ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LA LITERATURA ESCRITA POR MUJERES. Luis Benítez

Comienza a valorizarse, tanto por parte de algunos autores como por el lado de las mismas autoras, esto último es muy importante, la producción literaria escrita por mujeres. Sin embargo, la postergación de este reconocimiento ha sido tan larga y se encuentra tan en sus comienzos, que todavía se necesita mucho más para que podamos decir que se ha llegado a un cierto punto de justicia.

Solo en las últimas décadas comenzó a revertirse este desastroso asunto, que es muy grave porque no solamente privó de difusión a la letra generada por mujeres, sino también a nosotros, los lectores, del acceso a ella, algo que también debemos tomar en cuenta para medir el daño producido.

 

De este lado del río

En cuanto al impacto entre los escritores, las posturas son muy diversas. Van desde la comprensión en una variada escala de grises del problema, hasta el miedo (que solamente le confiesan a otro escritor y ello si la confianza es extrema) a que con el tiempo las escritoras desplacen a los escritores en cuanto al interés de los lectores y el apoyo de las editoriales.

Hay que sumarle, en el campo de lo negativo, los celos, el machismo a rajatabla y algo que tal vez sea peor: la hipocresía de los que públicamente se declaran progresistas, a favor de que “las chicas” (entre comillas) ocupen su lugar, y en confidencia te revelan qué poco estiman lo que escriben las mujeres. Conozco y trato a muchos autores, tanto argentinos como extranjeros, y puedo asegurar que lo que ha cambiado es la escala de grises que mencioné antes. Hace veinte años, campeaba por sus fueros la desvalorización. En Argentina, un chiste de moda entonces hacía referencia a un concurso para literatura de mujeres, organizado por una conocida marca de cosméticos. La chanza de mal gusto –por llamarla así- era que el premio, en vez de dinero y edición, tendría que ser una caja de lápices de labio. Hoy eso cambió y el porcentaje mayor se inclina hacia el temor que antes mencioné. En cuanto a los que comprendemos la genuina dimensión del problema, seguimos siendo pocos, demasiado pocos para sus consecuencias y el tiempo que ha transcurrido.

 

Y también hay otro modo de discriminar

La comprensión sigue siendo minoritaria, como antes señalé. No se entiende cabalmente que excluir o limitar el acceso de mujeres a cargos, responsabilidades y posibilidades que mayoritariamente son brindados a hombres también son una forma de abuso y de maltrato.

Estoy hablando en cuanto al terreno estrictamente literario y es cosa de ver que los jurados de concursos de letras están compuestos en su mayor proporción por hombres, que los premios literarios en su mayor medida se otorgan a hombres, que la mayoría de las invitaciones a participar en congresos, simposios y presentaciones en el exterior se otorgan a hombres.

Eso también es maltrato y es abuso y es discriminación y no es solamente privativo de un país, sino algo generalizado. Raramente los escritores se quejan de esta situación, pocos la señalan y eso se llama complicidad, a la espera del propio beneficio.

 

Esos odiosos estereotipos

Los autores fuimos educados por la misma literatura a la que agregamos nuestras obras y en ella, habitualmente el protagonista es masculino. La mujer del héroe, un estereotipo de la novela y el cine, es el mejor ejemplo, un personaje siempre secundario. Lo que en narratología se define como actante auxiliar, alguien que está allí escrito para ayudar a que el protagonista exhiba sus características. La mujer del héroe llora, se queja, es débil, no comprende las altas virtudes que llevan al héroe a dejar familia, hogar, propiedades, etc., en pos de un ideal. La mujer del héroe es egoísta, culpógena, de visión tan limitada que solamente puede ver lo inmediato, lo que tiene cerca y conoce con su escasa capacidad de comprensión. El héroe va en cambio a la guerra por su patria o sus convicciones, está dispuesto a sacrificarse por los demás, es un tipo extraordinario. Elijo estas figuras tan extremas porque muestran bien lo que es el espacio femenino en la escala de los valores simbólicos engendrada por la cultura patriarcal. Pero son sus diversas transformaciones, que siempre conservan algo de lo esencial, las que nutren la elaboración de los personajes aún ahora. Mi narrativa intenta mostrar a la mujer en la plenitud de sus posibilidades, ocupando el sitio central, el protagónico, y rebelándose contra las imposiciones del entorno y el patriarcado. Así sucede con la protagonista de “Ulka, la chica de la era de hielo”, una novela juvenil de 2017, una heroína de hace doce mil años, y en “Los Amantes de Asunción”, mi novela recién publicada, donde el personaje central es Aurelia Vélez Sarsfield, que en el siglo XIX y en Argentina desafió a su época jugándose todo detrás de lo que amaba. ¡Vaya si hubo y hay mujeres admirables!

En mi etapa formativa, como todos los autores y las autoras, accedí a la oferta editorial disponible donde la mayor parte de lo publicado era de pluma masculina. Pero poco a poco comencé a descubrir aquí y allá un discurso diferente, distintas sensibilidades, otro modo de ver y leer la realidad que venía firmado por mujeres. En su mayoría se trataba de autoras extranjeras, las que por su fama y sus méritos habían logrado traspasar los obstáculos impuestos a la edición de sus trabajos. En poesía comenzaron a influirme Emily Dickinson, Delmira Agustini, Marianne Moore, Elizabeth Bishop, por ejemplo, y en prosa Carson McCullers, Virginia Woolf, Mary Shelley, Emily Brontë, Doris Lessing, Nadine Gordimer, Alice Munro, Clarice Lispector. Les debo mucho.

 

Conclusión

Insisto en que esto recién comienza, a pesar de los notables avances experimentados en las últimas décadas; insisto en que es más que imprescindible que se reconozca plenamente el trabajo literario escrito por mujeres; insisto en que alguna vez se hará justicia con las autoras y con las mujeres en general, en todas sus áreas de actividad.

Insisto por la más sencilla y directa de las razones: porque ellas tienen razón.

 

© All rights reserved Luis Benítez

Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido numerosos reconocimientos tanto locales como internacionales, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro fueron publicados en Argentina, Chile, España, EE.UU., Italia, México, Suecia, Venezuela y Uruguay

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