Antoni Tàpies. La podredumbre, la arena y el barniz como sujetos poéticos

Su apellido fue su principal investigador (tàpies en catalán es sinónimo de muros). Y se fijó , como Cy Towmbly o Basquiart, en todas las paredes que había a su alrededor. Puso las manos en ellas y se ensangrentó en silencio con las rugosidades de la arena, las deformaciones del yeso, la espiritualidad líquida del barniz, la quietud del concreto… Hasta que fue su propia “pared “ la que originó un estilo y un modo de sentir muy ligado a sus creencias religiosas : el budismo zen. Entonces sus telas se pueblan de emes, de tés, de equis , de cruces, de números o de garabatos exacerbados y rápidos que han dado pie en último tercio de su vida a una mirada espontánea, lírica y fría sobre la materia.

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Admirador de sus coetáneos como su amigo y maestro Joan Miró, conoció a Picasso en París en 1950 y al regreso, funda junto al poeta Joan Brossa , Luis Eduardo Cirlot y sus amigos pintores Joan Ponç y Modest Cuixart el famoso grupo de tendencia surrealista y dadaísta Dau al set / Dado al siete. Movimiento que marcó el renacimiento del arte contemporáneo catalán a finales de la posguerra española y que fue la única respuesta -no explícitamente política sino formal y humanista- al régimen de la dictadura de Franco. Tàpies pasa enseguida de las vanguardias y se instala en una nueva línea textural que si bien tuvo la influencia de expresionismo abstracto neoyorquino en una primera etapa, después desembocó en un una línea más textural que se denominó informalismo. Por cierto nada que ver con el arte povera de Merz o Manzoni que la utilizaron como respuesta al pop y al consumismo reinante de finales de los 60. Los platos rotos, camas, somieres, arpilleras de saco y algún que otro elemento sacado del basurero en el artista no tenían más pretensión que la subjetividad .

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Esta fue su base y su fin a lo largo de su vida creativa. Sacar un universo vacío, gris, salpicado de ocres y tierras , siempre con el trazo y el impacto desgarrador como respuesta. Y testigo de su compromiso con lo social se lleva a la tumba un proyecto, El Mitjó rechazado en su tiempo por la sociedad catalana (es de las pocas veces que me plantee renunciar a mis orígenes). Cuando en plena efervescencia y fastos de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, en el Palacio Nacional donde ahora está instalado el MNAC (Museu Nacional d´Art de Catalunya), en medio de la cúpula central donde se celebran todos los actos oficiales de los políticos, decidió instalar en dimensiones monumentales 18m X 10m: una media sucia y roída de homeless, colgando del centro de la linterna a pocos metros de las mesas donde se sirven los canapés y el champán.

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Un aviso a los políticos abajo presentes para que no se olvidaran, mientras se divertían con sus palabras, de que la realidad pende de un hilo arriba de sus cabezas. Quizás si hoy hubiera existido esta pieza, no habría en mi país la realidad depauperada a la que hemos llegado. Un hombre que trabajó el silencio y la poética a base de huellas impregnadas en sus creaciones llamadas “matéricas”. ER

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