenido. Una obra total, humana y sin “armaduras”. ER

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