ARIADNA. Xalbador García

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Ariadna baja en la estación de Government Center. Tres niveles hasta el corazón del Downtown, siempre laberíntico, siempre extraño. Justo ahí se cruza la primera avenida con la primera calle. Desde que llegó a Miami, Ariadna aprendió la desolación de la ciudad. Nadie camina por la zona. En medio de edificios con columnas dóricas de cinco metros, en medio de muros que impiden observar lo horizonte, en medio de los jardines tan bellos como perversos, la usencia es la constante.

Ariadna anda por las banquetas. Mira hacia arriba donde el sol apenas aparece. Lo perverso de la modernidad le hace sentir la repetición de las estructuras. Cemento y vidrio hasta rozar el cielo. Edificios que nuevamente aparecen como si nunca acabaran, como si volviera a regresar del punto donde partió. Ariadne ha comprendido que esta zona de Miami no está hecha para caminar. Se lo dijeron sus amigas y se lo confirman los homeless que se arrinconan en las bancas o por debajo de las construcciones de millones de dólares, donde se resguarda la justicia de un país que escupe a los más débiles.

Ariadna camina. Pese a las advertencias, camina. Ha llegado a comprender que esa miserable gente no es peligrosa, sino más bien funge como guardián del mayor secreto de Miami que José Martí comprendió hace un siglo: hay un monstruo y aquí pueden verse sus entrañas. Por eso, mientras camina, Ariadna piensa en la balsa en la que se echó al mar rumbo a una tierra sin nombre. No hubo amor, ni amante llamado Teseo, ni esperanza.

Ariadna se lanzó al mar porque tenía que luchar y luchando llegó hasta un pueblo alimentado por inocentes. Se trata de una maquinaría de muerte y dinero, responde Ariadna cuando le preguntan sobre la tierra a la que el mar la trajo. Cada año mueren jóvenes alimentando al monstruo que no se cansa de engullir esclavos que se han dejado seducir por la satisfacción del instante, por objetos tan superfluos como extravagantes.

Aun con la podredumbre en el horizonte, Ariadna no flaquea. Ariadna lucha. Es lo que sabe hacer: luchar. Desde que se lanzó al mar, e incluso antes, cuando en su pueblo no había qué comer, luchaba. Cuando sufrió la dictadura, luchaba. Cuando se desapareció su familia, luchaba. Tan sólo lucha porque es lo que sabe para sobrevivir en un mundo sin dioses pero con estatuas de dioses.

Y para luchar con cierta ventaja Ariadna preparó el escape. Aprendió números, memorizó calles, aprendió los entresijos del Laberinto que es el Downtown de Miami. Al doblar a la izquierda camina tres cuadras. Frente a un edificio ventanales gigantes Ariadna detiene sus pasos. El Minotauro la mira y bufa. El cuerpo hace una sombra que le toca los pies. Ariadna empuña su espada.

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XALBADOR GARCÍA (Cuernavaca, México, 1982) es Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y Maestro y Doctor en Literatura Hispanoamericana por El Colegio de San Luis (Colsan).
Es autor de Paredón Nocturno (UAEM, 2004) y La isla de Ulises (Porrúa, 2014), y coautor de El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015). Ha publicado las ediciones críticas de El campeón, de Antonio M. Abad (Instituto Cervantes, 2013); Los raros. 1896, de Rubén Darío (Colsan, 2013) y La bohemia de la muerte, de Julio Sesto (Colsan, 2015).
Realizó estancias de investigación en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad del Ateneo, en Manila, Filipinas, en la que también se desempeñó como catedrático. En 2009 fue becado por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Morelos, en la categoría de Literatura, en el área de Novela. Beca que ganó nuevamente en 2012, pero bajo el género de Ensayo Creativo.
Poesía, ensayo y narrativa suya han aparecido en diversas revistas del mundo, como Letras Libres (México), La estafeta del viento (España), Cuaderno Rojo Estelar (Estados Unidos), Conseup (Ecuador) y Perro Berde (Filipinas). Fue editor de la revista generacional Los perros del alba y su columna cultural “Vientre de Cabra”, apareció en el diario La Jornada Morelos por diez años.
Actualmente es colaborador del Instituto Cervantes de España, en su filial de Manila y mantiene el blog http://vientredecabra.wordpress.com/

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