ANALECTAS DE DON INSULANO . Héctor Manuel Gutiérrez

Desde este pequeño rincón, mi apretujada esquina del mundo, ese espacio limitado y estrecho que tanto biólogos como neurólogos llaman <<ínsula>>, contemplo los sucesos deparados por la habitualidad que me tocó o decidí vivir. Algunos de esos incidentes y accidentes son tolerables; mientras otros se manifiestan como abiertamente negativos y controversiales. Mi peculiar norma de radar no percibe un gran número de ellos, mientras otros, aún sin darme cuenta, reciben un genuino salpicón de indiferencia desde las más profundas cavidades de lo que llamo mi ser. Siento que esto último es mi más humilde confirmación de que me desenvuelvo en un estado de libre albedrío, derecho que reconozco y respeto en los demás, a cambio de una merecida reciprocidad que guardo y defiendo con pasión. En mi caminar me acosa una infinidad de incitaciones (llamémoslas persuasiones). Una parte considerable de esos estímulos se gana mi interés, e incluso suele ser excitante; el resto, francamente, no.

 

Pese y gracias a esa diversidad de acontecimientos y criterios que tengo la buena o mala suerte de encontrar en los límites de mi asignado deheso, mi presencia, con sus ganancias y pérdidas, continúa su peculiar y accidentada secuela fenomenológica. Siempre consciente de la finitud de todo en mi entorno, me dejo arrastrar por mis propios impulsos, gustos, y opiniones, asegurándome de que alguien no los controle, mientras trato de garantizar que nadie sea controlado o manipulado por los míos. Desde luego, comprendo que cuando mi propia existencia termine, el resto de los objetos y conceptos que alcanzaron a ser percibidos por mi consciencia, cesarán de existir por igual. Es una sentencia sartreana que me ha acompañado por décadas, mientras mi interioridad me recuerda, segundo a segundo, que el saldo final será cero.

 

Apoyado en la mentoría de Montaigne, Borges y Yourcenar, me conecto al párrafo anterior, para reflexionar en algunas de las pérdidas que de una manera u otra nos afectan. Además de las más impactantes, como son la ida de un ser querido, el deterioro de partes vitales en la buena salud, están la quiebra de una relación amorosa o la ausencia de una aparente seguridad en nuestra peculiar noción de vida feliz. Recuerdo haber escrito no hace mucho, que el presente es el más efímero de los tres tiempos que creemos conocer. Es un escalón risueño y burlón que juega a las escondidas. El futuro es el más nostálgico, pues lo añoramos. Con frecuencia (o inesperada reincidencia) el pasado puede o no ser aquel estado depresivo que al fin y al cabo no nos deja crecer. En ese batallar, ese mar de inquisiciones, de preguntas sin respuesta, se entrena día a día el <<Ser>>, el estado de consciencia que produce insomnios, sueños y aspiraciones que se cumplen o se abortan.

 

El estado actual de las cosas, con el avance tecnológico, la diversidad que se apodera de los medios de comunicación, la conquista de las distancias globales y el conflicto entre lo baladí y lo sustancial, complica el panorama ante los ojos pensantes de la humanidad. Más de un individuo inquisidor asegura que estamos en una apresurada etapa de transformaciones, nacimientos o renacimientos. En ese torbellino de acción aparecen cosas de cierta relevancia, en contraposición a muchas que no la tienen, mientras notamos que la gran mayoría se desvanece o se transforma en otros entes. A diario vemos la desaparición o decadencia de instituciones tan apegadas a nuestra cotidianidad, como los periódicos (y con ellos los periodistas). Se dice que esos componentes esenciales de lo que alguna vez se llamó “el cuarto poder”, ya están en un avanzado lapso de desaparición. En este caos existencial se disipa la acepción de una relativa objetividad, se pierde un poco, a veces demasiado, el sentido ético, que es lo que más les chocaría a Cervantes o a Martí, si estuvieran con nosotros. En cuanto a la filosofía, claro que no ha desaparecido. Lo que sucede es que el pragmatismo, la necesidad de remuneración o premiación inmediata, las nuevas urgencias del ego siempre hambriento, la imposición de nuevas normas en un mundo presa de la innovación y el supuesto desarrollo evolutivo, la invalidan.

 

Que la fortuna sea circular o lineal puede que carezca de importancia. ¿Qué más da? Ah… pero hay dolores que parecen eternos, como intuía Vallejo. Esos que a veces nos toca recibir y amortiguar. Esos que se ahogan en el martirio de los que han sido golpeados por la verdad, cuando ésta cala nuestra conformidad y hace crujir la seguridad interior. Terrible cosa ésta de estremecerse ante la finitud de la vida, el espejismo del recuerdo y la cercanía del fin o del inicio, que viene siendo lo mismo. Todo lo anterior me conduce a mi reflexión final en los párrafos que siguen.

 

El pasado seis de julio, ha muerto Joao Gilberto, una de las grandes influencias en mi juventud. Su legado, su sofisticada sencillez en interpretaciones, su asociación con otras figuras, como Vinicio de Moraes, Antonio Carlos Jobim, Chico Buarque, Caetano Veloso, Maria Bethânia, Gilberto Gil, Elis Regina, Gal Costa y otros, me marcaron para siempre. En los últimos lustros, una triste ironía había sepultado en vida a este intérprete de la bossa nova tan auténtico e icónico, cuyas grabaciones tenían un lugar especial en miles y miles de hogares. Después de haber marcado la esplendidez de una época, sufrió la explotación de las casas disqueras, que vendieron millones de sus discos sin honrarle con una justa gratificación. La peor de sus heridas la provocaron los vejámenes de un público joven e ignorante que lo abucheaba en auditorios repletos de ruido y alcohol, y el humillante desalojo de su apartamento por falta de pago de alquiler. No creo que su segunda muerte fue tan infame como la primera.

 

Otra de esas instituciones tan indispensables en una sociedad que se preocupa por conservar el acervo cultural en sociedades con acceso a las letras, es la biblioteca. A la destrucción por fuego de las estanterías históricas de Alejandría, se suma la más reciente: la de la Biblioteca Nacional de Irak. Ambas pérdidas son lamentables, pues es como si de pronto se borrase la Historia, o las pequeñas historias que se aglomeraron con el tiempo, las hazañas, las conquistas o logros, los amores y pasiones registrados en los documentos que celosamente guardaban sus paredes. Ahora hay evidencias de un alarmante, aunque no tan drástico fenómeno: la paulatina y a veces acelerada metamorfosis del concepto <<biblioteca>>. Los nocivos avatares parecen ser un efecto obligado en el camino de la desaparición de las jerarquías de conocimiento que unen a los pueblos en sus respectivas idiosincrasias y sistemas de conservación, factores necesarios para una supervivencia formativa.

Usando esto último como punto de partida, aprovecho la disponibilidad de temas a tratar en esta nueva columna, con un pensamiento de Julio Cortázar, a mi ver, uno de los escritores imprescindibles del siglo XXI: “los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”.

 

Salud y Buen provecho.                                                 

© All rights reserved  Héctor Manuel Gutiérrez

Héctor Manuel Gutiérrez, Miami, ha realizado trabajos de investigación periodística y contribuido con poemas, ensayos, cuentos y prosa poética para Latin Beat Magazine, Latino Stuff Review, Nagari, Poetas y Escritores Miami, Signum Nous, Suburbano, Ekatombe, Eka Magazine, y Nomenclatura, de la Universidad de Kentucky. Ha sido reportero independiente para los servicios de “Enfoque Nacional”, “Panorama Hispano” y “Latin American News Service” en la cadena difusora Radio Pública Nacional [NPR]. Funge como lector oficial y consultor de la división Exámenes de Colocación Avanzada en Literatura y Cultura Hispánicas en College Board. Es también consultor para el Banco de Evaluaciones Interinas y Exámenes del Departamento de Educación de la Florida. Cursó estudios de lenguas romances y música en City University of New York [CUNY]. Obtuvo su maestría en español y doctorado en filosofía y letras de la Universidad Internacional de la Florida [FIU]. Creador de un sub-género literario que llama cuarentenas, es autor de los libros CUARENTENAS, Authorhouse, marzo de 2011 y CUARENTENAS: SEGUNDA EDICIÓN, Authorhouse, agosto de 2015. Les da los toques finales a dos próximos libros: AUTORÍA: ENSAYOS AL REVERSO, colección de ensayos con temas diversos, y LA UTOPÍA INTERIOR, estudio analítico de la ensayística de Ernesto Sábato.

 

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