ALTERATIONS: MENTAL MODEL DE JUAN SI GONZÁLEZ. Jesús Rosado

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Arte, pixelagia y neurosis 

Toda obra de un artista es documentación de la propia circunstancia que la genera. Esa máxima inexorable descansa sobre la observación  de los recorridos históricos en la creación artística a través de contextos, latitudes e individualidades. Cada jornada rendida en su cronología fecunda implica un saldo de combates y armisticios existenciales que en algún momento el talento convierte en solución estética. No se cansaba de afirmar Kandinsky que el gesto de arte emerge de la necesidad interna que provoca la acumulación espiritual. 

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Hay que partir de tales premisas para sintonizar con la angustia y la sensación de aislamiento que pueden haber conducido a Juan Si González  al tratamiento perturbador del píxel en su serie Alterations: Mental Model. Tras años de residencia en Miami, la relocalización de Juan Sí en el contexto suburbano de Ohio implicó lidiar con las fronteras mentales que impone un ámbito totalmente ajeno a la identidad.  Si bien la compañía familiar de esposa e hija significan un nicho de energías positivas, es difícil para la vulnerabilidad del artista no resentir la falta de comunicación con un público de afinidades vernáculas. Es el precio inevitable de la inmersión en cultura extraña. Y en ese punto es que quizás se origina la pixelagia recreada por el artista, una distorsión de la señal de video que problematiza la imagen original, y que  parece fluir inconscientemente de esa necesidad de generar recursos simbólicos donde liberar subjetividad y preocupaciones sociales.

 

Como es común hoy día, las distancias han de haberlo empujado hacia el universo alternativo que ofrece la navegación cibernética y la imagen digital. En casos como el suyo, el mundo audiovisual de alta definición y las redes sociales se combinan eficientemente con las bondades del hogar moderno que, aún apartado de los grandes conglomerados, sirve de emplazamiento tecnológico para afrontar los rigores de la adaptación y la acumulación de inconformidades. No estamos ante el clásico perfil del síndrome de soledad. Al margen de que el trastorno no contradice las dotes creativas –como lo confirman un Van Gogh o un Munch-, en verdad es que en Juan Si ni amaga como dato clínico.

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La neurosis que reflejan sus imágenes se corresponde con el estado crítico de la psiquis colectiva contemporánea, y el artista encuentra precisamente en la tecnología que las precede, vía para explorar las zonas en conflicto de un espectador apabullado ante los discursos dominantes de los medios.

 

Convertida en recurso de terapia, la serie Alterations se vale (dis)formalmente de los “estremecimientos” de la pixelación, atrapando y reteniendo el trance que pueda servir de catarsis. El resultado es una cosecha de imágenes desleídas, por momentos crispantes, que deambulan entre los lindes de la abstracción y el expresionismo. Ambigüedad que Gerard Richter y Andy Denzler bordearon con eficacia desde soportes tradicionales y que ahora Juan Si retoma a orillas del trasiego electrónico.

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Sus instantáneas consiguen congelar las ráfagas pixélicas que, vigilante y paciente, intercepta a medio camino del flujo de la teleseñal, corrompiéndolas hasta tornarlas susceptibles a la especulación del intelecto o simplemente malogrando las probabilidades de su legiblilidad.

La propuesta rebasa toda presunción de experimentación frívola al advertir la ponderación que entraña la selección del fotograma afectado. Tras la distorsión del contorno se intuye la cruzada ética.

Cuando Juan Si pervierte  la emisión de origen, despojándola de todo glamour, está contrarrestando la lógica seductora preconcebida por el poder mass-media para terminar escamoteándole sus estrategias de consumo y su propaganda ideológica. La imagen queda saboteada de modo irremediable por esos estrafalarios efectos que mortifican el orden y la complacencia. Disfuncionales al grado en que lo puede ser el estado de inoperancia social al que intentan reducirnos los cerebros de la intoxicación mediática.

Hasta donde avanza el empeño de Juan Si en la contrapartida visual, ilustra cuán recíproco  o efectivo puede ser el arsenal contestatario al proponerse reaccionar desde el arte.

Jesús RosadoJesús Rosado (La Habana, 1957); historiador, crítico, curador y periodista cubano radicado en Miami desde 1996. Graduado de la facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana en 1981. Ha cursado varios posgrados sobre museología. Terminó estudios en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos como asistente de dirección de cine. Es cofundador del Museo Memorial El Hurón Azul (casa del pintor Carlos Enríquez), así como del Museo Máximo Gómez (Quinta de los Molinos), ubicados en La Habana. Fue especialista principal del Museo Ernest Hemingway y del Museo Nacional de Bellas Artes, ambos en Cuba. Es autor de varios textos para catálogos y monografías sobre artistas visuales. Colabora con publicaciones especializadas como ArtNexus, Arte al Día y ArtPulse. Sus trabajos aparecen también en Diario de Cuba,  Encuentro en la Red y Herencia Magazine.

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